Opinión

Cuando a su esposo lo sacan del clóset

Cuando una mujer decide defender su matrimonio hace todo lo que tenga que hacer, así sea el ridículo

Por:
Febrero 24, 2016
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 La mentira nunca vive hasta llegar a vieja
Sócrates

 

Cada que ha habido un escándalo sexual de infidelidad protagonizado por políticos gringos o europeos, probada con fotos y videos que se hacen públicos, en horas se ve al implicado pidiendo perdón públicamente, con expresión de arrepentimiento, con un discurso muy bien preparado por sus asesores de imagen y una mujer al lado, su esposa, humillada pero en posición erguida de irrestricto apoyo y cara de ponqué.

Ahora, si esa situación resulta difícil de comprender, ¿cómo hay que hacerlo con la defensa férrea de un esposo al que literalmente sacaron del clóset y por el pelo, como al exviceministro Carlos Ferro?

No ve voy a meter en este caso en particular porque, como bien lo dijo Marcela Pineda —su esposa— eso es problema de ellos, pero sí son claramente la representación de una situación que es más común de lo que nos imaginamos, con o sin conocimiento de las cónyuges, y a eso me quiero referir. ¿Cuál es la psiquis de una mujer y por ende cuál su razón de peso para defender hasta con los dientes a su marido infiel heterosexual o, más duro aún, gay?

Llamé a Barranquilla al sexólogo José Manuel González, un profesional muy curtido en el tema que en su larga trayectoria ha tratado muchos casos de este tipo. Pese a lo difícil de la situación, para él es claro que ante una infidelidad, cualquiera que sea, la mujer (o el hombre) debe tomar una decisión: o me bajo del buque, o sigo navengando en él. No hay otra opción, así tenga roto el casco como el Titanic.

Vuelvo a la pregunta: ¿Cuál es la razón de peso que tiene la esposa de un marido infiel para salir a defenderlo, más si es gay? Lo obvio es divorciarse. Sin embargo, en el momento de la decisión entran en juego dos razones fundamentales, según González:

Miedo a quedarse sola. Se aguantan los cachos por el temor de no tener con quién compartir. Hay dependencia emocional.

El factor económico que va desde la manutención de los hijos, hasta el estatus que le da tener chofer, carro, vacaciones cada año a Europa, la acción club… etc.

Una mujer común y corriente, segura de sí misma, con libertad para decidir, ¡se va! Cuándo la gente siente que una situación de estas choca contra su código ético o tiene la tranquilidad económica para irse, no lo duda un minuto y parte, con hijos y todo.

 

Permanecer en una relación “heterosexual”
con una pareja gay es para nuestro sexólogo
una forma de violencia

¿Y qué pasa cuando decide quedarse? El asunto es muy difícil. Aguanta si mucho tres o cuatro años más. Permanecer en una relación “heterosexual” con una pareja gay es para nuestro especialista una forma de violencia, un impacto muy fuerte. En última instancia la mujer no lo soporta. ¿Por qué? Porque no tiene las herramientas para arreglar ese entuerto. Sencillamente, es una mujer y ella —por serlo—, no es quien atrae a su marido. A él lo seducen “ellos”.

Partamos de que estamos en una sociedad machista y una mujer ve a su hombre más fuerte si es mujeriego, pero si el tema es no con otra sino con “otro”, lo ve más débil. En la sicología femenina el apoyo es fundamental. Un marido gay no da la sensación de protección. No le da seguridad. No siente al príncipe con la espada que lucha contra el dragón de la fantasía machista que se ha vendido en los cuentos de hadas. La típica colombiana desea que un hombre la apoye, ¡pero varón!

“Muchas mujeres deben saber que su esposo es homosexual y se lo aguantan por la razón que sea, pero una barbaridad deben estar casadas con homosexuales y no lo saben”, dice González. Y es que él parte de su experiencia y de los estudios que dicen que uno de cada diez hombres es homosexual. Hagan las cuentas.

Pero es por ese machismo de nuestra sicología social colombiana que los gais crean vida heterosexual; el puro miedo al matoneo de salir del clóset los lleva a casarse. El sexólogo recuerda cómo desde jóvenes los hombres empiezan a ocultarlo y trae a colación el caso de dos amigos que tienen sus novias, salen a rumbear los cuatro y después de que las dejan en sus casas ellos se van a un motel.

Qué tanto afecta la situación de descubrir al papá gay en circunstancias públicas (¿el barrio, la ciudad o el país?) “El matoneo es lo más complicado y es una de las razones por las que el gay no debe tener el egoísmo de exponer a sus hijos a esa situación cuando ha manipulado y engañado a su mamá”, dice el experto. Agrega que en nuestro entorno machista, decirle a un niño que su mamá es p… es menos grave que decirle que su papá es mar…

Si bien es cierto que hay estudios que muestran que los hijos de homosexuales no lo serán necesariamente, lo que sí pasa es que por el engaño el gay genera inseguridad en el niño y desconfianza en la niña (Estudios dicen que la seguridad viene del padre y la capacidad de trabajo de la madre). Estos escándalos generan cosas negativas en los muchachos porque dependen del entorno conservador o liberal. Si crecen en Barcelona o San Francisco lo aceptan más fácil. Pero como estamos en Colombia, es un insulto en nuestra sociedad.

¿En qué queda entonces mi pregunta de cuál es la psiquis de la mujer que defiende al mujeriego o al marido gay? Cuando una mujer decide defender su matrimonio hace todo lo que tenga que hacer, así sea el ridículo. Se vuelve heroica porque está cuidando su patrimonio, el que sea, del interés que sea. “Lo que hemos construido en años”, que pueden ser negocios, propiedades, etc., o un interés político como el de Hillary Clinton; o defender un hogar donde alguno de los cónyuges es gay… ¡Qué difícil!

No hay instrumentos para seducirlo; no hay capacidad para satisfacerlo. Definitivamente la procesión va por dentro. Nunca un matrimonio así va a ser bueno.

González recomienda que “si una persona es homosexual, debe vivir su sexualidad tal cual es y no engañar. No es ético. Para qué engañar a una mujer joven llena de ilusiones, enamorada. Eso revienta tarde o temprano. Busquen la tranquilidad y la serenidad para poder decidir sanamente. El tiempo pasa y el miedo va disminuyendo”.

¡Hasta el próximo miércoles!

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