Comunes: otras veces cuentan...

Entrevista con Mónica Delgado, representante en Venezuela de la otrora Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común

Por: Geraldina Colotti
marzo 17, 2021
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Comunes: otras veces cuentan...

En Colombia, “estamos cocinando un nuevo ciclo atroz”, dijo Humberto de la Calle, exvicepresidente de Colombia y jefe del equipo negociador del gobierno en los diálogos que llevaron al acuerdo de paz con la guerrilla Farc. Un comentario tras el descubrimiento de que, durante un nuevo bombardeo del ejército contra un destacamento de combatientes que han vuelto a tomar las armas, al menos 12 muchachos y muchachas habían sido asesinados, algunos de los cuales tenían 9 años.

El bombardeo tuvo lugar el 2 de marzo en el departamento de Guaviare en la región amazónica. El ministro de Defensa, Diego Molano, justificó la masacre diciendo que los menores asesinados eran "máquinas de guerra". Sus declaraciones provocaron reacciones de indignación de la izquierda colombiana, que acusó al gobierno de haber "destrozado" los acuerdos de paz.

Hablamos de la situación en Colombia en esta entrevista con Mónica Delgado, representante del partido Comunes en Venezuela, evolución de la anterior Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc). Una primera entrevista con la que queremos dar cuenta de las diferentes posiciones existentes sobre la situación colombiana.

¿Cuál fue tu trayectoria política? ¿Has estado en la guerra de guerrillas?

Comencé a vincularme comprometidamente al mundo de la política colombiana en la universidad, en donde me vinculé a una estructura no armada de las Farc-Ep: el Partido Comunista Colombiano Clandestino, que tenía entre otras tareas el trabajo organizativo barrial, campesino y en mi caso estudiantil; desde ese espacio me vinculé a otro tipo de tareas, como el aprendizaje y apoyo a una de las emisoras que integraban la CRB, Cadena Radial Bolivariana Voz de la Resistencia, una red de emisoras clandestinas de las FARC-EP.

¿Puede explicar cuál fue el camino de las Farc luego del congreso fundacional de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC)?

Un camino lleno de muchas dificultades. Desde el punto de vista personal, en el caso de los y las excombatientes, se dio el avance del proceso de una serie de cambios no muy fáciles de asimilar, sobre todo para quienes se fueron de los espacios acordados para la reincorporación social y económica, a las ciudades y pueblos. Cambios como empezar a pagar el agua, cuando nuestros camaradas recorrieron junto a los ríos, las montañas de ese país; pagar el alimento, la ropa, el transporte; empezar a emplear buena parte del tiempo para cubrir esas necesidades cuando antes, estaban las 24 horas del día en función de los planes de la organización.

No ha sido nada fácil para esos camaradas pasar de un modo de vida militar – comunitario, donde no había vida privada y la cotidianidad, el combate y el amor se vivían colectivamente, orientados y orientadas por las misiones asignadas por los mandos, a un modo de sobrevivencia feroz en muchos casos en las grandes ciudades, donde debe aprenderse a combinar sabiamente el hecho de sostenerse económicamente, militar en la organización y orientarse a uno mismo, porque el mando ya no está allí, en lo inmediato, para decir qué hacer.

Ha sido un camino de descubrimiento en los diálogos cotidianos con las gentes de Colombia, el profundo rechazo y desinformación que existía sobre nuestra organización y la ignorancia generalizada sobre la situación real de los campos y la guerra contra el pueblo; constatar que esa situación del país profundo es presentada como un espectáculo al lado de noticias deportivas, reinados de belleza, realitys shows y concursos entre otras cosas; llevar a cabo el deseo de ser madre en una sociedad machista, patriarcal y muy violenta con las mujeres.

Se comenzó también un camino en el reconocimiento de cada quien como integrante de una gran organización, en la que no sólo estaban las estructuras armadas; de preguntarse y este quién es, y a ese quién lo puso ahí; fue comenzar un diálogo a veces no muy amable sobre quién dio más, quién se sacrificó de verdad, quién vivió más o menos bombardeos, quién más o menos amenazas, a quién le mataron más gente; quién merece ocupar tal o cual espacio, quién habla mejor, quién, quién y quién.

Un diálogo que si bien se ha superado en buena medida, aún no culmina y que requiere talvez generar más espacios de intercambio y de recoger la memoria de tantos hombres y mujeres de nuestra organización que han dado tanto y que lo dieron todo por una patria mejor y que requieren que la memoria interna los registre y les reivindique; espacios que nos permitan integrar esa diversidad que somos, en la identidad Comunes y den paso a toda esa juventud que ve en nuestra organización un buen espacio para desarrollarse y transformar la realidad.

Después de ese congreso, en el que particularmente no participé directamente, se empezaron a escuchar en diversos espacios posturas contrarias a las decisiones que se habían tomado colectivamente; eso a la militancia de base nos resultaba una verdadera novedad, nosotros y nosotras estábamos acostumbrados a que lo que se discutía en los congresos guerrilleros era sagrado y nuestra formación se basa en que se contradice y disiente en los espacios de discusión colectiva, y una vez tomada una decisión, se defiende la postura con manos y dientes y se avanza como bloque en los planes. Así habíamos funcionado varias décadas, entonces escuchar voces internas hablando mal del acuerdo de paz o acusando en espacios públicos a otros camaradas por tal o cual razón o filtrando a medios de comunicación debates internos, de verdad que era totalmente contrario a lo que estábamos acostumbrados y sobre todo a nuestra formación leninista.

En el último Congreso de las Farc-Ep en armas se decidió colectivamente avanzar hacia la lucha por la implementación del acuerdo de paz firmado en La Habana, reconociendo que el camino no era fácil y que poderosos sectores tratarían de impedirlo; así se decidió en el Yari y así se ratificó en Bogotá en la Primera Conferencia como partido político.

Porqué razón varios camaradas y muy destacados no defendían conforme a nuestros mecanismos y convicciones políticas lo que allí se estipuló y al contrario comenzaron a alentar debates paralelos y a generar estructuras alternas, yo no lo sé, pero, eso empezó a ocurrir.

Particularmente aquí en Venezuela decidimos apegarnos a nuestros viejos principios leninistas y a desestimar cualquier argumento que estuviera fuera de los espacios de discusión colectiva, porque en la vida guerrillera y de trabajo clandestino aprendimos que esas prácticas ocasionaban muchos, daños, como muertos y desparecidos; en este contexto rompían la confianza en la dirección, creaban zozobra y un estado de cosas interno muy proclive a dividirnos y siempre hemos sabido que el único vencedor de una situación así es nuestro enemigo.

Fue la unidad de nuestra dirección como organización en armas, lo que sentó al gobierno de Santos a negociar con nosotros y nosotras, fue la unidad, la que permitió establecer un acuerdo de paz que aborda las causas estructurales del conflicto, Por eso aquí, a pesar de que no siempre teníamos una comunicación fluida con la dirección de las Farc, decidimos actuar conforme a nuestra formación y a desestimar cualquier cosa que estuviera fuera de los términos de los espacios colectivos de decisión. Se inició también un duro ataque desde la derecha para aprovechar estas situaciones.

Después de ese congreso en que nos fundamos como partido comenzamos además a enfrentar una serie de retos inéditos, a pesar de la experiencia de nuestros viejos y viejas; hacer política pública, históricamente en manos de las élites políticas; hablarle al país por los medios de información y no a través de panfletos y emisoras clandestinas; reaprender códigos, lenguajes, símbolos; desenvolvernos en el Congreso de la República siempre en manos de una casta y aun siendo ellos mayoría; hablar en dicho congreso en medio de insultos; asumir grupos laborales más allá de nuestra tradición militar; continuar haciendo el trabajo organizativo, pero como fuerza legal; revisar los mecanismo para ganarnos el corazón de la gente, luego de que los tanques del pensamiento de la derecha sembraron la idea de que éramos culpables de todos los males del país; y, en fin una cantidad de cosas que han constituido una verdadera reseteada, que no alcanzan a abordarse con algunas de las categorías a través de las cuales miramos la realidad desde la lucha clandestina o que más bien dejamos de emplear en rigor en el último periodo, porque es parte también de los principios de nuestra organización evaluar la experiencia y arrancar verdades a la realidad para avanzar en los planes.

En fin, después del Congreso como partido, lo que allí se trazó, nos ha puesto en el camino del aprendizaje de la administración del Estado, lo que no es poca cosa frente a los retos que se nos imponen para alcanzar nuestro horizonte estratégico en donde está indiscutiblemente el poder popular.

¿Cómo llegaste a Comunes? Se habló de expulsiones internas, de un acalorado debate. ¿Puedes explicarnos el contenido?

En la Asamblea realizada el 22 de enero de este año, donde se eligió el nombre COMUNES para identificar de aquí en adelante a nuestro partido, si tuve la suerte de ser elegida por la militancia de Venezuela para participar.  Allí no se expulsó a nadie, allí los puntos principales de debate fueron el Cambio de nombre y la estrategia electoral para integrar la gran coalición de los sectores de izquierda frente a las elecciones de parlamento y presidencia en 2022.  Esa fue una Asamblea extraordinaria por ser convocada de manera urgente y de carácter virtual. Congregando en diferentes puntos del país a la militancia elegida en las regiones y conectándose desde allí a través de una plataforma online para hacer el debate. Tuvo que plantearse así por la situación de pandemia y se restringió a esos temas porque dada la coyuntura del debate de la izquierda para crear una gran coalición, debían generarse rápidamente unas definiciones para no quedarnos por fuera.

¿Cuál es tu análisis del "proceso de paz"?, ¿por qué no se ha cumplido?

Diríamos compañera Geraldine, que no se ha cumplido cabalmente, porque el acuerdo de paz, avanza desde aquellas instancias que se encuentran más allá del Ejecutivo Nacional y sus tentáculos, y nos referimos especialmente a la JEP, Jurisdicción Especial para la Paz, que es el componente de justicia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición, una instancia jurídica emanada del acuerdo de paz para abordar los actos punibles de las partes involucradas en el conflicto armado, con miras al establecimiento de la verdad, para alcanzar la justicia y reparación de las más de 8 millones de victimas de esa larga guerra.  De ese espacio todos los días salen verdades si bien muy dolorosas, son necesarias para la transición hacia la paz.

Ahora bien, no se ha cumplido cabalmente porque el actual gobierno representa un sector de la élite que ha dirigido históricamente al país, y es un sector al que:

1.  No le conviene que el país sepa su responsabilidad concreta en el conflicto armado pues son la cabeza de múltiples hechos que son delitos de lesa humanidad. Por eso sabotean con tanto ahínco la JEP y colocaron como director del Centro de Memoria Histórica que debe sistematizar la verdad del conflicto, a un tipo que falsea la información, revela los nombres de las fuentes y niega la responsabilidad en la guerra de ciertos sectores pese a las evidencias. Ellos buscan falsear la historia y hasta han creado con grandes recursos un centro de pensamiento llamado Álvaro Uribe Vélez, jefe del Centro democrático, actual partido de gobierno.

2.  Ellos y ellas se han consolidado como clase social y política a través de la acumulación sustentada en el despojo de la tierra de la población desplazada por la guerra; el narcotráfico; la agroindustria y en la guerra misma como negocio. Recordemos compañera Geraldine que son dos causas fundamentales del conflicto armado, el problema de la tierra y la eliminación sistemática del opositor político. Por tanto, no les conviene de ninguna manera la paz de nuestro país.

3.  Son una élite de tipo feudal y mafiosa completamente subyugada al dictamen de los Estados Unidos, que tiene unos intereses concretos de tipo energético en la región; la ideología de esta élite se circunscribe aún en el anticomunismo puro y ramplón y en el profundo desprecio de las gentes del común.

Así es que el acuerdo de paz no sólo no se ha cumplido cabalmente, sino que es saboteado en tanto se reactiva la guerra sucia en los territorios, reciclando la fuerza de trabajo criminal del paramilitarismo, cuyos numerosos grupos sirven a los gamonales y direcciones políticas nacionales y regionales como mercenarios para matar dirigentes y generar terror y zozobra; pues ello les permite y sobre todo previo al año electoral, (por lo que hay esperar que se agudice mucho este año), inducir mediante el miedo y el desplazamiento el voto para la derecha; impedir la reclamación de los y las desplazadas de sus tierras y más aún el retorno de los mismos, mientras ellos desde el Congreso siguen buscando legalizar esos títulos de las tierras usurpadas; buscan generalizar un ambiente de incertidumbre y humillación en el que el acuerdo de paz se vea fallido, para empujar a las y los excombatientes a retornar al monte; quieren imponer un estado de crisis colectiva que paralice a las gentes del común para que crean que la guerra es un destino inexorable del que no nos podemos salvar.

A esa élite le conviene entonces mantener la guerra en los campos y por eso no ejerce el monopolio de la fuerza, permitiendo la disputa violenta en los territorios de fuerzas armadas ilegales integradas hasta por carteles mexicanos, que buscan el control para el desenvolvimiento pleno de las llamadas economías ilegales. La guerra le sirve a esa élite para mantener el pie de fuerza militar intacto, el presupuesto exagerado en materia de defensa; para reimplantar con todo rigor la Doctrina de Seguridad Nacional y del “enemigo interno” que se modificó en alguna medida en “Damasco” la Nueva Doctrina planteada para el Ejército Nacional, que en perspectiva positiva tiene miras a modernizar la fuerza, colocarla a tono con las normas del Derecho Internacional Humanitario; dicha élite busca recuperar a ese enemigo interno que les cohesionaba y recuperar su hegemonía política en el interior de las Fuerzas Armadas, en donde aún tienen mucho apoyo sobre todo en los sectores de la oficialidad retirada.

De otro lado, la guerra les sirve como excusa para asediar a Venezuela y justificar una eventual intervención. Saboteando la implementación, truncan el paso necesario para generar un proceso de transición hacia la verdadera democracia que entraña la justicia social e impiden el desarrollo de buenas relaciones en la región particularmente con la república bolivariana.

¿Quedan todavía espacios para retomar ese camino dado que el ELN todavía no ha entrado realmente en las negociaciones?

Hoy más que nunca sí, sobre todo por el surgimiento de la propuesta de amplia convergencia llamada el Pacto Histórico, que busca con miras a las elecciones de 2022 integrar todas las fuerzas de izquierda, progresistas y sectores que ven necesaria la transformación radical del país, comprendiendo la implementación del acuerdo de paz como un paso necesario para el avance a la transición hacia la democracia verdadera. El ELN es una fuerza política insurgente y beligerante que debe integrar el camino para la reconstrucción nacional. La paz en Colombia, la justicia social y política pasan indiscutiblemente por un cambio de régimen. El ELN siempre ha manifestado y disposición a entablar un dialogo con el gobierno; es Duque quien lo ha impedido y ha arremetido contra Cuba que hoy aloja algunos dirigentes de esta organización.

¿Cuáles fueron los errores de las Farc, en tu opinión, en esta fase de la lucha legal?

Bueno, por ahora, talvez hemos sido tímidos y tímidas a la hora de hacer política legal; talvez nos ha faltado más audacia para ganarnos el corazón de las mayorías nacionales; talvez nos hemos demorado mucho en la fase aquella de la nostalgia de aquella vida comunitaria en donde el destino era morir como héroes y heroínas aunque sea para pequeños grupos, que a lo mejor realizarían desde lejos, homenajes, carteles y poemas; talvez hemos fallado en la generación de procesos pedagógicos y de diálogo internos que nos permitan reconocernos en la diversidad y profundizar en los principios éticos e ideológico para fortalecer la cohesión y la perspectiva; talvez nos han faltado mecanismos de comunicación más fluidos de arriba abajo y de abajo arriba; nos ha faltado talvez plantear mecanismos de acompañamiento psicosocial para la militancia para comprender, asimilar plenamente el momento y avanzar.

¿Qué opinas de los compañeros que se han vuelto a la guerrilla? ¿Ha intentado mantener un diálogo con ellos?

Bueno conozco allí algunas personas que hubiesen podido aportar de forma muy creativa y lucida en el actual desafío de convocar a las mayorías nacionales para cambiar el régimen político; gente que hubiese podido sumar brillantemente en el tema de memoria histórica y la generación de material artístico, histórico, literario y filosófico, para construir hegemonía popular y contracultura. Creo que desde el espacio en que se encuentran, no es posible aportar mucho y menos conquistar el poder político para el pueblo, o alcanzar una negociación mejor que la que tenemos; sobre todo porque en Colombia, la mayoría de la gente está hastiada de la guerra y no ve con buenos ojos el rearme; la gente no distingue unos de otros, sobre todo en esta etapa oscura de reconfiguración de grupos armados criminales en los territorios.

De otro lado, buena parte de los y las camaradas que estuvieron en el monte, no se van a ir a engrosar esas filas pues además de seguir el mandato colectivo, se han hecho mayores y/o padres y madres; para muchas mujeres parir, dar teta, estar con esos niños y niñas y no estar obligado a separase de ellos, constituye una alegría muy grande; muchas compañeras pasaron momentos muy duros si bien por la guerra, por la separación de nuestros seres amados; ocurrió no sólo a combatientes, sino a quienes fuimos empujados al exilio o a la prisión.

Hoy esos y esas camaradas estudian, construyen propuestas organizativas desde los territorios y las ciudades y si bien viven las amenazas y el dolor de los asesinatos, también la alegría del reencuentro con sus familiares y amigos; el anhelo de la paz de los excombatientes es general y la posibilidad de trabajar por la justicia social al lado de un pueblo que empieza a comprender que no somos monstruos violadores, ni asesinos es una gran motivación.

Es duro decirlo, pero, no logramos ganar cabalmente a esas mayorías en los muchos años de resistencia y combate en el monte y trabajo clandestino organizativo en las ciudades, aún en varias etapas con un gran poderío logístico e ideológico; creo sinceramente que mucho menos ahora. Estamos en un momento de inflexión histórica generado entre otras cosas por la negociación de ese acuerdo, que es un buen acuerdo de paz y que no se hubiese logrado sin todo el acumulado alcanzado; es importante recordar que la solución política no estaba fuera de nuestro espectro estratégico eso se puede constatar en las conferencias de las FARC EP.

Invito a que se le estudie, se le compare con otros acuerdos, se le vea a la luz de otros acuerdos de paz en el mundo, que miremos cifras e incluso del fenómeno de la reincidencia. En Centro América, África y hasta Europa hay valiosos ejemplos que nos permiten comprender la dimensión del acuerdo de La Habana y algunas situaciones que es normal que se den en el proceso de lucha por su cumplimiento.

Un acuerdo de paz que de una u otra forma aborda las causas y consecuencias de la guerra, que se ha incorporado en la Constitución Nacional; que involucra a la comunidad internacional, que tiene el estatus de tratado de paz y  sin el cual no se hubiese generado el ambiente propicio para que Gustavo Petro alcanzara los 8 millones de votos en 2018; un acuerdo sin el cual hoy no tendríamos a más de 1500 militares contándole al país, quién dio la orden, quién asesinó a nuestros seres queridos, contando incluso su propio drama como integrantes muchos de ellos de los sectores populares.

Ese acuerdo que le ha cambiado a la derecha los premios, medallas y ovaciones por reclamos y exigencias de su implementación, por parte de gobiernos como el británico, los mismos Estados Unidos, las Naciones Unidas; ese acuerdo de paz que hoy por hoy ya no es nuestro como ex-Farc o Comunes, es de los colombianos y colombianas, por eso su implementación está en disputa y hace parte de las agendas de organizaciones, feministas, indígenas, campesinas, estudiantiles, juveniles, y es parte de la plataforma del Gran Pacto Histórico, porque responde no a las necesidades de nuestra organización sino de la gente.

Decir que el acuerdo de paz de La Habana es fallido, además de ser falso, menosprecia la capacidad de transformación de sujetos y sujetas políticas que todos los días trabajan por la paz y la democracia desde los territorios, poniendo el pecho; distorsiona las proyecciones que tenemos como país y ahonda en la incertidumbre que busca sembrar la derecha.

No creo que desde la dirección ahorita se intente un diálogo con esos compañeros y compañeras y, desde las bases creo que en términos generales no lo hemos tenido.

Hay mucho debate sobre la justicia transicional entre quienes quisieran que ustedes abjuren o que pase una especie de "teoría de dos demonios" como intentaron hacer pasar en Argentina, para poner las responsabilidades de los paramilitares y del Estado al mismo nivel que las de la guerrilla. ¿Como están las cosas?

En el acuerdo se logró establecer que los destinatarios de este componente sean: combatientesque suscribieron el acuerdo final con el gobierno nacional; terceros que son personas que voluntariamente deciden someterse a la Jurisdicción especial para la Paz, aquí va pasando que en los testimonios de unos y otros y también de las víctimas, van obligando a aquellos terceros a comparecer; miembros de la fuerza pública; y, finalmente agentes estatales no integrantes de la fuerza pública.

Las sanciones que plantea este tribunal son de carácter restaurativo en el caso de que se aporte la verdad y se reconozca la responsabilidad. Sanciones como realización de obras de reparación del daño causado y restricción de la libertad no precisamente en cárceles. Si se reconoce responsabilidad tardíamente se pueden imponer de 5 a 8 en establecimiento carcelario; y a quien se encuentre culpable y no reconozca se le privará de su libertad entre 15 y 20 años.

Pero, más allá del tipo de penas, la verdad también puede ser una necesidad de los victimarios; esta semana luego de varias solicitudes, el padre jesuita Francisco de Roux que encabeza la comisión de la Verdad, ha aceptado que el exjefe paramilitar, Salvatore Mancuso pueda declarar en dicha comisión frente a prensa, victimas e integrantes de la comunidad internacional. Recordemos que Mancuso fue extraditado a Estados Unidos por Álvaro Uribe en el 2008, Mancuso en ese entonces dijo que fue traicionado por Uribe y que tenía varias cosas que contar.

El informe de la JEP arrojó más luz sobre el carácter violento del Estado colombiano, que impide cualquier posibilidad de que la oposición actúe con seguridad en democracia, y esto desde el asesinato de Gaitán. ¿Qué impacto ha tenido en el pueblo y en la izquierda colombiana esto informe ahora que se está intentando llevar a Uribe a juicio?

Esta última revelación se refiere al informe que presenta la JEP con la cifra de 6.402 civiles asesinados por el ejército nacional y presentados como guerrilleros muertos en combate. Hasta hoy se van destapando más fosas comunes y más militares solicitan comparecer, es decir, que ese número va a seguir creciendo. Estamos hablando de asesinatos ocurridos durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez donde se presentaron las cifras de más de 13 mil insurgentes “dados de baja” en combate, lo que quiere decir, que la mitad de esos muertos no eran guerrilleros ni guerrilleras.

Estas revelaciones van explicando por qué el actual gobierno y su partido han tratado de todas las formas de modificar la estructura de la JEP imponiendo objeciones o distorsionando su papel. La JEP va entonces cobrando legitimidad como instancia responsable de aproximarse a la verdad del conflicto y reparar los derechos de las víctimas, mostrando las pruebas fehacientes de varios secretos a voces. Va mostrando mucha más efectividad sobre la justicia ordinaria y dejando en ridículo a la fiscalía, el brazo jurídico del Centro Democrático, el partido del gobierno.

Golpean la imagen del Ejército Nacional, cuya oficialidad puso cientos de muchachos de los sectores populares de Colombia a asesinar a sus compatriotas, por un pollo asado, algunos días de descanso u otras dadivas lastimeras que muestran el desprecio de esos jefes por las clases bajas. Revela de otra parte que la llamada Seguridad Democrática de Uribe Vélez no era otra cosa que la Doctrina de Seguridad Nacional y el enemigo interno que no es otro que la gente pobre que la ponen a matar, pone los muertos y se come las mentiras.

Esos viejos militares que hoy se niegan al cambio de doctrina y que desdeñan de la JEP, con estas revelaciones quedan muy mal porque ellos fueron los que dijeron las mentiras frente a nuestros televisores y luego se nos presentaron como héroes de la patria a los que tiramos flores y besos en las fiestas patrias. Allí en esa fuerza hay gente digna y es importante que en este proceso de revelaciones se logre imponer la doctrina de un Ejército nacional que viene de la heroica batalla de Boyacá en 1819, y reencaminar su accionar como protector de la vida y el mandato de los y las ciudadanas y no como el vil instrumento de una casta narcotraficante y asesina.

Un impacto concreto es sobre las victimas que van encontrando nombres y responsabilidades precisa en lo que se refiere a sus muertos.  Esas víctimas, familiares, amigos y parejas de esos jóvenes muchos de las cuales votaron por Álvaro Uribe y veían desde las ciudades el conflicto como un acontecimiento lejano, van descubriendo las mentiras detrás del conflicto armado, donde los monstruos no eran precisamente los que ellos llamaban a través de la gran prensa “los terroristas de las Farc”.

De otro lado, hay un sentimiento de indignación generalizado, sin embargo, hay que tener en cuenta que los medios de información en Colombia siguen en manos de las oligarquías locales por lo que la noticias empieza a disiparse rápido. Colombia por otra parte, ha vivido en una mentira permanente por más de 50 años, por lo que algunas verdades que van aflorando talvez no tienen mayores resonancias, otras nos van costando asimilarlas y otras podrían desatar reacciones muy difíciles de calcular.

Se han desatado después de esto varios activismos ciudadanos y los propios desde la izquierda y sus bancadas o el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, activando audiencias de control político en el Congreso, generando material pedagógico, pegando carteles en las calles que en la noche son arrancados por soldados y policías, respondiendo a las patrañas de los cuadros del partido de gobierno que insisten en mostrar con argumentos bastante cínicos a Álvaro Uribe Vélez como la figura más insigne del país.

Como sea, para la izquierda la verdad es condición imperativa para la reconstrucción nacional, eso es clave para configurar una identidad dignificada que nos de vida como nación, para avanzar hacia un proyecto colectivo, en el que el consenso es la democracia profunda y la paz.

Hasta ahora, tanto a través del fraude como del asesinato, siempre se ha impedido que la izquierda gane y gobierne. ¿Es posible ganar las elecciones en Colombia, un estado que sabemos que es la mano derecha de Estados Unidos en América Latina? ¿Y cómo piensa organizarse Comunes entre ahora y las elecciones?

Estamos convencidos y convencidas de que es posible que gane un candidato de la izquierda y si no de izquierda por lo menos que responda al Pacto Histórico y a los objetivos que allí se han propuesto de enrumbar el país hacía un proceso de democratización real y de avance hacía la paz estable y duradera. Ese Pacto está siendo integrado hasta ahora, no sólo por partidos de izquierda, sino por organizaciones que trabajan las reivindicaciones de diversos sectores como indígenas, afrocolombianos, sindicales; algunos liberales y de la llamada centro derecha. Se plantea entonces como un pacto que, como un contrato social, se construya desde la voluntad mayoritaria.

Así que, el proceso de configuración del pacto constituye en si mismo, no el inicio de un proceso electoral, sino los primeros pasos para refundar legítimamente el país.  El pacto debe entenderse entonces como un proceso social y no como una estrategia electoral; en esa propuesta hay todo un acumulado importante de luchas y de aprendizajes; el acuerdo de paz es parte de ese acumulado.

El reto es entonces sumar a las mayorías a ese diálogo nacional y trabajar no sólo en el voto, sino en la vigilancia, en la denuncia y en la organización. Sobre lo que es posible en cuanto al poder popular y los Estados Unidos, hay muchas experiencias que nos han dado lecciones importantísimas de que los gringos no son invencibles, que la unidad popular lo puede lograr y que hay coyunturas que se pueden prestar mejor para nuestros propósitos y debemos aprovechar.

Sobre Comunes, le comento Geraldine que en la pasada asamblea extraordinaria que mencioné antes, se estableció como mandato colocar toda nuestra fuerza y acumulado en la convergencia. Allí ordenamos a la dirección nacional que en pleno se cree un comité electoral conformado por las direcciones departamentales del partido en todo el país, para junto a nuestros parlamentarios y parlamentarias definir los mecanismos y estrategias para avanzar en los objetivos. La implementación del acuerdo de paz, la seguridad de excombatientes y militantes pasan necesariamente por el cambio de régimen y nuestras miras nunca han dejado de estar en el poder político. Esta es una oportunidad de oro, no en el monte aislados de las mayorías luchando solos y solas contra el mundo, sino en diálogo y trabajo con el pueblo del que hacemos parte.

Tú vives en Venezuela como representante del partido Comunes. ¿Qué actividades realiza el partido y cuál es su análisis de la situación venezolana en el contexto de los constantes ataques que lleva a cabo el gobierno colombiano de Iván Duque?

Soy de la dirección política de una estructura Local del Partido en Venezuela, detrás de ello hay un trasfondo muy bonito, porque hablar de que existe en Venezuela una estructura local, que es una instancia intermedia de toda la estructura orgánica nacional de Comunes, es de alguna manera asumir a Venezuela parte de un mismo territorio. Eso ha surgido sin proponérnoslo sino más bien impuesto por la realidad de la región en la que este país ha acogido una población enorme de Colombia desplazada por la guerra y/o la crisis económica. De otro lado, Chávez sembró un profundo sentimiento de hermandad y nos devolvió en la resignificación de la figura de Bolívar un pasado, glorioso y una proyección común.

En lo inmediato, aquí estamos trabajando con las fuerzas políticas de la colombianidad, el llamado Pacto Histórico que se inició allá, con el objetivo de orientar aquí en Venezuela, el voto colombiano hacía las representaciones que desde el pacto se consensuen. Para ello primero debemos entre otras cosas, emprender algunas acciones para el restablecimiento de los servicios consulares que ha retirado la cancillería colombiana en el marco de las relaciones rotas.

Hemos planteado justamente desde este espacio de convergencia, que, dados nuestros lazos históricos de hermanamiento es urgente que un nuevo gobierno en Colombia, restablezca las relaciones diplomáticas entre los dos países; la actitud hostil del gobierno de Duque, ha afectado profundamente a la gente del común, que no puede gestionar ningún documento, registrar a hijos e hijas o atravesar libremente una frontera tremendamente activa teniendo a familiares y amigos de uno u otro lado del territorio.

Por otro lado, el saboteo a la implementación del acuerdo de paz, que contiene unos mecanismos para combatir a las bandas sucesoras del paramilitarismo, fortalece a estos grupos que, en la frontera, buscan la consolidación de negocios criminales basados en el tráfico de droga, el contrabando, el engrosamiento de sus filas entre la población migrante, entre otros. Si bien el paramilitarismo ya no es una política de Estado en Colombia, “los muchachos” están prestos a cualquier encarguito que les tengan sus patrones políticos de uno u otro lado de la frontera. Para un ejemplo, Guaidó, el autoproclamado, registrado en algunas fotos con los llamados Rastrojos en el 2019.

Se requiere entonces, un gobierno soberano, que no se preste para los planes de otros gobiernos y que respete a su vez, la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. La colombianidad en Venezuela y la enorme población binacional requiere un gobierno que no falsee la historia común de nuestros pueblos y que no aúpe la xenofobia para sembrar el odio y justificar una confrontación militar.

Estamos elaborando varias propuestas y planteando unas mesas de trabajo de la colombianidad en todo el territorio venezolano para trazar unas líneas del programa que debería asumir el candidato a la curul en el exterior y otras propuestas sobre el manejo que consideramos se debe dar a las relaciones con este, que es también nuestro país.

Duque está tratando de embolsarse dinero de Estados Unidos y Europa con el pretexto de los migrantes venezolanos. ¿Cómo viven los colombianos en Venezuela?

La colombianidad como los y las nacionales, sufre los embates de la guerra económica impuesta contra Venezuela, del mismo modo, recibe los beneficios que ha logrado mantener la revolución; recientemente un militante nuestro, víctima del conflicto y refugiado, fue notificado de ser beneficiario de la entrega de vivienda; por allí se sigue avanzando.

También hemos sido llamados por el gobierno, junto con residentes de otras nacionalidades a aportar en mesas de trabajo con propuestas para la construcción del próximo plan de gobierno. Muchas dirigentes barriales que orientan ese proceso desde los territorios son colombianas; ellas dirigen, convocan y trabajan todos y cada uno de sus días como núcleo de la democracia participativa y protagónica planteada en la Constitución nacional.

¿Cuál es la situación de Simón Trinidad, de las y los presos en Colombia y en los EE. UU.? ¿Por qué no fueron incluidos en los acuerdos de paz?

En el marco del acuerdo de paz, los y las camaradas de la dirección hicieron varios intentos de traer nuevamente a la libertad a Simón Trinidad; fue nombrado como vocero de la mesa por parte de las FARC EP, se planteó su extradición por un tercer país; se habló directamente con delegados del gobierno norteamericano y nada fue posible.  El mismo Simón cuando supo que su participación en el proceso fue una condición de la organización para continuar las negociaciones, pidió avanzar en los objetivos superiores como la paz del pueblo colombiano, sin que su liberación fuera un obstáculo.

Refrendados los acuerdos se esperó con gran expectativa que Obama le diera el indulto; el beneficiario fue el dirigente Puertorriqueño Oscar López que también lo merecía. Simón firmó el acuerdo y se acogió a la JEP, por lo que actualmente se exige que se le respeten sus derechos de ex combatiente. Luego del acuerdo las condiciones de Simón mejoraron un poco, puede ver la luz del sol, estudiar y charlar con otros prisioneros, pero, sigue privado de la libertad, por lo que el partido continúa trabajando en su liberación a través de la campaña Simón Trinidad Dignidad es Libertad que seguramente han visto en varios espacios.

La repatriación es posible si el gobierno colombiano la solicita a las autoridades estadounidenses, por lo que tendríamos una luz, si en Colombia el poder político queda en manos de alguien que garantice la plena implementación del Acuerdo, también aquí el Pacto Histórico se nos señala como el camino.

Compañera Geraldine los y las privadas de libertad si se encuentran incluidos en el acuerdo de La Habana. En total han sido liberados desde la firma hasta ahora, 3.365 camaradas y permanecen sin libertad 291, de los cuales 186 son firmantes del Acuerdo, estando acreditados por la Oficina del Alto Comisionado de Paz del Gobierno. No se ha culminado el proceso total por negligencia de este gobierno; los otros están en observación por múltiples causas, delitos cometidos posteriormente a la firma, los jefes o jefas que podrían reconocerlos han muerto, entre muchas otras cosas. Es un proceso complejo.

La situación de estos camaradas es precaria como la de todos y todas las privadas de libertad en Colombia: hacinamiento, falta de cubrimiento en salud, mala alimentación, problemas graves de higiene, hemos tenido casos realmente difíciles con camaradas enfermos, auto cuidándose en medio de la pandemia. Si el país es un desastre imaginen sus cárceles. Eso tiene que cambiar.

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