¿Cuál pelo malo?

"Desde la Conquista ha habido una intención de despojarnos de la herencia afro mediante el blanqueamiento, el rechazo al cabello rizado, entre otras prácticas"

Por: Martín López González
marzo 10, 2020
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¿Cuál pelo malo?

Disfruté el evento Mis Rizos, mi estilo, mi identidad  organizado por la asociación Evas y Adanes. Frecuentemente les digo a mis cinco hermanas que con lo que ellas se han gastado en alicer alcanza para pagar la deuda externa colombiana. Es una condena a cadena perpetua el tener que pasar por los químicos en la cabeza con las inevitables quemaduras en el cuero cabelludo y la irritación de la vista. En la queratina de hoy, hay gran riesgo sanitario por el formol que contiene este producto, y tiene un costo total en promedio de $100.000 mensuales.

Aún recuerdo el aceite de coco preparado en casa para desenredar los rizos. La definición del pelo crespo como “pelo malo” es un marcado prejuicio racial que ha llevado a la mayoría nuestras mujeres a odiar sus propios cabellos, por los ideales eurocéntricos de la belleza. Hay que tener claro que es una tipología capilar derivada de la genealogía étnica. Que bella es la mujer caribeña con sus rizos naturales, sin químicos.

La  mentalidad de la mujer afrocaribeña en general, y riohachera en particular, se afecta notablemente cuando tiene que transformar su propia imagen y figura para cumplir con los parámetros de belleza de la mujer europea. Se ve precisada a alterar sus características morfológicas, como el tamaño y forma de nariz, boca y orejas; así como también el color de la piel con cremas blanqueadoras y, lo más grave, costoso y de riesgo para la salud, el alisado del cabello o el disfraz de la peluca o extensiones para imitar el cabello liso de la mujer blanca.

Son las consecuencias históricas de la sociedad esclavista perlera riohachera y su influencia en cada uno de los pueblos y corregimientos donde el racismo y la exclusión del sistema de castas de la pirámide socioeconómica establecida por los canoeros europeos, se metió profundamente en la memoria y subconsciente colectivo. La desigualdad económica que inició hace 475 años entre la élite blanca y la pobreza extrema de la población traída esclavizada de África y la de los nativos y mestizos repercute hasta hoy.

En estos dos polos socioraciales  se produjo inevitablemente un aclaramiento de piel hacia arriba y un oscurecimiento hacia abajo, con la consabida valorización de unos y el desprecio por los otros. Hubo dos fuerzas opuestas que impulsaron el mestizaje existente: de un lado la satisfacción del deseo sexual de los blancos europeos ante la natural fogosidad y vitalidad de las negras y, del otro, la búsqueda de promoción social a través del blanqueamiento por parte de estas últimas. El dicho popular de “más contenta que negra parida de blanco” sustenta este principio.

Ejemplo típico en Riohacha: familias enteras de piel oscura en las que sus miembros buscan parejas de tez blanca, supuestamente para “mejorar la raza”. Y hablo del casco urbano de la ciudad y, no de Matitas o Juan y Medio. Nuestro poblamiento inició en el riíto, en las familias originaria del Barrio Arriba, herederas de la pesca de la perla, pescadores, navegantes. Me refiero a mi familia, a las de la Calle del Carmen o a casi todas las familias raizales que heredaron el peso del esclavismo perlero instaurado en Riohacha por los europeos.

Sin embargo, esta mezcla no ha impedido el desprecio contra unos y la sobrevalorización de los otros. Es frecuente escuchar que a fulanita la salva el color, independiente del resto de su fisonomía. La manera como los miembros de la sociedad riohachera se han clasificado al interactuar, a partir de sus características físicas, ha generado una serie de términos que se  movilizan de manera relativa: negro, moreno, mulato, trigueño, morocho, canela. Todos sin excepción, herederos de la africanía. A mi padre por respeto y cariño le decían “El Negrito”.

La segregación y discriminación racial  ha ido más allá de la piel, llegando a la arbitraria clasificación de pelo malo a los rizos, más otros términos como pelo cucú, ñongo. El resultado ha sido la esclavitud psicoemocional de la mujer y de algunos hombres. Resultado de eso es la cantidad de dinero invertido por muchas mujeres del Caribe y en especial de Riohacha, en el proceso de alisado  para tener a toda costa cabellos lisos. Por igual, algunos hombres prefieren raparse que lucir un peinado africano.

El pelo como condición racial tiene mayor peso para las mujeres que para los hombres por el paradigma de la belleza como condición femenina en los roles tradicionales de género. El bueno es lacio, el malo es rizado. Sin embargo, bajo estas expresiones subyacen ciertas connotaciones sociológicas. El blanco aún hoy posee el poder político y económico y crea las leyes para proteger sus intereses y mantener el establecimiento. El concepto de raza y  belleza son construidos socialmente y están condicionadas a las interpretaciones subjetivas de la clase dominante en cualquier contexto histórico.

La recuperación del cabello rizado de nuestras mujeres es parte importante en la  construcción de una nación multicultural y  fortalece su innegable identidad. ¡Abajo el alicer y la queratina, viva el cabello natural!  

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