Cuando la vida no vale: de la desnudez del cuerpo médico colombiano

Es necesario reconocer la labor que el personal de la salud hace en el país. Y aunque el gobierno finge intentarlo, falla y muestra su verdadera perspectiva

Por: Omar Antonio Diaz Botiva
abril 13, 2020
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Cuando la vida no vale: de la desnudez del cuerpo médico colombiano
Foto: Pixnio

El desarrollo de la política nacional se muestra mediáticamente como un aparataje funcional que enfrenta valientemente a la embestida de la pandemia mundial. El uso constante de las estadísticas hace evidente estas acciones que buscan transmitir dentro del estado de excepción que atravesamos sensación de tranquilidad y seguridad, buscando la aprobación de la sociedad en la toma de medidas tardías para enfrentar esta emergencia, y justificando la tercerización a la que se ha sometido al sector salud que comienza a poner las primeras víctimas de esta lucha; gracias al esfuerzo que durante décadas han hecho los gobiernos promoviendo las APP (Alianzas Público Privadas) y la privatización de los servicios de salud como únicos mecanismos de garantía del derecho en una sociedad que vive en su mayoría del día a día. 

Es necesario reconocer la labor que los médicos están haciendo en el país: no cualquiera sale a trabajar sin las mínimas condiciones de seguridad en su trabajo; no cualquiera sale a trabajar siendo ovacionado por los medios y las comunidades, pero siendo excluido y apartado de la sociedad por sus vecinos; no cualquiera es capaz de ir a la primera línea de batalla desnudo, contra viento y marea y a pesar del precario tipo de contratación en la mayoría de empresas prestadoras de salud; no cualquiera alza su mano y en un acto ético de humanidad, hace valer el juramento que dio cuando recibió el título.

Pero más allá del esfuerzo titánico de nuestros cuerpo médico, es necesario garantizar la vida de aquellos que su trabajo es velar por la salud de todos, siendo el primer frente que debe recibir el apoyo y capitalización del Estado con base en el reconocimiento como sujeto político del cuerpo médico que exige garantías para poder afrontar esta crisis, pero que en respuesta del gobierno reciben represión y sometimiento por parte del Estado; en redes sociales se ha estado moviendo por parte de los trabajadores de salud un plantón para exigir las garantías mínimas para ejercer su labor vital en este momento histórico para el 15 de abril, recibiendo como respuesta en el decreto 538 del 12 de abril, una bofetada por parte del gobierno a los galenos.

Hace algunos días hablaba de la discusión filosófica que se suscitó por el contexto histórico actual entre dos de los más reconocidos pensadores contemporáneos, en la cual buscaba hacer una interpretación de las acciones de los Estados en medio de este estado de excepción desde la perspectiva teórica de Giorgio Agamben sobre la nuda vida y el homo sacer, ya que como continente nos enfrentamos a esta pandemia con sistemas de salud precarizados gracias a las políticas económicas adoptadas por el Estado en donde la vida abandona su sentido universal como “sagrada” para ser sometida al dejar vivir, hacer morir, una interpretación que se torna cada vez más real con cada acción del gobierno. 

El decreto mencionado con anterioridad enfatiza en varias acciones que el gobierno establece frente a la contingencia del SARS-CoV-2. En primer lugar, el artículo 9 formaliza la obligatoriedad de los trabajadores del sector salud a acatar el llamamiento, sin importar las condiciones en las cuales se deba hacer frente a la pandemia, legitimando al cuerpo médico como aquel que su vida no tiene valor más allá del servicio que debe prestar. Los galenos no son sacrificio pero se exponen a su muerte sin impunidad, ya que esta solo sera una estadística más que se mostrará en el Aló, presidente nacional; en donde a todos aquellos que perezcan enfrentando esta enfermedad, serán catalogados como héroes o mártires, algo que curiosamente es tradición en las fuerzas militares.

De igual manera, este artículo define que el llamado es a todo el talento humano en salud, incluyendo a los estudiantes de últimos semestres que bajo la lógica de autonomía universitaria podrán ser graduados para hacer frente a la pandemia siendo esto un ataque directo a los derechos de los estudiantes, y de llegar a darse me pregunto: ¿bajo qué características se elaborarán los contratos de estos?, ¿o mediante algún eufemismo catalogarán esto como práctica, desconociendo el sacrificio y riesgo que implica afrontar este momento histórico?        

No todo es malo, el artículo 11 establece un reconocimiento económico temporal, que dependiendo de su perfil ocupacional y de su nivel de exposición al coronavirus, le será girado por única vez. Entre más exponga la vida, más dinero se reconoce. La nuda vida, una vida que se expone totalmente a que se le dé muerte, una legitimación que se ha construido a través de la historia nacional, que se caracteriza por el constante estado de excepción. Gracias a esto legitimamos este tipo de acciones porque garantizan la permanencia de la vida propia por encima de la vida del otro, nuestros galenos valorados en cierta forma como aquel que está vivo pero es como si ya estuviese muerto el homo sacer.

El artículo 13 de este brillante decreto establece las condiciones para que el coronavirus se ingrese en la tabla de enfermedad laboral para el personal que trabaje en el sector salud, pero estipula y descarga la responsabilidad del manejo de esta a la ARL tras el diagnóstico del coronavirus. Entra la duda si esta norma contempla que la mayoría de los trabajadores del sector trabaja bajo prestación de servicios, en muchos casos sin las medidas necesarias de bioseguridad, lo que implicaría que las ARL deben dotar de equipos de protección a los médicos; la desnudez de nuestros cuerpos médicos frente a un estado que acciona bajo la luz del reflector y buscando transmitir esa falsa sensación de tranquilidad y seguridad. Este es un ejemplo del ejercicio de la muerte sobre el cuerpo social y no la administración de la vida, decretos de la necropolítica.

Agamben, G., & Gimeno Cuspinera, A. (2010). Homo sacer: El poder soberano y la nuda vida. Pre-textos.

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