Colombia, tu apatía me da asco

"La indiferencia es una agresión y un enemigo por vencer, que, entre otras cosas, genera una fragmentación en la lucha por unas condiciones de vida dignas para todos"

Por: Andrea C. Briceño Moreno
mayo 25, 2021
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Colombia, tu apatía me da asco
Foto: Nelson Cárdenas

“La vaca del doctor vale más que la vaca del señor”, me dijo alguna vez José María Muñi (mi señor padre), quien llegó a pertenecer a lo que hoy representa el 9.1% de la población colombiana, según el censo que hizo el Dane en 2019. Esa misma generación que muchas veces se caracteriza por tener posturas extremas, clasistas, coloristas y nefastas. Tóquele la lengua a uno de estos personajes sobre temas controversiales y, posiblemente, lo que escuche podrá carecer de muchos filtros. Por ende, es común que varias familias colombianas eviten conversaciones acerca de religión, política y futbol, ya que seguir estas reglas tácticas es esencial para preservar la convivencia y la tolerancia ante diferencias de opinión.

Mi papá era el rey de los dichos y uno que describe a la perfección la razón por la cual sus verdades generacionales eran tan absolutas es: El color de la vida depende del color del cristal con el que se le mire. Todo es cuestión de perspectiva. Si metemos un elefante en un cuarto a oscuras y le pedimos a 5 personas posicionadas en diferentes ángulos que definan lo que hay en el cuarto basado solo en lo que pueden percibir con el tacto, algunos hablarán del rabo, a otros les tocará describir el moco, a unos orejita, etcétera. Cada uno describirá el objeto basado meramente en lo que percibe y, aunque todos y cada uno tienen una versión diferente, no significa que esa represente toda la verdad. Así puede pasar con cualquier situación, especialmente cuando se ha fijado una posición basada únicamente en la perspectiva a la que estamos expuestos y esa, a su vez, esté compuesta solo de la opinión de aquellos que nos rodean y nos influencian. Sinceramente, se vuelve imposible ver de manera imparcial la historia completa y creo que en el caso de Muñi y su generación, parece que el énfasis de su formación ideológica no era precisamente cuestionar, sino limitarse a tragar entero una verdad embutida a la brava, basada enteramente en la opinión de quienes los criaron. Ay de que se ponga chistosito porque ¡Lo enciendo a juete!

Y ¿Cómo juzgarlos? La generación de mi papá fue criada a punta de odio, juete y rechazo a lo “anormal”. Cualquier ideología diferente a la inculcada en casa era prácticamente pecado, so pena excomunión. O sea: ateos, godos, liberales, subversivos, judíos, comunistas, negros, homosexuales, indígenas, hippies, pobres, cristianos de iglesias de garaje, entre otros, ¡Todos pa’l infierno! Como dice una amiga: Nuestros papás comen con cubiertos de puro chepazo.

Esa misma generación vivió tan de cerca La Violencia y tuvo que haber definido rapidito el valor de la vida en este país, postura influenciada por la indoctrinada tan verraca con la que los criaron. Me imagino que muchos dedujeron que la vida en Colombia era desechable, aunque no me extrañaría ver que n otros hayan asociado La Violencia con alguna ira de un dios ofendido, o inclusive llegar a culpar los muertos por ser liberales/godos... Lo único cierto es que, históricamente en este país, el valor de la vida depende de quién sean los muertos; al fin y al cabo, la vaca del doctor es evidentemente más valiosa que la vaca del señor. En un país donde decenas de muertos se ha convertido en la normalidad diaria, volverse insensible ante estos hechos puede convertirse en un mecanismo de defensa. A eso adiciónele años de imparcialidad arraigado en creencias retrogradas.

A la generación de mi papá la criaron bajo el dogma que hay que respetar a los mayores en edad, dignidad y gobierno, ideología que, hasta la fecha no logro entender. Le pregunté a varios amigos de identidad híbrida colombo-canadiense (así como yo), que si ellos sabían lo que significaba respetar en edad, dignidad y gobierno. Más de uno me contestó: What the hell does that even mean? (¿Qué putas se supone que significa eso?).

Concluimos que:

1. En edad: Bueno, alguien mayor que uno.

2. En dignidad: ¿Cómo se mide la grandeza de la dignidad de cada quién y por qué la de otro es más grande que la mía? Y ¿Quién es usted para evaluar mi dignidad y quién soy yo para calificar la suya? ¿Qué vendría siendo la dignidad exactamente?

3. En gobierno: ¿Cómo así? O sea que, si uno no está en el gobierno, ¿Está jodido? Lo único cierto es que tengo la certeza de que el títere que “lidera” este país no es mejor persona que yo por el simple hecho de ser presidente. Entonces ¿Hay que respetar basado en posición privilegiada porque ajá? ¡La madre!

Opino que la generación de mi papá careció de amor cuando eran chiquitos, o por lo menos así hice las paces con las diferencias generacionales irreconciliables entre Muñi y yo. No lo culpo por pensar así, eso fue lo que le indoctrinaron toda su vida.

Cuando nos cambia la vida

Hace más de una década tuve una conversación muy fuerte con mi papá, luego de contarle a mi mamá un hecho que me marcó la vida y fijó la perspectiva sobre lo que vale de la vida en el país donde nací. Resulta que hace 10 años, gracias a la intensidad de mi papá, hice el internship del posgrado en una organización increíble liderada por la Mujer Cafam 2011, Ruth Consuelo Chaparro. ¡Qué gran mujer! Durante seis meses volví a vivir en Colombia, después de 10 años en la diáspora y reconecté con un país al que no conocía. Fue mágico y a la vez muy triste.

Adoro la música, y tengo clarísimo que, si el crossover fuese una persona, probablemente sería yo. En una hora no es poco común que Spotify me tire: Burzum, Lakmé, J Balvin, Emile Bilodeau, Sheppard López, Nortec, Rihanna, Astor Piazzolla, Johnny Rivera, Mayhem, Diomedez, LP, Los Pibes Chorros, Dead Kennedys, Ana Tijoux, Satyricon, Guayacan, Skrillex, Lizandrito Meza, Muse, Caifanes, Snoop Dogg, Silva y Villalva, Tarkan, Die Antword, The Doors, Camilo Sesto, Lady Gaga, Pavarotti, entre una cantidad de otros artistas y géneros musicales que me fascinan.

Una de mis grandes pasiones musicales ha sido el metal e idolatro la escena colombiana ya que, si uno quiere escuchar metal en Toronto, le toca ir a la casa de Andrés Castro y eso es solamente por invitación. De resto, pailander. Cuando escuché hablar de un lugar mágico llamado Cuadra Picha, la zona rosa del sur de la capital, en donde me dijeron que encontraría más de una docena de bares en dónde suena Napalm Death, supe que era imparajitable llegar lo antes posible. Después de dar mucha lora con el cuento, alguien se apiadó de esta humilde alma crossover y me llevó al rottenblock, al cual siempre recordaré con mucho cariño.

La segunda vez que fui a Cuadra Picha conocí gente increíble con la que aún perdura una amistad entrañable. Esa misma noche también estuve en primera fila viendo como una víctima de la violencia cultural absurda de este país se me moría en los brazos, mientras cientos de personas pasaban como si nada. Vi cómo se lo llevó un carro de la policía, al que quise subirme, pero no lo hice. Vi como su sangre se convertía en un charco más sobre en anden y nadie más que yo lo notaba. Los transeúntes pasaban como si nada y yo paralizada; fuera de mí. El taxista que me recogió me ofreció un cigarrillo después de ver la cara que traía, me dijo que cuando llegara a la casa me lavara las manos y no me tocara la cara. Lo que vi cuando me paré frente al espejo fue un cuello y un abrigo cubiertos de sangre. Después de eso ¿Quién duerme?

Hablé con un amigo en Toronto por Skype hacia las 4 de la mañana y luego llamé a mi casa. Hablé con mi mamá quien solo me preguntaba si YO estaba bien. Pues bien, lo que dicen ¿bien? Físicamente, estaba bien. Mentalmente, estaba llevada del putas. Me dijo que habláramos más tarde. Cuando me pareció más tarde, volví a llamar y le conté lo que me había pasado:

Fui a un concierto de metal en cuadra picha, hacia las 2am el barman dijo que le colaboráramos con la salida, colaboré con la salida y apenas puse un pie afuera del bar, había un man tirado boca arriba desangrándose por la cabeza. Al lado, había un mechudo que suplicaba ayuda. Ante eso, traté de mantener al tipo despierto mientras también gritaba. El mechudo se esfumó y me quedé con este man en mis brazos, mientras la sangre no paraba. Cuando vi una camioneta de la policía, traté de levantarlo, pero era muy pesado. Ante la escena, se vinieron dos tipos a ayudarme a subirlo. La insensibilidad de la policía no se hizo esperar y lo agarraron del cuello de la camisa, cual muñeco. Les grité que eran unos insensibles. Me dolió en el alma no poder hacer más. Cuando se lo llevaron, quedé paralizada quién sabe por cuánto tiempo. Solo pensaba: este man debe tener familia, mamá, ¿Qué tal que tenga una pareja y, por qué no, hijos? No tengo a quién avisarle. Colombia, tu apatía me da asco.

Cuando mi papá supo lo que me había pasado dijo algo que terminó con las palabras: esa gente… Acentuación que pronunció una vez más, hasta que se me saltó la tapa y le dije: Papá, esa gente no. Nosotros. Me dijo que la había sacado barata, que me habrían podido judicializar por el simple hecho de estar ahí y que cuando se dieran cuenta que mi familia vivía en Canadá, podrían llegar a extorsionarnos. Mejor dicho, qué demente yo por tratar de ayudar a alguien que se estaba muriendo injustamente. ¡Qué bestia!

A los días, fui a almorzar con mi padrino, uno de esos bogotanos, bogotanísimos, de esos chatos finísimos ala. Ese mismo que te dice:

Andreita querida, esos indios… perdón, esos indiazos, porque con los que tú trabajas son indígenas ala…

Mientras lo veía comer sushi con tenedor en algún restaurante en la Macarena, le conté lo que me había pasado y me dejó sentada cuanto me dijo:

¡Qué bruta! ¡Cómo se te ocurre ponerte en una situación así! Blah blah blah judicializar blah blah blah los indiazos….

¿En serio estoy tan demente? Aparte ¿Por qué la palabra indio sigue siendo utilizada como adjetivo calificativo en grado peyorativo? Que un sueco me diga india patirrajada, entiendo, mas no lo justifico. Pero que un colombiano fruto del cruce entre indígenas, esclavos y españoles, quienes a través de las generaciones se han vuelto mulatos, zambos y mestizos, use la palabra indio como ofensa es imperdonable.

¿De dónde viene mi desconexión?

Un año antes de regresar a Colombia, me gradué de la Universidad de Toronto con un énfasis doble en neurociencias y psicología y un minor en religión, con enfoque en hinduismo. También tuve la oportunidad de estudiar francés, alemán, japonés, ciencias políticas, fotografía entre otras cosas. En psicología social, tocamos un tema llamado el Efecto del Espectador el cual explica que es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando se sabe que hay más personas alrededor, ya que se puede llegar a suponer que alguien más hará algo al respecto.

El caso más famoso es el de Kitty Genovese, una mujer que fue acuchillada en 1964 por un violador y asesino en serie. Según cuenta la presa de aquellos tiempos, la matanza no fue un momentico. O sea, a la vieja la apuñalaron durante 30 minutos. El tipo la atacó y cuando vio que estaba dando visaje con los vecinos, se fue. Diez minutos después, me imagino que cuando le pareció que se había calmado la vaina, volvió y acabó con el asalto. La prensa informó que hubo 38 testigos quienes escucharon o inclusive vieron lo que sucedía, pero a ninguno se le ocurrió intervenir o entrar en contacto con la policía. ¿Qué pensaban esas 38 personas? La vieja está gritando durísimo, seguro alguien ya llamó a la policía… Ay apatía.. Perdón, efecto del espectador. La situación conmocionó a los norteamericanos y muchos aseguraron que los Estados Unidos se habían convertido en una sociedad fría y sin compasión.

Ante un “entrenamiento” académico tan textual, ¿Cómo era posible que yo siguiera con mi camino, como si nada estuviese pasando?

No había poder humano.

No me arrepiento de lo que hice y, si volviese a pasar, lo haría de nuevo. La apatía es cómplice del atropello y, personalmente, no podría vivir pensando qué hubiese podido pasar si no hubiese hecho algo. Al pasar de una semana, una persona que también había estado en el evento me contó, muy casualmente, que el man de cuadra picha se había muerto. Entré en crisis, me descompuse inmediatamente y lloré, ante lo cual esta persona me preguntó si yo lo conocía. Yo lo recogí. Yo lo mandé en un carro de la policía porque pensé que eso salvaría su vida, nadie me preguntó nada y yo ni siquiera supe su nombre. Colombia, tu apatía me da asco.

El paro nacional

Dentro del actual contexto del paro nacional, más que nunca, me da asco la indiferencia de este país, especialmente ante las razones que causan indignación a la sociedad que, sin nada más que perder, decide salir a marchar en medio de una pandemia. Solo unos pocos -afortunadamente- se han ofendido por las protestas, quejándose de manera déspota y buscando invalidar el paro al tildar de "vándalos" a aquellos que plasman sus frustraciones en grafitis sobre las paredes de un país teñido de sangre. Esta es una actitud que aún no logro entender.

Mi papá, en su eterna sabiduría, contaba una anécdota que contextualiza la desproporción tan verraca en la mentalidad de los indignados por unas paredes ralladas. Una señora se encuentra con una amiga y está le pregunta:

- ¿Y esa cara?

- Es que se me murió mi marido.

- Eso no es nada, a mí se me robaron la licuadora...

Contra lo absurdo no procede nada.

El paro nacional me agarró en Armenia (Quindío), en donde ando temporalmente radicada desde octubre del año pasado. Curiosamente, según el censo que mencioné al principio, el departamento que más envejecimiento ha desarrollado es Quindío, donde por cada 100 jóvenes entre 0 y 15 hay 72,2 colombianos mayores de 65 años. Esos de la escuela de la edad, dignidad y gobierno y perspectiva déspota y elitista.

Antes de las protestas, me había topado con personajes bastante nefastos, de esos que piensan que los pobres tienen la culpa de ser pobres, que si gana la izquierda les van a expropiar su vida por culpa del cAsTrOcHaViSmO y que quieren ver en una una aliada a su causa arribista basándose meramente en el poder adquisitivo, lo cual obviamente no funciona así. Pensé que había tenido pésima suerte al toparme con tantos personajes que piensan así, hasta que vi el cubrimiento de los primeros días del paro, en donde Ariel Ávila comentaba que Armenia siempre ha apoyado incondicionalmente al gobierno de derecha acolitado por la élite cuyabra, conservadora, acomodada y corrupta. ¡Con razón la gente se jacta de ser uribista! Lo más triste es que en Armenia, la población se distribuye 55 % en estratos 1 y 2, 40 % en estratos 3 y 4, mientras que solo un minúsculo 5 % vive en estratos 5 y 6. No hay nada peor que un pobre que piensa que tener un iPhone sacado a 36 cuotas y un carro de media gama gracias a un ChevyPlan de crédito le da derecho a ser arribista.

El día que una de las primeras marchas del paro pasó por mi casa, vi pasar a más de mil personas. Salí a acompañar desde lejos y ver la indignación de la gente me dolió ahí al ladito de la patria. Sentí muy de cerca su inconformidad con un gobierno clasista, desconectado de la realidad que enfrenta la mayoría de los ciudadanos que viven del rebusque, que viven para trabajar en un país donde nadie es imprescindible; todos víctimas de la corrupción de este platanal. Cuando me devolví al edificio, vi que a la distancia había como 20 policías “escoltando” la protesta. A pesar de que su presencia me molestó, lo que más me hirvió la sangre fue ver 5 gatos aplaudiéndoles desde la puerta del edificio, diciéndoles: Gracias por cuidarnos. En serio, ¿Creen ustedes que porque viven en un edificio de estrato 6, la realidad del país no les afecta?

No hay nada peor que un colombiano que cree estar exentado de la problemática del país, especialmente cuando hablamos de agregarle un impuesto del 19% a elementos de la canasta básica familiar, así como al agua, luz, gas, internet y servicios fúnebres, mientras que la economía se ha desplomado 6.8% y hay 4.1 millones de colombianos sin trabajo. ¿Cómo pueden ser tan indiferentes sabiendo que 2.3 millones de hogares solo comen dos veces al día? ¿Cómo les puede vales verga que 5 millones de colombianos solamente coman una vez al día? ¿Cómo ignorar una peligrosa reforma de salud que busca lucrarse descaradamente sin garantizar mejoría a la calidad del sistema de salud? ¿Cómo ser indiferente ante un impuesto de renta para aquellos que ganan más de USD$663 cuando el salario mínimo está en USD$234? Estas reformas abusivas nos afectan a todos, puede que no directamente, pero sí perjudican a la gran mayoría de la gente que nos rodea.

En el país de la apatía que sabe a popó, aquellos que toman decisiones no podrían estar más desconectados de lo que cuesta vivir en este país. Al mamarracho de exministro de hacienda le vale tres hectáreas de verga lo que cuesta una docena de huevos, ya que por su mediocre labor recibe USD $5,360 al mes y muy jocosamente dejó saber que, hace mucho no compraba huevos. Claro, para un tipo que piensa que una caja de huevos cuesta USD $0.50, un salario de USD $234 es, valga la redundancia, un huevo de plata. Así mismo, el títere que “gobierna” este platanal piensa que, si usted trabaja en una panadería, probablemente se gana un salario promedio de USD$544. Basado en esa lógica, con razón la vicepresidenta dice tan cínicamente que los pobres están llevados del putas en la pandemia por no ahorrar… El cinismo de este país no tiene límite y eso que se supone que estos ampones fueron elegidos para velar por los intereses de la gente. Con razón están tan indignados con las protestas. Colombia, la apatía de tu gobierno me da asco.

Como si eso fuese poco, el director del Dane salió a decir que si uno vive en el campo y recibe USD $51.74 al mes ya no es considerado pobre. ¿En qué mundo vive esta gente? Aquellos que viven de la tierra necesitan comprar insumos, los cuales cada vez están más caros. Luego, debe entrar a competir con productos importados disponibles a una fracción de lo que ellos podrían vender los suyos, ya que las multinacionales prefieren importar la materia prima que comprarle a los campesinos colombianos. Dentro del contexto de una sociedad capitalista transnacional, definitivamente la vaca del doctor sigue valiendo más que la vaca del señor.

El valor de la vida

Lo más triste es que el valor de la vida en este país no es algo que se respete. Volviendo a evocar el cuento de que la vaca del doctor y la del señor, el mismo silogismo aplica con los asesinatos por parte de la fuerza publica en el marco del paro nacional. Los héroes de la primera fila de resistencia, quienes en su gran mayoría se han manifestado pacíficamente así estén dispuestos a dar la vida por hacer justicia, han sido brutalmente atacados por las fuerzas empleadas por el gobierno. En Popayán, el estado empleó el sistema Venom, el cual es cuestionado por varias organizaciones entre ellas Human Rights Watch, quien ya había denunciado su uso para dispersar multitudes y había corroborado que también en Bogotá la fuerza pública ha usado tanquetas con esos proyectiles dirigidos a manifestantes; algo considerado como un crimen de lesa humanidad.

Según el Acuerdo de Londres de 8 de agosto de 1945, el mismo que estableció el Tribunal de Núremberg, los crímenes contra la humanidad fueron definidos como el "asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, o persecución por motivos religiosos, raciales o políticos, cuando dichos actos o persecuciones se hacen en conexión con cualquier crimen contra la paz o en cualquier crimen de guerra".

Durante las 3 semanas que lleva el paro se han visto: asesinatos, agresiones físicas, detenciones arbitrarias, desapariciones, abusos sexuales, infiltración de agentes y de civiles armados. Estos y otros señalamientos se ciernen sobre la Fuerza Pública y las autoridades colombianas. Por ende, el 14 de mayo, el gobierno colombiano fue denunciado ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, en cabeza del títere presidencial, el ministro de defensa, el comandante del ejército y el director de la policía.

Para rematar, hemos visto a la “gente de bien”, quienes creen tener a Dios a su favor y quizá eso les permite darse licencias como disparar armas, por ejemplo. En Cali, entre disparos y gritos le gritaban a los indígenas “¡fuera indios!”, mientras veíamos como estos ciudadanos “de bien” le disparaban a la Minga, un símbolo de resistencia y vida. En un reportaje televisivo de Noticias Caracol, se habló de un enfrentamiento entre "ciudadanos e indígenas", negando de hecho que los indígenas también puedan ser ciudadanos. En las palabras de Fabian Mulcue, miembro de la Guardia Indígena del Cauca: "Mucha gente nos dice que somos parte de la guerrilla, la guerrilla nos dice que somos agentes del Estado. No quieren entender que nos defendemos por nosotros mismos".

Paisano, si usted es de los que usa la palabra indio de manera despectiva, no se avergüence de sus raises indígenas. El suelo que sostiene esta nación, así no le parezca, es indígena. Si usted piensa que hubo un enfrentamiento entre “ciudadanos e indígenas”, lo invito a reevaluar su privilegio y a cuestionar su prejuicio, ya que puede que usted esté contribuyendo a la propagación del colorismo, problema que afecta a la identidad multicultural y pluriétnica de este país.

En una nación en donde los medios tradicionales tildan a los protestantes de vándalos, revoltosos motivados meramente por la violencia, poniendo en segundo plano las razones por las cuales la gente está protestando, no es solo irresponsable, sino que también es incendiario. ¿Por qué no cuentan que hay policías infiltrados en las manifestaciones, con el propósito de desestabilizar la situación? ¿Por qué no cuentan como la fuerza pública está sacando a los muchachos de sus casas para llevárselos sin garantía de que vuelvan? ¿Por qué a Brahian Rojas de 26 años en La Virginia, Risaralda, se lo llevó la policía sin razón alguna y apareció muerto en Antioquia? Claro, en este caso la vaca del doctor sigue valiendo más que la vaca del señor. Colombia, la apatía de tu gente “de bien” me da asco.

Querido paisano “de bien” exento a la situación actual, lo invito a que se despoje de su posición de privilegio, adopte un poco de empatía y deje el arribismo injustificado ante una situación que alimenta esa desastrosa memoria individual del colombiano privilegiado quien, desde su posición social, decide ser pasivo ante la tensa situación actual. La indiferencia también es una agresión y un enemigo por vencer, que, entre otras cosas, genera una fragmentación en la lucha por unas condiciones de vida dignas para todos; no solo para aquellos que las puedan pagar.

 * Fundadora del Covidiario (junto a Alejandro Libaque). Soy una ciudadana colombo-canadiense viviendo en Colombia a raíz de la pandemia. Me duele mi gente, me duele la indiferencia, detesto las divisiones socioeconómicas de este país y el eurocentrismo que se propaga ciegamente, dejando en último plano todo lo producido en Colombia. He sido migrante hasta en mi propio país.

Académicamente, la lista de elogios es larga. Me gradué con un HBSc de la Universidad de Toronto en Neurociencias, Psicología y Religión. Hice un posgrado en Gestión de Desarrollo Internacional (IPMP) en el Humber College de Toronto y me gradué de Aplicaciones de Internet y Desarrollo Web del Fanshawe College en London, Ontario, Canada. Tuve la oportunidad de representar al Fanshawe College en el intercambio cultural en la Universidad Cristiana de Ibaraki en Hitachi, Japón y de terminar mi carrera en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Jyväskylä, en Finlandia. Hoy en día me desempeño como experta en el tema de la implementación de mercadeo en plataformas omnichannel, particularmente en Adobe Campaign Classic, y trabajo en la compañía de cannabis legal más grande del mund

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