Cuando los 'black bloc' tienen el efecto contrario

Esta táctica de manifestación. donde los participantes llevan ropa negra para evitar ser identificados y parecer una sola masa, ha sido tergiversada y utilizada para estigmatizar

Por: RICARDO OVIEDO AREVALO
noviembre 20, 2018
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Cuando los 'black bloc' tienen el efecto contrario
Foto: Anarkman - CC BY-SA 3.0

Soy un obrero en paro. Un inmigrante esclavizado. Un sin papeles. Un estudiante universitario. Un joven sin futuro. Un marido engañado. Un desahuciado. Soy una trabajadora agotada. Un inmigrante prostituido. Una madre desesperada. Una mujer desquiciada. La amante de un capullo. Una estudiante de instituto. Una joven soñadora. Una feminista luchadora. Soy anarquista. Comunista. Socialista. Internacionalista. Ecologista. Cristiano. No tengo ideología.

Somos el terror de las calles. La excusa para los políticos. El futuro perdido. La generación abandonada. La lucha perpetuada.

Soy todo esto y mucho más. Soy un black bloc. Un individuo solitario acompañado de un millón más de personas. Quemo y destruyo. Sin un motivo aparente. Quemo y destruyo. Para mostrar mi indignación.

(Descubriendo Mundos)

Por la carrera séptima, pleno corazón, de la capital de Bogotá, marcha una de las columnas de ciudadanos, estudiantes y profesores que protestan por el abandono de la educación en una Colombia, que se transforma rápidamente de una economía tradicional de servicios e industria a un país minero, que ahonda, aún más, las desigualdades sociales de uno de los países más desiguales de Latinoamérica y el mundo. De pronto un grupo numeroso de jóvenes, con capuchas, máscaras y vestidos dramáticamente de negro, empiezan a destrozar todos los símbolos de esa economía ruinosa que los ha excluido: cajeros automáticos, letreros de Mcdonald's, sucursales bancarias y almacenes de marca... odio que dejan reflejado en los múltiples grafitis que pintan a su paso. Esta nueva tribu urbana, que es estudiada desde los años ochenta, cuando hizo su aparición en la Alemania capitalista que se reunificaba y luchaba contra las armas atómicas y por la protección del medio ambiente, es lo que hoy se conoce como los black bloc.

Hicieron su presentación en sociedad en 1999, en la cumbre antiglobalización de Seattle, donde dejaron sus huellas de ira en las calles y paredes de esta ciudad portuaria norteamericana. Luego, en el 2001, desfilaron en Génova, Italia, donde por primera vez se pudo ver en toda su plenitud los alcances transnacionales de estos nuevos actores de la protesta social. Tribus de Inglaterra, Irlanda, Italia, Francia, España, Alemania y el norte de Europa se hicieron sentir frente a los dueños del dinero. En esta ocasión la convocatoria pasó por las nacientes redes sociales y por los incipientes smartphones. Además, se demostró la diversidad de sus integrantes y de sus propuestas y, ante todo, un grado de organización disperso, heterogéneo, transnacional y mediático, como su discurso que casi llena todo el espectro ideológico político contemporáneo, abarcando desde la extrema izquierda nihilista y utópica anarquista, los ocupas de Wall Street en los Estados Unidos, los manifestantes egipcios contra la hermandad Musulmana y hasta los derechistas grupos neonazis, mejor conocidos como de Tercera Fuerza, muy fuertes hoy, en Grecia e Italia.

En América Latina su presencia se remonta en las luchas de finales del siglo pasado en el México aperturista de los Tratados de Libre Comercio, en una sociedad cada vez más desigual y penetrada por el narcotráfico y la violencia. En junio y julio de 2013 desfilan en medio de las manifestaciones pacíficas y reivindicativas de los cansados usuarios de los deficientes servicios públicos del Brasil, reventándolas en medio de su violencia contestaria. Las calles de ciudades como Río de Janeiro y Sao Paulo conocieron su ira, miles de agentes gasearon y contuvieron sus destrozos. En esta ocasión, el gobierno del PRT, afín a las ideas democráticas y conciliadoras del expresidente Lula Da Silva, llamó a la reflexión académica para entender este nuevo fenómeno mediático y violento. Inmediatamente la universidad de Sao Paulo abrió una línea de investigación para comprender e interpretar mejor el origen y el comportamiento de estas tribus, desde una visión académica, y así generar un diagnóstico que dé una respuesta más allá de la cotidiana represión policial o la vinculación de sus miembros con sus contradictores políticos o al narcotráfico. De esta manera, Brasil reconoció los orígenes mediáticos y transnacionales del “bloque negro” y su influencia en sectores marginados de la juventud.

A mediados de 2013, esta tribu “negra” hizo presencia en Colombia, infiltró las marchas de pacíficos campesinos y organizaciones sociales solidarias con su causa. Necesitaron pocos minutos para consumar los mayores destrozos conocidos en Bogotá desde el tristemente recordado Bogotazo del 9 de abril de 1948, grafitearon paredes, danzaron y entonaron sus himnos y consignas contestatarias. Muchos de sus militantes fueron convocados a través de redes sociales y por los hoy potentes smartphones. En los numerosos videos registrados por los marchantes o por las cadenas televisivas vemos a miembros del “bloque” cabriolear ceremonialmente frente a los uniformados para luego agredirlos sin ningún sentido aparente. Los marchantes, muchos de ellos de origen rural, o como ellos mismos se llaman “agrodescendientes”, se solidarizaron con la fuerza pública e impidieron en algunos casos su incomprensible agresión, muchos de sus hijos y parientes pertenecen a la Policía, una de las instituciones que recluta a sus miembros entre los pequeños poblados rurales de la nación.

Al contrario de otros países, la tribu no era el único actor violento, en el caso de Bogotá, pandillas ligadas al narcotráfico y mafias locales pagaron a sus miembros para extender su brazo intimidatorio en sus barrios de influencia.

Ante estos hechos y en contravía de las autoridades de Europa o Brasil , la respuesta del Gobierno nacional no fue la recomendación del estudio académico de este fenómeno juvenil mediático y la realización de un diagnóstico que trascendiera su judicialización. Su reacción inmediata fue satanizar la protesta social pacífica, que llevaba un mes y que abarcaba los centros de producción agrícola más importantes del país (Boyacá, Huila, Nariño, Caldas, los santanderes y regiones conflictivas como Caquetá). El presidente Santos salió en cadena nacional, anunciando la infiltración guerrillera desde La Habana en el paro, por eso militarizó y judicializó la protesta, emitió un afiche donde supuestamente estaban las fotografías de los violentos, como en el viejo oeste norteamericano, los miembros de un tenebroso “cartel de los vándalos”, que luego fue obligado a retirarlo por mandato judicial.

En el actual gobierno de Iván Duque y ante las protesta de miles de jóvenes que exigen un mejoramiento en las pésimas condiciones educativas, menguadas entre otros factores por el programa Ser Pilo Paga, las exitosas marchas estudiantiles y profesorales nuevamente son infiltradas por las hordas del black bloc y no en pocas ocasiones con ayuda de miembros de la fuerza pública vestidos de civil, con el único propósito de indisponer la simpatía popular por los estudiantes y mostrarlas como marchas “terroristas”. Nuevamente sus miembros lucen sus desteñidos trajes oscuros, acompañadas de máscaras y pañuelos, y la fuerza incontrolable de sus daños.

En esta ocasión como en otras, el black bloc produjo el efecto contrario del que buscaba su variopinta militancia: golpear el capitalismo y a su gobierno. Las fuerzas retardatarias antireformas, los sectores comerciantes de la educación y los políticos corruptos las utilizan como disculpa para no negociar con los muchachos universitarios, por lo tanto es hora de aislar a estos sectores camorreros que solo sirven para enturbiar las aguas de la protesta social, es hora de estudiar como en el resto del mundo estas manifestaciones juveniles violentas, teniendo en cuenta que estas protestas son una de las causas de la mala imagen del actual gobierno.

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