Luiz Inácio Lula da Silva, 80 años, fue reelegido este domingo para un inédito cuarto mandato en Brasil, al derrotar a su rival conservador Flávio Bolsonaro en el mayor país de América Latina. El escrutinio se presentó voto a voto pasando de uno a otro ganador hasta que en la recta final Lula empezó a tomar ventaja para llegar al 51,79 % frente a 48,21 % de su contendor.
El líder de la izquierda desafió todos los pronósticos, tras perder en la primera vuelta frente al hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro. Es la primera vez desde la nueva democracia brasileña en que el ganador de primera vuelta no consolida su triunfo en la segunda.
Lula, al lado de su esposa Janja, desde el bunker del PT reivindicó su triunfo dándole crédito a la juventud brasileña y a los adultos mayores por su movilización electoral, celebró la disminución de la abstención como una señal de fortaleza democrática y reiteró que Brasil mantendrá una política exterior independiente, sin "arrodillarse" ante ninguna potencia extranjera.
Flavio Bolsonaro no reconoció el triunfo de Lula , y por el contario anunció que demandará las elecciones, con base en irregularidades
La remontada de Lula
Cómo logró Lula lograr la remontada e imponerse en segunda vuelta es la pregunta de la noche electoral que se alargó dos horas. En 20 días se activó fue la capacidad de movilización del Partido de los Trabajadores (PT) en regiones tradicionalmente favorables al partido. La campaña logró poner a marchar una extensa red de dirigentes locales, movimientos sociales y simpatizantes que trabajaron intensamente para aumentar la participación electoral.
Ese objetivo se logró. La abstención, que en la primera vuelta había alcanzado el 21,08 %, descendió al 19,21 % en la segunda, una reducción de 1,87 puntos. La movilización de votantes ausentes se convirtió en una de las prioridades de la campaña petista, que buscó llevar nuevamente a las urnas a millones de brasileños que no habían participado en la primera ronda.

Esto se vio en la recta final de la campaña marcada por multitudinarios actos públicos. Lula realizó actividades en Río de Janeiro y cerró oficialmente su campaña con una gran movilización en la Avenida Paulista, en la ciudad de São Paulo, donde miles de seguidores se congregaron para expresarle su respaldo. La jornada fue considerada una demostración de fuerza política y una muestra de la capacidad de convocatoria del mandatario en un momento decisivo de la contienda electoral.
Además de los actos presenciales, la estrategia digital desempeñó un papel clave. La campaña combinó las movilizaciones callejeras con una intensa actividad en redes sociales y plataformas de mensajería, buscando llegar a votantes indecisos y contrarrestar los mensajes de la oposición. Según diversos reportes, uno de los instrumentos más destacados fue la activación de canales de comunicación directa con millones de seguidores.
La campaña se volcó en los jóvenes, cuando antes había dado el énfasis a los adultos mayores, y según el mandatario reelecto su vicepresidente Geraldo Alckmin, tuvo parte importante del triunfo, como le agradeció en la tarima.
Para dar vuelta al resultado de la primera vuelta, Lula multiplicó en la recta final medidas populares, muchas de ellas costosas: aumentó las partidas del Bolsa Familia, su programa social estrella destinado a las familias más pobres, impulsó la aprobación de una reforma constitucional que reduce la jornada de trabajo y otorga a millones de brasileños un día adicional de descanso semanal.
También enarboló la bandera de la soberanía, acusando a Donald Trump de querer entrometerse en la votación. Una de sus frases más citadas fue "Brasil es bueno, solo que no se pondrá de rodillas ante el gobierno estadounidense", Esa misma la reiteró en su discurso de ganador.
Trump y Javier Milei que apoyaron públicamente a Flávio Bolsonaro se encuentran con este resultado que las encuestadoras no vaticinaron. Casi todas coincidían en un empate, pero las pequeñas las diferencias eran a favor del candidato conservador del Partido Liberal.
Con el triunfo de Lula, Brasil se desvía del giro a la derecha que han dado países como Argentina, Chile o Colombia, respaldados por Washington, y se mantiene como uno de los pocos bastiones de izquierda en la región.
Los resultados favorecieron a quien ya es uno de los dirigentes más longevos del mundo, que tendrá 85 años al término de su nuevo mandato en 2030 y habrá acumulado así 16 años en el poder, tras un primer período en la presidencia de 2003 a 2010, consolidando su partido de izquierda que por ahora solo tiene un nombre: Luiz Inácio Lula da Silva.
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