Opinión

Como un tren

En cuarentena, que hagamos ejercicios para estar fitness, que leamos libros para ser cultos, que cocinemos y bailemos mientras trapeamos. ¿Dormir o hacer siesta? ¡Sería malgastar el tiempo!

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abril 10, 2020
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Como un tren
¡Hágale! ¡Muévase!. En caso de necesitar más tiempo, le ampliamos la cuarentena.

Seguimos en cuarentena, eso lo sabe todo el mundo porque lo sufre, o lo disfruta, dependiendo de varias cosas: la primera, que la situación económica no apriete mucho, la segunda, con quién se comparte el espacio o si se está solo, y la última, de la capacidad interior para resolver el asunto de la soledad física (porque hay soledades peores).

Yo, por ejemplo, en estos días, he venido a pensar que soy como una vieja locomotora, de esas que no hay más en Colombia porque se declararon en obsolescencia cuando se abandonaron las líneas férreas. Me imagino como esas máquinas de trasporte o esas cafeteras ruidosas de los viejos cafés de pueblo, grandes y llenas de humo. Las unas y las otras eran tan llamativas como el humo que salía de sus calderas. Hacían ruido y, de vez en cuando, dejaban escapar un vapor que sonaba como un silbido o mejor como un chirrido que se sumaba al ruido de ese aparato hecho de grueso metal que resbalaba poco a poco sobre rieles oxidados. Lo que me maravillaba más de estas locomotoras era como iban arrancando lentamente, en una sincronizada movilización de ruedas y palancas, al ritmo del vapor y de los resoplidos de la máquina, hasta alcanzar su velocidad de crucero.

La última vez que monté en una de estas maravillas andantes fue, hace muchos años, camino al Cusco. Después encontré una especie de museo en Brasil donde tenían impecablemente mantenida una “María Fumaza”, algo así como “María humeante”; pero, en Colombia, no recuerdo haberlas visto en movimiento desde mi muy lejana infancia.

Me comparo con una de ellas, pero no crean que por vieja o porque ando en silla de ruedas, sino por lo que me cuesta arrancar hacia algún destino o empezar algún proyecto. Me demoro días o semanas preparándome y luego necesito cargarme de algún material que produzca energía para moverme; a la locomotora la cargaban con carbón para irlo encendiendo hasta que el calor hervía el agua de su caldera y la trasformaba en vapor que con su fuerza la movilizaba semejante máquina grandota y, poco a poco, iba ganando velocidad. Pues así soy yo, necesito mucho vapor interior para llegar a alguna parte o hacer algo valioso.

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Cada que uno prende la tele sale el mismo señor de chaqueta marcada, explicando las maravillas que está haciendo contra el virus y la pobreza

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 Lo que hace de carbón encendido, en mi caso, son los compromisos, las fechas impostergables, los días u horas de cierre. Esos deberes que uno TENÍA que entregar o, de lo contrario, perdía la materia. Pero desde que estamos en “aislamiento preventivo obligatorio” o mejor dicho cuarentena, se me acabó ese carbón. Ahora todos los días son iguales, no se distingue el temido lunes del festivo “juernes“; en las noticias los titulares son los mismos, coronavirus y Trump, ya ni siquiera le dan espacio al asesinato de líderes sociales y cada que uno prende la tele sale el mismo señor de chaqueta marcada, explicando las maravillas que está haciendo contra el virus y la pobreza.

Eso sí, las redes sociales van como un tren bala, no como esta vieja locomotora. Van a toda máquina dando instrucciones sobre cómo ser feliz, eficientes y productivos en medio del encierro. Que hagamos yoga y ejercicios para estar fitness, que leamos libros para ser cultos, que dediquemos horas a la cocina y bailemos mientras trapeamos. Que al lavar ropa escuchemos música y, entretanto, ayudemos con las tareas a los hijos o nietos; que instalemos zoom para hacer reuniones con amigos y amigas y nos veamos las nuevas producciones de Netflix; pero antes, siguiendo rigurosamente el pico y cédula, vamos a mercar. ¿Dormir o hacer siesta? ¡Cómo se le ocurre! eso sería malgastar tiempo y, ya nos advirtieron, que no estamos en vacaciones.

Con tanta presión social y con tan poca energía para mover la máquina, me han hecho sentir culpable, como si fuera un parásito o un virus peligroso para Colombia y el mundo. Hay que ser un tren, no una vieja locomotora, de lo contrario… se le tienen consultas virtuales con psiquiatras, terapistas o animadores. ¡Hágale! ¡Muévase!. En caso de necesitar más tiempo, le ampliamos la cuarentena.

www.margaritalondono.com

 

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