Cuando el adoctrinamiento de la izquierda pasa por la escuela

"No hay mayor riesgo para la libertad de pensamiento y de expresión que el condicionamiento político de la juventud"

Por: Martin Eduardo Botero
abril 15, 2021
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Cuando el adoctrinamiento de la izquierda pasa por la escuela

Una vez más, la educación pública en Colombia se encuentra en el centro de nuestras preocupaciones y no quiero, señorías, ocultarles un sentimiento de frustración que me embarga a mí también. Frustración porque el adoctrinamiento que se ejerce sobre los niños y los jóvenes ha vuelto a alcanzar cotas extremadamente preocupantes y contribuye a desarrollar una base más sólida y extensa de activistas y partidarios de extrema izquierda. Vivimos un momento político que, en mi opinión, es una locura; la escuela pública tanto en el mundo secundario como universitario está ahora ocupada por los ideólogos, y parte del mundo de docentes tiende a estar bastante politizada y demasiado activa, con todas sus consecuencias de baja credibilidad, deslegitimación y aislamiento frente a la opinión pública.

Los acontecimientos de los últimos días nos recuerdan de manera dramática la realidad de la tensión, el nivel de politización y la hegemonía cultural de la izquierda dentro de las aulas escolares como fuera de ellas, sembrando el caos y la desinformación de jóvenes. Frustración, en fin, porque la desesperanza que se ha apoderado ya de tantos profesores y de tantas familias pueda instalarse también entre nosotros, juristas, y entre nuestros ciudadanos. Sin embargo, estimados lectores, esta frustración no puede ofuscarnos. Muy al contrario. La preocupación que todos sentimos y la gravedad de la situación debe empujarnos e impulsarnos a mantener el espíritu alerta y a asumir nuestras obligaciones y nuestras responsabilidades. Tenemos necesidad de reformas. La pregunta que todos y cada uno de nosotros nos hacemos es: ¿qué podemos hacer?, ¿qué puede hacer la Colombia?, ¿sigue teniendo vigencia la constitución?, ¿existe un peligro de que la actual situación degenere en conflictos intensos o generalizados? Estas son preguntas que todos nos formulamos en público y, sin duda ninguna, de forma privada. La educación es el asunto más importante de cara a la futura Colombia, es una cuestión de individuos, no de técnica, presupuesto, leyes o normas. En unos pocos minutos quisiera aportar algunos elementos para intentar dar respuesta a estos interrogantes.

El adoctrinamiento sistemático de la izquierda, en particular de jóvenes y niños en la educación pública a fin de hacer la mente susceptible a la alteración y susceptible a la politización, lo cual podría socavar el proceso de desarrollo emocional, es, por desgracia, demasiado común en algunas zonas del país, y tiene potencialmente unas enormes consecuencias. No hay mayor riesgo para la libertad de pensamiento y de expresión, y para el derecho mismo a la vida, que la intimidación expresada a través del adoctrinamiento y condicionamiento político de la juventud y practicar de este modo el lavado de cerebro con niños pequeños es realmente pasarse. Creo que la libertad de pensamiento, de escritura y de palabra es el faro que guía a la sociedad occidental.

La escuela es un terreno delicado, tanto cuanto las personas que la frecuentan. Son niños y jóvenes con mil caras, ideas, opiniones, talentos, sueños, aspiraciones, vivencia familiar, nacionalidad. Son plantas que se cultivan y que necesitan más atención y ayuda, que deben aprender las reglas de conducta con criterios y límites definidos que garantizan la cohesión de la comunidad para mantenerse perfectamente rectos, por eso necesitan guías culturalmente preparadas y humanamente válidas, pero también necesitan un espacio franco en el que la política y las ideologías no dominen. Y esto con respecto a cualquier color político al que se refieran. La escuela como un "gimnasio democrático" consiste en general en ayudar a los niños y jóvenes a desarrollar un pensamiento crítico personal y a su integración social, cultural y profesional, procurando a mantener viva la búsqueda de soluciones a las inquietudes existenciales, así como trabajar para coordinar mejor el debate metodológico y obviamente el respeto de los puntos de vista de todos, incluso las posiciones muy distantes u opuestas a los sentimientos o ideas del docente (siempre que obviamente nos quedemos dentro de los límites establecidos por ley).

La educación es todo eso, y precisamente por ello es incompatible con la mera capacitación, adoctrinamiento y condicionamiento de los seres humanos, al margen de toda agenda política, ideológica o económica. He aquí, por tanto, un aspecto muy preciso de la conversión intelectual o inaceptable de otra manera o ilegal: pontificar en clase u orientar la mente de los más jóvenes y proponer sus nuevos héroes o heroínas como modelo en el que inspirarse o solo permitirse fuertes críticas dirigidas al actual ejecutivo o sus oponentes políticos y convencerlos de que los antagonistas realizarían un cometido mejor que quienes actualmente desempeñan esos cargos públicos. Con su injerencia se transformaría de hecho a la escuela en un espacio de quehacer político y de adoctrinamiento en los valores del proceso. Su fin no es abrir una vía de escape, sino el enriquecimiento reflexivo de la experiencia, un aprendizaje que no deriva del adoctrinamiento, sino de la activación de la capacidad de respuesta crítica ante el mundo y, por qué no, ante el mismo, y no de la existencia de un miedo nacido en torno al tema en cuestión.

Cuando la sociedad civil es ineficaz o inexistente, se incrementan las probabilidades de que el adoctrinamiento de los miembros del grupo sea eficaz. La educación es un derecho humano y ciudadano y un bien público. El Estado tiene un papel crucial que desempeñar en la garantía de una educación pública de alta calidad y de derechos que no infrinjan la dignidad y valía de todos los estudiantes que tratan de aprender y de la dignidad de los niños, que exigen ser escuchados. “Nuestras instituciones educativas deberían ser santuarios de paz y de enriquecimiento creativo, no lugares de miedo, malos tratos y desprecio de la dignidad humana de los estudiantes" (Unicef). El gobierno debería ser consciente del peligro que entraña para la juventud el discurso de adoctrinamiento ideológico y la tóxica incitación transmitido por sindicatos o por ciertas emisoras satelitales, y otros medios de información. Será un gobierno que deberá asumir rápidamente sus responsabilidades, tendientes a asegurar el derecho de todos los estudiantes a recibir una educación de calidad y respeto, y sobre todo al respeto del principio fundamental de la no discriminación en la educación y la diversidad cultural.

Esta difusión de una cultura de la diferencia es necesaria para luchar contra el adoctrinamiento ideológico de los jóvenes y prevenir así su implicación en los conflictos armados. El adoctrinamiento de la izquierda en las escuelas públicas siempre vinculada al mundo de la educación es inaceptable. El gobierno debe poner fin a esta plaga. Está en el interés de los propios ciudadanos el hacerlo. Por cierto, el adoctrinamiento generalizado de la juventud o de cualquier enseñanza y el trabajo político por el aparato ideológico de la izquierda es un factor central en la tendencia autoritaria y fanatismo del sistema. Pero cuando se hacen anuncios que preludian un uso personalista de una institución muy importante como es el Fecode, parece, efectivamente, que la democracia está seriamente amenazada, al igual que la autonomía de la escuela como institución y cómo hogar de nuestros ciudadanos más jóvenes. Solo para recordar que esa soberanía no es propiedad privada, sino patrimonio de toda la comunidad. Y una soberanía mal ejercida perjudica a todos, sin excepción. La única forma de salir del punto muerto en el que nos encontramos es la adopción de pasos concretos, medidas que permitan a las partes ver en el otro una voluntad cierta de avanzar. Esas medidas destinadas a crear un mínimo de confianza deben, por otro lado, ser verificables. Amen

Nota. No entiendo por qué la ideología de izquierda debe ser recibida con tanta complacencia dentro del mundo escolar, mientras que aquellos con una orientación diferente deben tener cuidado con las palabras individuales que pronuncian sobre estos temas. Parece que lo "políticamente correcto" ya no permite citar un fenómeno con los términos que le son propios y que lo describen adecuadamente, incluso de acuerdo con la ley. Y es aún más doloroso seguir negando la dictadura mediática de izquierda que nos gobierna en los distintos círculos de la sociedad.

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