Colombia, un país con visión de violencia

¿Por qué se privilegia la idea de un país en guerra sobre la de uno en paz?

Por: ALFREDO ANTONIO DE LEÓN MONSALVO
abril 08, 2021
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Colombia, un país con visión de violencia

La crisis del coronavirus en Colombia, y la incapacidad de no haber contratado a tiempo con las multinacionales de las vacunas, y peor aún, en no contar con un efectivo plan de vacunación con las escasas miles de dosis que han llegado el país hasta ahora, pone a las claras que el bloque de poder dominante en nuestro país, o eso que se autodenomina “clase dirigente”, no tiene idea de los que es una “visión de país”, y mucho menos, lo que es contar con un “proyecto histórico de nación ” a largo plazo.

Lo que se conoce, o autodenomina “clase dirigente”, no es más que un sector dominante en determinados momentos de nuestra historia. Lo fueron los comandantes de la independencia, que de inmediato de esta se apoderaron de tierras y propiendas de los españoles, y de troperos pasaron a ser “clase dominante”. Continuaron los golpistas del siglo XIX. Hoy es la representación del capital financiero con el Grupo Aval a la cabeza de su propietario Luis Carlos Sarmiento Ángulo y otros, acompañado de un grupo terrateniente con visos paramilitares, así como de unos seudo industriales el sector dominante del país. Dijo seudo, porque Colombia de industrialización muy poco, ya que al hacer un balance de nuestras exportaciones, nos encontramos con los mismos productos primarios exportables de hace décadas.

Esa seudo clase dirigente históricamente no ha proyectado un país con rumbo definido, y mucho menos ha tenido un plan elaborado a largo plazo como proyecto histórico de Nación. En los inicios de la República nunca llegaron a existir vías que conectaran al país. Hubo proyectos de vías, navegación y ferrocarriles, pero todos fracasados. La pérdida de Panamá demostró que la dirigencia nacional de finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue incapaz de todo. Es más, después de 202 años, seguimos hablando de vías, y hoy, ni siquiera la Ruta del Sol, por donde entra y sale la carga de los puertos de la costa Atlántica se ha construido en su totalidad. Por el contrario, es el foco de corrupción marca Odebrecht, que junto con Reficar son los más grandes descalabros de corruptela de nuestra historia, no solo económicamente, sino también políticamente.

De industrialización, igual o peor. Salvo el plan diseñado por la Cepal para toda América Latina, el de “sustitución de importaciones”, el cual permitió que con apoyo estatal se constituyeran una serie de empresas, desde fabricación de maquinaria hasta productos alimenticios, para que después, durante el gobierno de Cesar Gaviria, con su eslogan “Bienvenidos al Futuro”, echara por la borda lo poco hecho, en medio de una feria de liquidaciones costosas. Lo que hoy existe como empresas, son meras producciones para el consumo nacional, con productos caros, que no son competitivos ante la producción china.

De Educación, ciencia y tecnología ni hablar. Más allá de la construcción de las universidades Nacional, hoy convertida en tugurio, la de Antioquia y UIS, en el país no se ha construido un aula más desde los años 70 del siglo XX. La calidad de estos centros subsiste gracias a la vocación franciscana de sus docentes. De ciencia y tecnología, ni hablemos de inversión. Eso no existe. Y peor aún, un gobierno que prefiere gastar 4.000 millones de dólares en aviones militares con el supuesto de defendernos de Venezuela, define que somos en materia científica.

Un proyecto histórico es la proyección de un país a futuro, donde desde las instancias de poder, en estos casos el bloque de poder dominante, se fijan metas conducentes a crear condiciones para la acumulación y reproducción del capital. Un proyecto histórico es un “salto cualitativo” por medio del cual los grupos de ejecutantes pasan a ser dirigentes, superando sus reivindicaciones locales, inmediatas y parciales, meramente gremialistas o corporativas, para adoptar puntos de vista y planteamientos más globales, en concordancia con las exigencias estratégicas del cambio radical de la producción mundial.

Corea del Sur después de la guerra de los años 50 del siglo pasado definió que tenía que desarrollarse. Quien lo creyera, Colombia en los años 60 del siglo XX gozaba de mejor desarrollo que este país. Pero Corea se unió, entendió que la educación de calidad era el pilar para salir adelante y hoy es de uno de los países con mejores resultados en las pruebas Pisa. Por otro lado, el Estado emitió dinero a fin de apoyar a los grupos empresariales dominados por familias, conocidos como "chaebol" y que hoy vemos representados en Samsung y LG. Igualmente hay que resaltar, que el Estado central dio ayuda y protección a sectores claves de la economía, como la industria pesada, pero exigiendo al mismo tiempo resultados de eficiencia y de responsabilidad social a los empresarios privados que recibieron esos subsidios.

Al igual que Corea del Sur, hoy casi todo el Sudeste asiático, y quien lo creyera, hasta Vietnam, país que salió hace unas décadas de una guerra que destruyó por completo el país, y hoy compite de tú a tú en el mercado mundial con amplias y desarrolladas zonas francas, han desarrollados planes estatales como proyectos históricos de nación a fin de competir en los mercados mundiales. Y lo han logrado.

De Japón no se diga. Después de la Segunda Guerra Mundial diseñó su plan de desarrollo, e incluso, en los años 60 y hasta 70 del siglo XX en Colombia se burlaban de los productos japonenses como radios, equipos de sonido y cámaras fotográficas. Un radio Sanyo era mirado con desprecio por los colombianos. Hoy Japón no produce artículos de uso y consumo, más allá de sus vehículos, su industria es de primer orden en el sector de maquinarias para la industria y las nuevas tecnologías.

De China, no hablemos, en 1978 esta gran nación apenas comenzaba a dar los primeros pasos de lo que hoy es la primera potencia mundial productiva en todos los campos, incluso, llegando al planeta Marte, y ya casi pisando la Luna. Tengamos presente que hoy China cuenta con la mayor reserva de bonos del tesoro de los Estados Unidos, y ha colocado a los dirigentes gringos a hablar mandarín. Todo esto lo inicio con llegada al poder de Deng Xiaping, quien después de los rotundos fracasos maoístas de años atrás dijo, “no me importa que el gato cace ratones blancos o negros, lo que me importa es que case.

China ha seguido con la planificación económica, pero ahora sobre la base no de una economía socialista, sino de una economía capitalista de libre mercado. El Estado controla y vigila, pero las fuerzas del mercado imponen su ritmo. Entendió su principal necesidad: abrirle la entrada a los capitales extranjeros y a la inversión. En su estrategia aplicó el desarrollo de zonas económicas especiales, lo que en América Latina se conoce como 'zonas francas, las cuales gozan de privilegios arancelarios.

Mientras los anteriores países, como ya anotamos, en los años 60 del siglo pasado estaban detrás de nosotros, hoy nosotros seguimos peor que el siglo XIX. Si el siglo XIX fue un siglo de guerras civiles, el siglo XX y lo que llevamos del XXI, nos caracteriza por privilegiar la muerte, el asesinato, el robo a las finanzas públicas y el clientelismo, como la razón de ser de nuestro Estado.

Cuando creíamos que todo lo habíamos visto y padecido, y cuando el acuerdo de paz con las ex FARC nos ilusionó con un país mejor, caímos nuevamente en el barranco de la violencia. Hoy Colombia es una país anestesiado, donde a ninguno colombiano le importan 6402 asesinatos comprobados en 8 años gobierno Uribe, más de 200 asesinatos de líderes sociales en lo corrido del gobierno Duque en 2 años y medio, y donde una seudo clase dirigente se enroca en sus pingues privilegios de subsidios y coimas, mientras la inmensa población, unos 35 millones de habitantes, de los 52 que tiene Colombia a la actualidad, viven del sisben. Su clase media se ahoga en deudas en medio de una pasividad total, los mejores jóvenes profesionales salen del país, y el campo al tiempo que es improductivo, vuelve a ser escenario de guerra.

¿Pero por qué Colombia privilegia la guerra a un país en paz que visione su futuro hacia el desarrollo del siglo XXI? Se podría decir porque al reducido bloque de poder le ha sido rentable mantener a la población sumida en el miedo, dislocada, individualizada y en pleno rebusque diario, con lo cual, en la medida que crea enemigos internos y externos, no deja organizar a la sociedad en torno a una nueva visión de país democrático. Se acepta la democracia, pero con elecciones amañadas, y se copta a los políticos con clientelismo, y se asume que más vale la sangre gota a gota que un nivel de población pensante que se les salga de las manos al poder hasta hora reinante. Esto se palpa cuando la economía colombiana lleva décadas sustentada en los 4 grupos económicos de siempre.

Por el momento, y casi con un fascismo expresivo en una dura concentración de todos los poderes en torno al señor de la política y la guerra de los últimos 20 años. La juventud en Colombia parece no tener futuro. Los mejores profesionales emigran, los de escasa educación se rebuscan, y otros, los sin suerte, no saben qué hacer.

En su momento el periódico del hoy Grupo Aval señalaba: Falta de liderazgo de la clase dirigente. Nuestro país no ha contado con líderes que convoquen a toda la población sin distingo de partidos o regiones alrededor de un gran objetivo que comprometa a todas las fuerzas vivas de la nación. El sector privado ha carecido de lucidez y astucia para afrontar las diversas condiciones que aparecen con el cambiar de los tiempos. En conclusión, nuestra clase dirigente ha demostrado una mentalidad parroquial, mezquina y cortoplacista[1].

El historiador Jorge Orlando Melo decía al respecto: “Es necesario también que el sistema político refuerce sus elementos participativos y su capacidad para resolver los conflicto, buscando el acuerdo y no la confrontación mediante la fuerza, si no queremos seguir conviviendo con un elevadísimo nivel de violencia, para el cual están sembradas las semillas y creadas las condiciones”[2].

Otra vez parece que el desarrollo nos ha dejado, con tan mala suerte, que ya no tendremos tiempo para enderezar el futuro, y como dijo García Márquez en Cien años de soledad: “Era lo último que iba quedando de un pasado cuyo aniquilamiento no se consumaba, porque seguía aniquilándose indefinidamente, consumiéndose dentro de sí mismo, acabándose a cada minuto pero sin acabar de acabarse jamás.” Esto es Colombia. Donde el centro político no existe, la izquierda se revienta consigo mismo y la derecha reina en el lodo de sangre de la violencia imperante como razón y visión de Estado. Por ahora parece que la sangre es nuestro destino, y como dice Piedad Bonnett en Cuestión de estadísticas, seguiremos contando muertos, en vez de contar educación, ciencia, industrial, empleos… desarrollo y democracia:

Fueron veintidós, dice la crónica.
Diecisiete varones, tres mujeres,
dos niños de miradas aleladas,
sesenta y tres disparos, cuatro credos,
tres maldiciones hondas, apagadas,
cuarenta y cuatro pies con sus zapatos,
cuarenta y cuatro manos desarmadas,
un solo miedo, un odio que crepita,
y un millar de silencios extendiendo
sus vendas sobre el alma mutilada.

[1] Falta un proyecto de futuro

[2] Las perspectivas de cambio futuro en Colombia: mucho más de lo mismo, algunas cosas nuevas

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