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Con terror y dólares de la cocaína, Guacho impone su poder en la frontera colombo-ecuatoriana

Además del secuestro y asesinato de los 3 periodistas de El Comercio, el disidente de las FARC derribó 4 torres de luz. Tiene en jaque a los dos gobiernos

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Abril 13, 2018
Con terror y dólares de la cocaína, Guacho impone su poder en la frontera colombo-ecuatoriana

Las cantinas de los barrios controlados por los narcos en Tumaco duraron abiertas cinco días seguidos. Narcocorridos y vallenatos sonaron sin parar, y por los callejones se sintió el derroche desde el viernes 6 de abril.

Cuando el dinero fluye de esta manera, en Tumaco se sabe que algún narcotraficante logró entrar algún abultado cargamento de cocaína a su destino. En esta ocasión, se dice que entraron al puerto entre USD 15 y 20 millones provenientes del Clan del Golfo.

Durante los últimos 30 días el negocio del narcotráfico en Tumaco había estado en una especie de pausa por la acción de las autoridades colombianas con el plan conjunto Atlas del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada que dificultaban el transporte de la droga. Los retenes se pueden encontrar en cada curva del río Mira o en cada barrera de concreto de la carretera que une a Tumaco con Llorente, el pueblo considerado la capital cocalera de Colombia. En esta región se cultiva el 20% de la coca del país.

 

Lancha en el puerto Vallenato, sobre el río Mira, cargada con toneles de gasolina – Foto: Juan José Jaramillo

La dificultad para sacar la coca le sirvió de excusa Walter Patricio Artízala, alias Guacho, —un disidente de las Farc que se alzó en el 2016 con dinero, armas y guerrilleros—, para subir los precios de venta, con lo cual los compradores del Clan del Golfo frenaron las transacciones. Un kilo de pasta de coca cuesta normalmente entre $1 y $2 millones, comprado en los laboratorios de la selva del Pacífico, pero Guacho, quien comanda el frente Óliver Sinisterra, el grupo ilegal más poderoso del suroccidente del país , le triplicó el precio, con lo cual tanto el riesgo como las ganancias se dispararon.

Guacho se ha fortalecido cada día. Copó el vació que dejó las Farc y que no llenaron las instituciones militares y civiles del Estado colombiano. Se vio obligado a huir y manda desde la selva en la frontera del Ecuador, una zona que conoce bien, donde nació y creció. Su familia se trasladó a vivir a Candelillas, a mitad de camino entre Tumaco y Esmeraldas.

El 14 de marzo pasado las FFMM capturaron a Cachi, su temerario jefe, y desde entonces la violencia en cabeza de Guacho se ha multiplicado. Es él quien lidera personalmente las transacciones con los duros narcotraficantes del Clan del Golfo y Cartel de Sinaloa y sus representantes locales. Sin intermediarios ni superiores.

Torre de energía destruida en atentado terrorista – Foto: EFE

El poder lo pone sistemáticamente a prueba con acciones terroristas: el 27 de marzo secuestró a los tres periodistas del diario Comercio de Ecuador que aparecieron asesinados este jueves 12 de abril; hizo estallar un carro bomba en San Lorenzo, Eucador, que dejó 27 heridos; y en dos semanas explotó cuatro bombas que tumbaron cuatro torres de luz dejando sin energía a Tumaco por casi 15 días.

La prueba de vida de Efraín Segarra, Javier Ortega y Paul Rivas , los tres periodistas ecuatorianos

El negocio de la coca está más activo que nunca después de la desmovilización de las Farc y especialmente la semana pasada en la que probablemente asesinaron a los periodistas por cuya liberación Guacho pedía tres rehenes en canje. Los lancheros que transportan la droga están listos para viajar y los encargados de los laboratorios de coca activaron los procesos, mientras en los barrios de los esteros y el sector de Viento Libre se sentía la fiesta. Es el sector que controla alias El Pollo, otro disidente de las Farc que actúa en nombre del capturado y exjefe de redes urbanas de la misma guerrilla, el Tigre. Ellos mantienen los vínculos más estrechos con Guacho, mientras que alias David, un paisa llegado a Tumaco para controlar parte del casco urbano, trabaja directamente con los mexicanos y las bandas criminales.

Los raspachines recogen las hojas en un saco colgado en su cuerpo. Cuando se llena, lo descargan en lonas, que después recogen a gran escala – Foto: Juan José Jaramillo

Los jóvenes son el combustible del negocio. En las lanchas viajan de a dos: uno encargado de manejar el bote y el otro encargado de sacar el agua que le entra a la embarcación. Por llevar un cargamento de droga hasta Guatemala o el Salvador les pueden pagar hasta $80 millones. Muchos son capturados por la Policía, mientras que algunos son delatados por los mismos narcotraficantes para apaciguar a las autoridades con pequeñas incautaciones. Los que caen presos pagan largas condenas en suelo extranjero.

Nada de esto les importa. La muerte ronda pero no se le teme. Cada día más muchachos están dispuestos a arriesgar sus vidas por dinero. Los embarques los cancelan anticipadamente y les dejan el dinero a las familias por sino retornan. Los tentáculos de las disidencias de las Farc controlan los ríos, la salida al mar y los barrios de Tumaco donde actúan como bandas criminales que cuidan el negocio a plomo. Los tres periodistas ecuatorianos quedaron atrapados en esta trampa mortal donde pareciera, el Plan Atlas de fuerzas combinadas arenas, fluviales y terrestres apoyados por el Comando Sur de Estados que lanzó el Presidente Santos y el general Naranjo en octubre del 2017, no ha podido hacer mayor cosa.

@jjjaramillo2

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