Crónica de una marcha bajo la lluvia de Buenos Aires

Por: Mae Londoño Rubio
diciembre 06, 2013
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Crónica de una marcha bajo la lluvia de Buenos Aires

El pasado lunes dos de diciembre el Palacio del Congreso de la Nación Argentina, ubicado en el centro de la capital porteña, lucía más agitado que nunca. La imponente arquitectura fue recibiendo uno a uno a las mujeres, hombres y niños que, a pie o en bicicleta, se acercaban para cumplir a la convocatoria hecha por el grupo de personas que acampan allí desde el pasado 21 de octubre, en defensa a la salud de la población Argentina y el cuidado sus recursos naturales.

Están allí porque decidieron anticiparse a la aprobación de la nueva ley, que pretende impedir la libre circulación de las semillas e imponer la siembra de material transgénico patentado. Los anfitriones de la convocatoria pasan los días y las noches a la intemperie en solidaridad con la Asamblea Malvinas Lucha por la vida y las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo, que desde hace más de tres meses acampan frente al predio donde Monsanto pretende construir la planta de tratamiento de semillas transgénicas más grande de Latinoamérica.

La segunda represión, que la semana pasada sufrió el acampe de Malvinas Argentinas, sus 20 heridos y la inyección de amor y alegría de la visita del cantante Manu Chao, fueron algunos de los asuntos que encendieron el ambiente de protesta.

Conforme iban asomándose las pesadas nubes negras, las cerca de 300 personas provenientes de diferentes puntos de Argentina y Latinoamérica, emprendieron la marcha hacia las sedes de 2 de los organismos gubernamentales que avalan y promueven el modelo extractivo agroindustrial transgénico: el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria –SENASA- y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

Atrás quedaba la imponente arquitectura italiana de la Plaza del Congreso que en esa ocasión se vistió de música y resistencia cultural, social y ambiental.

Por la calle Callao, la marcha fue una fiesta: tambores, aplausos y arengas avivaban el camino mientras el agua comenzaba a caer y la madre tierra reafirmaba con truenos el inconformismo de los que exigían su legítimo derecho a un ambiente sano y la implementación de políticas que garanticen la soberanía alimentaria, no sólo de la Malvinas Argentinas sino de toda América Latina.

Vecino, vecina, no sea indiferente, Monsanto contamina y envenena a nuestra gente”, se escuchaba mientras que los fuertes vientos sacudían a los caminantes y la lluvia torrencial refrescaba su sed de justicia social y respeto.

Llegando a las calles del barrio San Telmo, la lluvia se despidió de los manifestantes, dejando frescura en sus pieles y vitalidad en el corazón de la resistencia social emprendida contra la tiranía agroalimentaria transgénica y su estela de muerte y contaminación.

En la Avenida Alejandro N. Alem, el Arco Iris y sus 7 colores acompañaron los pasos de los defensores de la soberanía alimentaria latinoamericana; su alegría y majestuosidad energizó las voces de quienes frente al edificio del SENASA repudiaron el modelo agroindustrial, promovido por el gobierno argentino y ejecutado por una minoría oligarca, que durante el 2012 sembró 23,9 millones de hectáreas de cultivos transgénicos y arrojó 300 millones de litros de agrotóxicos sobre pueblos, campos y escuelas rurales.

Fuera Monsanto. Fuera Chevron. Fuera el Modelo de Saqueo y Represión”, se escuchaba mientras la manifestación avanzaba hacia el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, lugar donde autoridades ministeriales escucharon las advertencias y reclamos de los marchantes en voz de una comisión de delegados. Afuera, ciudadanos comunes, representantes de ONGs, Asambleas y Colectivos Sociales, Ambientales y Políticos reafirmaron su compromiso con la defensa y la visibilización del empobrecimiento y el envenenamiento que sufre la población rural latinoamericana, así como los dañinos efectos que tienen para la salud los alimentos transgénicos que se consume en las grandes urbes.

Pasó el tiempo, los cantos y los aplausos.

Entrada la noche, los delegados informaron que el resultado de la reunión estuvo acorde al desconocimiento gubernamental de las dimensiones del problema socioambiental que acarrea la agricultura transgénica. Sin embargo, fue otro el resultado de la marcha.
Iniciamos caminando un grupo de personas motivadas y finalizamos siendo un colectivo comprometido con una lucha que crece desde lo más profundo de nuestros corazones y alimenta nuestras conciencias, así como las semillas libres y autóctonas crecen desde la profundidad de la tierra y alimentan a nuestros hermanos.

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