Conocí a mis enemigos

Por: Alba Nelly Lopera G
diciembre 27, 2013
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Creía que eran extranjeros, que vivían en otro continente, en un país lejano.

No sabía que eran más que mis vecinos, que vivían tan cerca, que estaban dentro de mi casa, que vivían dentro de mí.
Sí, nuestros verdaderos enemigos son el ego, el odio, la envidia, la soberbia y los vicios, entre otros. La lista es larga e interminable. Además, de los mencionados, se derivan otros que también son nocivos.
Son los que doblegan nuestra voluntad pero en una forma burda y grotesca. Nos engañan haciéndonos creer fuertes, dominantes, poderosos.
Es solo una ilusión óptica, una burbuja que con cualquier astilla ó punta se revienta. Seguimos entonces creando una nueva, cuando la que tenemos estalla en nuestras narices. Porque no nos tomamos la molestia de preguntarnos que pasó. Solamente nos remitimos a pensar que tal vez debimos inflar más la burbuja. Nos centramos en esto y seguimos en el círculo vicioso de especializarnos en hacer bombas cada vez más fuertes, cada que una se revienta.
El dicho popular “si no puedes con tu enemigo únetele”, no aplica en este caso. Es precisamente esta unión la que generó el malestar. Lo que creó la burbuja engañosa, la ilusión falsa de grandeza. Es esta la excepción de la regla, en la que con estos enemigos no puede hacerse ningún pacto y mucho menos una unión.
El reconocimiento de estos enemigos, permite vivir coherentemente, que en definitiva es lo real y produce un bienestar auténtico.
Luego de identificar los enemigos reales que moran en nuestro ser, hay que quitarles el lugar privilegiado ocupado por ellos. Aunque no es fácil desalojarlos definitivamente, se quedarán sin el protagonismo ni el trono ostentado. No habrá burbujas.
Pese a que han coexistido con nosotros, no significa que estemos condenados a convivir con ellos, como protagonistas, por siempre. Es difícil pero no imposible, relegar estos enemigos al sitio más recóndito de nuestro ser. Minimizándolos, a su ínfima expresión. Pues moran cuales parásitos anquilosados a costa de nuestro malestar.
En la medida en que los reconozcamos, podemos debilitarlos para liberarnos de ellos. Puesto que van a estar ahí, a la espera de salir a relucir con nuestra propia luz. Pero carecerán del poder y la fuerza con las que han vivido a nuestras expensas, toda vez que lo sepamos y les demos su lugar.
Es hacer un insight, es decir, darse cuenta de esta mecánica. Entender que estos sentimientos son nuestros enemigos. Dado que crean malestar interno, que también afectan negativamente nuestro entorno social y por ende las relaciones.
Como seres humanos seguiremos conviviendo con estos sentimientos y persistirán en nuestro ser. Una vez identificados, será el paso para debilitarlos. Seguido de la aceptación que estamos fallando, que son aspectos a mejorar en nuestro interior y que es problema nuestro, no de los demás. Será el principio del cambio.
Que sea la voluntad dominada por nuestros nobles sentimientos y no por nuestros acérrimos enemigos.

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