Cuando Huun-Huur-Tu vino a Colombia

La banda Ruso-Mongola tocó en el III Festival de Músicas del Mundo de la Universidad de los Andes, un poderoso evento que el tiempo se llevó sin aviso

Por: Íkaro Valderrama
febrero 10, 2020
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Cuando Huun-Huur-Tu vino a Colombia
Foto: www.jaro.de

Hace 10 años viajé por vez primera al este de la Federación Rusa, a ese inmenso territorio denominado Siberia. Llegué a Ufá, capital de República Bashkortostán en los Montes Urales, con el firme objetivo de estudiar literatura, en especial la obra de los poetas de la llamada Generación de Plata, Blok, Ajmátova, Mandelstam, Sologub, etc. Sin embargo, muy pronto empecé a conocer sobre la cultura y, particularmente, sobre las músicas ancestrales de los distintos pueblos nómadas de Asia Central que habitan ese vasto territorio (Siberia constituye aproximadamente el 70 % de Rusia). Aprendí a interpretar el arpa de boca de los bashkires, llamada kubis; el kurái, una flauta de embocadura interdental; y, de manera autodidacta empecé a dar mis primeros pasos en el complejo y antiguo arte del canto de garganta, patrimonio inmaterial de la humanidad.

Mi pasión por estas músicas y su estrecha relación con la filosofía y las prácticas chamánicas fue en aumento. Entonces, cuando tuve el nivel de ruso suficiente, me retiré de la Universidad Pedagógica de Bashkortostán y emprendí un viaje por la ruta del Transiberiano hacia Oriente, a la región del Lago Baikal, en busca de sonidos y chamanes.

Durante estos viajes de conocimiento por Siberia (en tren, haciendo autostop y mochileando por las estepas, las montañas y la taiga), mi playlist de viaje se fue expandiendo con grabaciones de artistas siberianos como Altái Kai (República Altái), Sainkho Namchylak (República Tuvá), Ayarkhan (República Sakha), o Sabjilar (República Jakasia), entre varios otros. La sensación de moverme por un territorio bello e ignoto, al ritmo de estas sonoridades que rememoran el galopar de los caballos y la vida de los ancestros en medio de la naturaleza y las temperaturas extremas, llegó a su clímax en el verano del 2011, cuando por vez primera escuché en vivo a unos de los más grandes maestros en el arte del canto de garganta y la interpretación de música tuvana; me refiero, por supuesto, al mundialmente reconocido cuarteto, Huun-Huur-Tu. Esta agrupación se fundó a comienzos de la década de 1990, ha grabado seis discos de estudio y su nombre se ha posicionado en el ámbito de las músicas del mundo con un repertorio que primordialmente se concentra en rescatar el folclor tradicional de Tuvá y los diversos estilos del canto de garganta (en tuvano, khoomei).

En el 2011, como venía diciendo, escuché a mis héroes de Huun-Huur-Tu cuando se presentaron en el Festival Anillo Sayán, al norte de Jakasia, y un par de días después los volví a ver, cerca de Chadán, República Tuvá, en fronteras con Mongolia, en el Festival Internacional de Músicas del Mundo, Ustuu-Huree. En ese entonces yo apenas estaba empezando a conocer el rico universo de las músicas de Asia Central, pero no cabe duda de que haber escuchado en vivo a estos intérpretes virtuosos, en su natal Tuvá, “donde las águilas vuelan”, fue fundamental a la hora de afianzar mi vocación como cantautor e intérprete de las músicas de Siberia. En efecto, fue después de dicho evento que, inspirado por el arte de todos los maestros que acababa de escuchar, me dirigí a Kyzyl, la capital, y con el poco dinero que me quedaba compré un igil, el violín cabeza de caballo de Tuvá con el cual proseguí de manera mucho más consciente mi aprendizaje del canto y las cosmovisiones de los pueblos originarios de Siberia.

En otros textos ya he hablado con más detalle sobre mis exploraciones en Siberia, y desde la época de aquellos primeros viajes han sido varios los proyectos artísticos y culturales que he emprendido con miras a acercar las tradiciones de América Latina y Asia Central; sin embargo, he decidido escribir esta breve nota (un pequeño homenaje), pues nunca me habría imaginado que casi diez años después tendría la fortuna, no solo de escuchar a Huun-Huur-Tu en Bogotá, sino además de colaborar en la organización del I Ciclo Sonidos Nómadas, en el marco del III Festival de Músicas del Mundo de la Universidad de los Andes, donde también participaron la cantante de las montañas de Shoria (Siberia), Chyltyz Tannagasheva, una de las pocas exponentes del canto de garganta femenino; el proyecto colombiano de música fusión Tansayanka; y el dueto de música jakasa, Tash-Obaa, integrado por la vocalista de Jakasia Ot Umai Chebodaeva y quien escribe este texto.

Varias cosas le dan relevancia a este encuentro musical: (1) fue la primera vez que Huun Huur Tú y Chyltyz Tannagasheva vinieron a Colombia y a América Latina; (2) todos los conciertos del ciclo fueron de entrada libre (con inscripción previa en la página web), lo cual acercó al público capitalino a una experiencia invaluable; (3) la curaduría del evento permitió conocer la diversidad de músicas, instrumentos e historias épicas de Siberia, territorio que aún sigue siendo misterioso para la academia colombiana y el público en general. (4) Quienes no pudieron asistir a los conciertos, aún están a tiempo de participar en otras actividades educativas complementarias, organizadas por el Centro Cultural de la Universidad de los Andes, como la exposición de instrumentos y libros de la región Sayán-Altái, que estará abierta al público durante el mes de marzo en las instalaciones de la Universidad. Además, (5) en el contexto actual de demandas, marchas y búsqueda de transformaciones sociales en Colombia y otros países de América Latina, este ciclo de músicas siberianas nos recuerda la importancia de valorar y preservar las lenguas y la diversidad de expresiones culturales tradicionales de los pueblos indígenas del mundo; pues, con toda seguridad, en estos saberes antiguos es posible hallar nuevas rutas, conexiones y conceptos para repensarnos como humanidad.

Finalmente, quiero resaltar que, aunque todos los conciertos del Ciclo Sonidos Nómadas estuvieron a reventar, es lamentable que un evento de esta importancia no haya recibido la atención de nuestros periodistas culturales, quienes al parecer aún están obnubilados con el ―previsible y descontextualizado― movimiento de caderas de Shakira en el Super Bowl.

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