Comunes: retos y dilemas de un partido en transición

A pocos meses de cumplir 4 años, con el dolor de cargar 3 fracturas, 1 definitiva y 2 que bien se podrían saldar, el partido sigue caminando en medio de muchas dificultades

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
abril 20, 2021
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Comunes: retos y dilemas de un partido en transición

A cuatro años de su creación, el recientemente bautizado partido Comunes atraviesa por tres grandes fracturas: la primera fue total y se sintetizó en agosto de 2019 con el alzamiento de la Segunda Marquetalia, el sector orientado por Márquez y Santrich se reventó tras una tensión de vieja data y retornó a la confrontación armada conservado una nueva interpretación de la narrativa fariana. La segunda ocurrió en diciembre del mismo cuando un grupo de exguerrilleros de base y mandos medios crearon Corporeconciliación como una plataforma autónoma para avanzar en su proceso de reincorporación, al margen de las directrices del partido y las orientaciones de Pastor Alape, eso sí, esa ruptura no tiene implicaciones armadas.

La tercera, fue el resultado de su segunda asamblea en enero de 2021, la llamada "línea afro" integrada por Joaquín Gómez, Victoria Sandino e Israel Zúñiga (Benkos Biohó), marcó distancia con la dirección del partido y a Sandino y Zúñiga, senadores en ejercicio, se les negó la continuidad en los escaños de cara al 2022. Son tres fracturas con impactos diferenciados, pero que dan cuenta de la dificultad que ha tenido la antigua dirigencia guerrillera por constituirse en un partido sólido, dinámico y electoralmente viable, con el reto de sobrevivir a una transición pactada en ocho años y no perecer en un sistema electoral diseñado para exterminar a los partidos pequeños o con bajo nivel de representatividad.

Una transición a medias

Con transición hago referencia al tiempo de gracia que el acuerdo de paz le otorgó a la entonces guerrilla para facilitar su tránsito de movimiento armado a partido político. Esa transición se compone de un conjunto de disposiciones excepcionales e incorporadas al ordenamiento jurídico por el acto legislativo 03 de 2017, es decir, el partido Comunes se encuentra constitucionalizado,  condición sui generis en el sistema de partidos y que fue avalada por la Corte Constitucional en la sentencia C-027 de 2018. Entre estas disposiciones se encuentran: personería jurídica hasta julio de 2026; financiación del Centro de Pensamiento y Diálogo Político (Cedipo) hasta el 19 de julio de 2022; financiación preponderantemente estatal para las campañas presidenciales y legislativas; un vocero en el Consejo Nacional Electoral; y, las 10 curules, cinco en Cámara y cinco en Senado, por dos periodos consecutivos. Bajo esas condiciones se espera que la organización se pueda consolidar como un aparato partidista y que en las elecciones de 2026 juegue en igualdad de condiciones.

Al revisar las memorias de la Biblioteca del Proceso de Paz, queda claro que para los negociadores de la guerrilla resultaba indispensable concertar las mejores condiciones de reincorporación política. En ese tire y afloje que fue la negociación ambas partes cedieron; las Farc se bajó de su pretensión de tener curules fijas en asambleas departamentales y el gobierno en la propuesta inicial de otorgar solo seis escaños  en Congreso. No podría afirmar a la larga quien perdió o ganó más; por ejemplo, las Farc pasó por alto garantizar una financiación excepcional para sus listas en elecciones regionales y tras los resultados de su debut electoral, con solo el 0.53% de la votación válida al Senado (55.53 votos), las cinco curules (equivalentes a cerca de 730.000 votos para un partido ordinario) si podrían resultar exageradas. De ahí que algunos sectores hayan cuestionado su legitimidad, no obstante, esas curules cumplen una doble función; por un lado, tienen un carácter reparador (entre 1987 y 1994 fueron asesinados cinco congresistas de la UP), y por el otro, son garantía para facilitar su transición política (su legitimidad es constitucional y no electoral).

Y la reforma política que no fue

Pero en La Habana no solo se concertaron medias de reincorporación política, para nada, la negociación fue más allá y en el punto dos, relativo a la participación política, se diseñó una interesante metodología de transformación del sistema político-electoral, casi tan ambicioso como lo fue la constituyente. En ese punto se prefiguran las condiciones para avanzar en una profunda renovación del sistema político. Así se planteó la ampliación del sistema de partidos; la reestructuración de la autoridad electoral; la expedición del estatuto de la oposición; y las curules para la paz. Con la implementación de este punto se esperaba ingresar el resto del sistema político a una transición progresiva, es decir, ampliar condiciones de participación y apertura, mejorando las prácticas y calidad de la democracia. Infortunadamente eso nunca pasó y Santos tampoco  priorizó ese punto en la ruta temprana de implementación. La clase política tradicional percibió esas propuestas como una amenaza a su statu quo y se empeñó en convertir una pálida reforma política que se vendió como “la del acuerdo” en un Frankenstein abominable. Tan monstruoso que terminó pareciendo en las plenarias del congreso.

Resultado: el sistema político nunca entró en transición y siguió siendo lo mismo; favorable a los caciques regionales; la corrupción; el clientelismo; la compra de votas y demás prácticas deleznables. Para las exdirigencia fariana seguro fue un golpe muy duro (tan duro como los resultados de su debut electoral). A partir de ese momento, comprendieron que deberían adelantar su transición en un sistema profundamente corrupto, con leyes formales e “informales” que desconocían, en una franca situación de desventaja estratégica. Ante el poderío de la clase política tradicional, a la cual combatieron por tantas décadas, el partido de la extinta guerrilla solo es un tigrillo de papel.

La importancia de consolidar una estructura política estable

Ya en el juego político-electoral la otrora guerrilla tuvo el reto de reconvertir su compleja estructura político-militar, moldeada durante cinco décadas, en los puntos de apoyo de las estructuras del partido en lo regional y nacional. Tal vez en ese aspecto fue donde se generaron las primeras tensiones, dirimidas en la asamblea fundacional, pero latentes y que escalaron en las tres fracturas mencionadas al principio del texto. Inicialmente, se acordó conservar la narrativa fariana y así se preservó la sigla Farc (un desacierto en todos los niveles), fue sobre todo un mirar hacia dentro y asumir que no se podía perder el sentido de cohesión construido a lo largo de la confrontación, sintetizado en la visión ideal de la comunidad fariana. Algo incompresible para un observador no familiarizado con la historia del conflicto o la legitimidad histórica del alzamiento campesino que dio origen a la guerrilla. Eso solo generó confusión, profundizó la estigmatización y le dio harta munición a los sectores de extrema derecha, afortunadamente se corrigió en la segunda asamblea cuando el partido se transformó en Comunes. Creo que la dirigencia entendió la importancia de mirar hacia fuera.

-Mirada a los resultados de las elecciones legislativas de 2018

Hasta el momento el partido solo ha participado en dos contiendas electorales, la nacional de 2018 y la subnacional de 2019. Con resultados marginales y que dan cuenta de una serie de problemas, entre ellas: dificultad para reconvertir su antigua base social en una plataforma electoral dinámica; poca comprensión de las reglas electorales (vale recordar que desde los 90 las Farc fue una guerrilla profundamente anti-electoral); imposibilidad de perfilar liderazgos sin un pasado en el conflicto armado; y lidiar con el estigma que ha dificultado integrar coaliciones o que ha condenado al partido a ser un “invitado incómodo”, al punto, que se ha sugerido que avalen sus candidatos más viables por otras listas o que su logo no aparezca en el tarjetón. Algo que en poco contribuye a bajar los niveles de estigmatización. Para las elecciones de 2018 el partido inscribió una lista cerrada al Senado integrada por 23 candidatos (el cabeza de lista fue Iván Márquez), los resultados arrojaron un saldo rojo y evidenciaron el poco arraigo del proyecto fariano en la sociedad colombiana. El coco de la entrega del país a la guerrilla se disipó y ese “totazo histórico” confirmó que la forma más fácil y democrática de acabar con las Farc era en las urnas. No mediante un conflicto armado degradado y barbárico.

A continuación, presento sus resultados teniendo como referente territorial los bloques activos previos al proceso de dejación de armas:

-El partido no tuvo masivo respaldo en los entornos rurales donde operaban la mayoría de sus frentes.De la anterior solo voy a extraer dos conclusiones:

-Tres grandes urbes (Bogotá, Medellín y Cali) representaron el 30% de su votación.

A pesar de los resultados, marginales y sorpresivos (personalmente les calculaba un mínimo de cien mil votos), el partido pasó a ocupar las 10 curules otorgadas por el acuerdo de paz (con dificultades asociadas a la primera fractura). Así se hizo efectiva una condición en su transición porque de no ser por la personería jurídica fija, se hubiera extinguido en su primera elección. En esa elección el umbral para la adquisición de la personería se fijó en 520.000 votos (3% de la votación válida al Senado).

Los congresistas del partido asumieron sus escaños el 20 de julio de 2018, a excepción de Márquez y Santrich. Como bancada decidieron conservar la representación territorial que tuvieron como guerrilla en el objetivo ideal de preservar su antigua estructura operativa, ya sin comandantes o tropa, pero con diez congresistas que debían trabajar en llave, el senador con el representante, en una dinámica de representación territorial y construcción de partido de arriba hacia abajo.

Con construcción de partido de arriba hacia abajo hago referencia a la consolidación orgánica de estructuras regionales y locales a partir de la gestión de los congresistas. Es una lógica que invierte las relaciones observadas en los partidos tradicionales ya que estos si cuentan con una nivelación estructural, es decir, una batería de diputados, concejales, ediles, alcaldes y gobernadores que desde una base electoral sustenta su representación en el Congreso. Es una relación piramidal que con el partido Comunes dada su excepcionalidad (un partido con senadores y sin concejales) se invierte de la punta a la base. Esto solo puede ser comprendido a la luz de su condición de partido en transición. ¿Si lo han logrado sus congresistas a casi tres años de haberse posesionado?

Bancada de los comunes, entre la integración y la búsqueda de una voz propia

A la fecha, el partido dispone de nueve congresistas, cinco senadores y cuatro representantes (a la curul de Santrich se le aplicó la silla vacía). La bancada se encuentra integrada a la coalición pro-paz y opositora. Se ha caracterizado por ser una bancada disciplinada y propositiva. También con una labor extraparlamentaria amplia en estrategias como Del capitolio al territorio y en la elaboración de decenas de audiencias públicas territoriales. Labor que han venido adelantando bajo condiciones de inseguridad, mientras avanza un genocidio de firmantes de paz y el Estado no avanza en la articulación del Sistema Integral para el Ejercicio de la Política y el desmonte del paramilitarismo. No obstante, el partido no ha destacado por tener una voz propia en el Congreso o marcar agenda, por lo general, se articula a los movimientos de la oposición, pero sus congresistas no tienen gran figuración personal, a excepción de Victoria Sandino (que ha venido bajando el perfil) como senadora y Omar Restrepo como representante.

A continuación, y según datos del portal Congreso Visible, presentó la gestión de los comunes entre el 20 de junio de 2018 y el 20 de abril de 2021.

A pocos meses de cumplir cuatro años, con el dolor de cargar tres fracturas, una definitiva y dos que bien se podrían saldar, el partido Comunes sigue caminando en medio de muchas dificultades. Las tensiones son propias de una colectividad en formación e inédita en la historia de los partidos, ya que es un partido que además debe velar por la reincorporación de los exguerrilleros; asumir la defensa política de un acuerdo de paz y responder a un modelo de justicia transicional. A eso se agrega la inseguridad y la guerra que campea en los territorios donde habita gran parte de su base social. Por eso, considero que como sociedad debemos ser más comprensivos con su proceso, porque la importancia de ese partido trasciende a la exguerrilla y se inserta en la posibilidad de alcanzar una paz total. Entre sus principales retos a corto plazo resalto tres retos y dilemas.

-Fortalecer los mecanismos de democracia interna y encontrar una salida a las fracturas generadas con el sector orientado por Andrés París, Joaquín Gómez, Victoria Sandino e Israel Zúñiga.

-Construir una estrategia electoral de incidencia que ratifique el crecimiento de su curva electoral, con candidatos y listas propias.

-Retomar espacios de pedagogía en torno al acuerdo de paz, más enfocados en destacar las fortalezas de su implementación y el monitoreo a los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial.

El presente texto es la base escrita de una intervención a realizarse el miércoles 21 de abril a las 8:00 p.m. en la sesión virtual del programa Hablemos de Ciencia Política.

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