Con su vacuna Sinovac, China lidera el combate global contra la pandemia

El último millón de dosis que llegó forma parte de las mil millones de vacunas que China está exportando. Más de la mitad de las vacunas que hay en Colombia son Sinovac

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abril 28, 2021
Con su vacuna Sinovac, China lidera el combate global contra la pandemia

El 24 de abril en el mundo se habían aplicado mil millones de vacunas, pero ese mismo día en Colombia se reportaron 440 muertes, la cifra más alta de toda la pandemia. También el 24, el gobierno colombiano anunció que el 27 de abril recibirá un millón de vacunas de Sinovac, con lo que, solo en abril, Colombia habrá recibido 1.5 millones de dosis de la empresa china. Hay otro millón comprometidas hacia el 2 de mayo y 2.5 millones más en las siguientes semanas.

China es esencial en el plan de vacunación colombiano; más de la mitad de las vacunas de las que disponemos son de Sinovac. De ambos lados del Océano Pacífico, los gobiernos de China y Colombia trabajaron intensamente para que nuestro país cuente con las vacunas para su plan de inmunización contra la pandemia más agresiva y, como señaló una reputada economista colombiana, el primer evento realmente global de la humanidad, que llegó a todos los rincones del planeta, afectó a todas las sociedades y sistemas de gobierno.

Hoy es claro que nadie tiene la fórmula para enfrentar la pandemia, todos estamos aprendiendo. Hace cuatro meses India estaba “muy bien” en relación con su población y su pobreza y hoy duplica su pico de septiembre de 2020. El cacareado “modelo sueco” de un país muy rico con sólo 10 millones de habitantes, deja una tasa de muertes por millón altísima, casi igual a la de Colombia, con 60 millones. Un año atrás la OMS dudaba de la efectividad de las máscaras para evitar el contagio y hace una semana los peruanos las declararon bien público esencial.
Otra cosa clara es que la superación global de la enfermedad depende de la cooperación. Ahí estuvo el éxito en el desarrollo de las vacunas en un tiempo récord, desde que el 7 de enero de 2020 los científicos chinos aislaron la cepa del nuevo coronavirus y compartieron la secuencia genética en GISAID, la base de datos mundial de virus de influenza.

Pero una cosa es que la ciencia y la industria hayan logrado tener 13 vacunas disponibles en un año, y otra cosa poder producirlas y poder comprarlas. Desde el principio la OMS advirtió la necesidad de garantizar el acceso de la vacuna a los países pobres y evitar el acaparamiento de los países ricos. Un desafío mayor cuando Estados Unidos se marginó de la OMS. Si bien el presidente Biden, revocó la orden ejecutiva dada por Donald Trump, más allá del formalismo, no ha hecho mucho para evitar la inequidad.

En diciembre de 2020 un artículo de la prestigiosa revista médica BMJ señaló que las farmacéuticas habían prevendido alrededor de 10 mil millones de dosis y que la mitad eran pedidos de países ricos que solo tenían el 14% de la población. Canadá es ganador en codicia, pues había comprado 9.5 dosis para cada uno de sus 38 millones de habitantes. Estados Unidos había adquirido algo más de dos dosis por habitante, mientras que países menos desarrollados y con más población como Brasil e Indonesia, se quedaron con menos de una dosis por habitante.

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El primer ministro canadiense Justin Trudeau recibe la primera dosis de la vacuna AstraZeneca- Foto: Twitter Justin Trudeau

Para abril de 2021 la situación persiste. Según Bloomberg, el 32% de las vacunas se habían aplicado en cuatro países que sólo tenían el 6% de la población: Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra. Los desbalances son gravísimos, pues Estados Unidos acapara el 23% de las vacunas aplicadas y solo tiene el 4% de la población. En Inglaterra sólo está el 0.9% de la población, pero tiene el 4.5% de las vacunas.

La inequidad se refleja también en los mayores ritmos de inmunización en los países ricos, hasta 25 veces superiores a los países pobres. Según Bloomberg, Estados Unidos, con 330 millones de habitantes aplicó 170 millones de vacunas entre mediados de febrero y finales de abril, pero México, con 128 millones de habitantes, solo aplicó 4.3 millones de vacunas y Pakistán, con 216 millones de personas, en el mismo lapso solo llegó a aplicar 1.5 millones de vacunas.

Estos factores son los que explican que el mapa de cobertura de The Economist Intelligence Unit, prediga que solo Estados Unidos y Europa alcanzarán cobertura total para finales de 2021. África deberá esperar hasta 2023, salvo, claro está, Suráfrica.

Desconociendo el contexto de evolución de la enfermedad y la producción de vacunas, es tentador culpar a los gobiernos como pasa en Colombia. Los árbitros del lunes omiten que para marzo de 2021 en el mundo había una demanda de vacunas infinitamente superior a su producción. Según Nature se necesitan 11 mil millones de vacunas en un programa de dos dosis, para llegar a la inmunidad de rebaño mundial con el 70% de la población. Esa cifra solo podría tenerse a finales de 2022 según cálculos conservadores.

Colombia fue de los primeros países en recibir de la canasta COVAX, de hecho, fue el primero en América Latina. Pero todos necesitaban otras fuentes y cuando Colombia empezó la vacunación ya tenía compromisos tanto por COVAX como bilaterales, con Pfizer, Sinovac y AstraZeneca, pero la apuesta grande eran Sinovac y Pfizer.

China, de donde es Sinovac, es el único país del mundo que ha hecho donaciones a gran escala, a 50 países en desarrollo. Según Washington Post, para marzo, el 60% de la producción de Sinovac y Sinopharma tenía como destino el exterior. En paralelo, Sinovac dobló su capacidad de producción en enero para llegar a 1000 millones de dosis al año y anunció que a mediados de abril tendría una tercera línea de producción para alcanzar dos mil millones de dosis anuales. Los proyectos arrancaron, con muchos países en la fila de los despachos, no solo Colombia que había comprado 5 millones, también Turquía e Indonesia, que pedían cientos de millones de dosis. No había alternativas con otras farmacéuticas, pues los problemas de despachos de AstraZeneca y Pfizer se reportaban ya desde febrero en algunos países.

Cuando Sinovac anunció que tendría retrasos en sus despachos, era una dificultad que se sumaba al ya difícil escenario mundial; ya se sabía que el laboratorio Emergent Solutions en Baltimore había contaminado 15 millones de vacunas de Johnson & Johnson y comprometido la producción para AstraZéneca, que a su vez enfrentaba la crisis por la suspensión de su uso en varios países de Europa, por los reportes sobre coágulos asociados a ella.

A la vez, China y Estados Unidos aceleraron la vacunación de sus habitantes. Desde principios de marzo Estados Unidos aplica diariamente entre 2 y 3 millones de vacunas y ha tenido días de 5 millones. China que tiene cuatro veces más población, estaba rezagada porque había dedicado el 60% de su producción a despachos internacionales, aceleró su ritmo para llegar a entre 3 y 4 millones de vacunas diarias con momentos de hasta 6 millones. Al 24 de abril, la cantidad de vacunados en China era de 216 millones mientras que en Estados Unidos eran 222 millones.

Pero esa pequeña diferencia, que China sobrepasaría en un día, es enorme en relación con la población: el 66% de los americanos están vacunados, pero solo el 15% de los chinos. La prioridad de China es totalmente comprensible.
Cuando los cuellos de botella mundiales obligaron a reprogramar las entregas, en Colombia empezaron a hablar de incumplimientos y a culpar al gobierno de hacer las cosas tarde, cuando nadie en el mundo puede atender la demanda de miles de millones de dosis. La reprogramación resultaba de la realidad objetiva mundial. Las gestiones de las embajadas de los dos países permitieron la confirmación de los despachos de cinco millones de dosis compradas por Colombia a Sinovac para el resto del año.

La inequidad seguirá predominando. Con todo y la duplicación de la producción en China este año, no alcanzará a atender la demanda mundial. Aunque China quiera ser el factor de equilibrio e insista con la OMS y los científicos, en la importancia de llevar la vacunación a países muy populosos y pobres, poco se avanzará mientras la codicia sea la pauta principal de acceso a las vacunas.

De eso se trata el mensaje de Xi Jinping en la cumbre sobre el cambio climático del 22 de abril, aplicable a la lucha contra la pandemia y sus efectos: en los problemas globales, todos tenemos responsabilidades comunes, pero esas responsabilidades son diferentes entre los países cuando se cruzan con sus niveles de desarrollo.

*Abogado penalista experto en temas sobre China

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