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Conseguir trabajo en Colombia

Cómo lograrlo sin desfallecer en el intento

Por: Juan Sebastián de los Ríos Álvarez
Julio 16, 2014
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Conseguir trabajo en Colombia

Ya se cumplían varios meses de estar en el común desempleo, digamos que unos tres, los suficientes para sentirme en un estado que yo mismo denominé como “Tensa calma”. Ya no conservaba esa costumbre de contar el número de correos con mi hoja de vida que se encontraban en mi bandeja de elementos enviados, eso sí, a la fecha son más de 130. La última vez que hice eso fue en el año 2009, salía de trabajar de una famosa clínica de la ciudad porque sencillamente el contrato se acabó y: “Muchas gracias Sebastián por todo”. Después de esa salida, que recuerdo fue un diciembre, comencé una intensa búsqueda laboral que duró casi siete meses. En ese entonces envié 176 hojas de vida, recuerdo que tenía un cuaderno y en él apuntaba juiciosamente: fecha /empresa / cargo, además resaltaba, al mejor estilo PNL, las que más que interesaban, sin que le faltara la carita feliz al lado.

Y es que en ese entonces ya me había convertido en un experto en conseguir trabajo, o al menos en buscarlo. Ahora mismo repito con algo de risa que no entiendo cómo me pueden pedir especialización en una convocatoria si ya tengo una: la de buscar trabajo.

Mi método era sencillo, periódico y altamente constante. Mis días comenzaban a las 8:00 a.m. con la cara de mi mamá, también desempleada, en mi cuarto con su eterna reflexión: “ ¿y entonces usted qué ha pensado pues? Desgastante resultaba  responder que no quería trabajar con ningún amigo de ella, que vender celulares no era lo mío, y que ni se le ocurriera volver a mencionar la idea de afiliarme a una de esas redes que venden desde crema dental hasta curas milagrosas para las peores enfermedades.

Yo por el contrario era más pragmático y algo confiado: despertaba, desayunaba y encendía mi computador. Mi método era rígido: revisaba portal tras portal, utilizaba diferentes criterios de búsqueda, miraba los clasificados de diferentes diarios de la ciudad, hablaba con varios contactos (y claro con amigos desempleados también). Aplicaba a todo lo que tenía que aplicar, no sin antes consignarlo en el respectivo cuaderno de tapa gris y argollas azules: sumar hojas de vida enviadas me daba una contradictoria satisfacción, como si estuviera compitiendo contra alguien que también contaba las de él. Yo iba ganando, “orgullosamente”.

Visitar los portales de búsqueda de trabajo suele ser frustrante, es en ese constante ejercicio en donde uno como desempleado y posible candidato, construye un puente invisible que nos une con un universo de posibles empresas contratantes. No sé si les pasa a ustedes, pero en cuanto yo leo una oferta no puedo dejar de hacerme mil preguntas, la más común: ¿Quién rayos redactó esta convocatoria?

Esto sí que es un buen elemento que quisiera entender: el tema de los perfiles que las empresas se inventan para contratar a una persona que cumpla con lo que la compañía necesita. Siempre lo he asemejado con el deseo de una mujer embarazada que no está plenamente en sus cabales y que podría decir que quiere que su hijo salga deportista, científico, rubio, con los ojos azules y que, obvio, camine a los 2 meses de nacido.

Qué frustrante leer ciertas convocatorias en donde se evidencia, entre otras cosas, que las empresas no tienen ni la más remota idea de qué es lo que quieren y que, además, desconocen el deber ser del profesional que están a punto de contratar. Es ahí donde la convocatoria se extiende con diez mil habilidades que una sola persona debe tener para acceder al codiciado, y mal pago, puesto disponible. Aunque he de reconocer que en muchas ocasiones me sorprendía leyendo convocatorias muy bien estructuradas y bien pagas, a las cuales nos presentamos 500 candidatos y recibir la anhelada llamada de entrevista pasó a ser parte de los sueños semanales.

Ahora bien, la descripción de la convocatoria es una cosa. ¿Qué me le opina de los salarios? Sobran las empresas que solicitan un empleado que cubra lo operativo, lo estratégico, funciones muy diversas y que gane lo más bajo que se pueda en la escala salarial de lo moralmente permitido. Tampoco faltan las descaradas que pagan muy por debajo y acceden a buenos profesionales, tristemente llenos de necesidades en este país de pocas oportunidades. De todo se ve en el tema salarial, eso sí, lo que nunca he podido asimilar del todo es el famoso: “salario: a convenir”. Sinceramente no he podido desligarlo de la frase: “aplican condiciones y restricciones”.  Las empresas en toda esta situación tienen el sartén por el mango.

Otro tema de esos que me sacan espina es el exceso de denominaciones para los cargos que se inventan las empresas para hacerlos más atractivos, ya entonces encontramos: Ejecutivo, Key Manager, Auxiliar, Asistente, Mercaderista, Promotor, Asesor y otras tantas figuras que son solo formas diferentes de llamar a la misma vaina: vendedor.

El tema apenas comienza, y del largo y tortuoso camino del desempleado habrá mucho que conversar. Yo anhelo llegar a un punto en donde el potencial de los colombianos no se vea condenado al exilio, por ahora solo les pregunto: ¿Se han sentido como yo?

 

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