Opinión

Colombia juega con fuego en medio de tensión nuclear

La anunciada actualización del armamento de Colombia se da en medio del escalonamiento de las amenazas de EE. UU contra Venezuela y su intento de recuperar las reservas energéticas del planeta

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agosto 22, 2019
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Colombia juega con fuego en medio de tensión nuclear
EE.UU le ofreció a Colombia 15 aviones de combate F-16 de Lockheed Martin. Foto: Twitter/Iván Duque

De acuerdo con recientes declaraciones de la Fuerza Aérea Colombiana, el gobierno Duque planea la adquisición de aviones de guerra y misiles antiaéreos. Según Andrew Croft, comandante de las Fuerzas Aéreas del Sur, la Fuerza Aérea de EE.UU le ofreció a Colombia 15 aviones de combate F-16 de Lockheed Martin, última versión, lo que permitiría la interoperabilidad con las fuerzas estadounidenses.

Colombia cuenta con las segundas fuerzas armadas más numerosas de Sudamérica 481.100 efectivos aproximadamente, alberga 7 bases militares norteamericanas; y la anunciada actualización de su armamento, se da en un momento de preocupante escalamiento de las amenazas militares de EE. UU.  contra Venezuela.

Ya desde febrero de este año la Marina de los Estados Unidos desplegó un Grupo de Ataque (CSG) frente a las costas de Florida, a bordo del cual se encuentra el portaviones nuclear USS Abraham Lincoln. Días después la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, aseguró que el Gobierno de los EE. UU “ha trasladado fuerzas especiales y equipamiento a la frontera colombo-venezolana”.

Hace pocas semanas se conoció que EE. UU analiza la posibilidad de un bloqueo naval con buques de su Armada contra Venezuela lo que impediría la entrada y salida de cargas por las costas del país, hecho confirmado por Trump el 1 de agosto. En lo que pudiera considerarse una respuesta de Venezuela y Rusia frente a esta amenaza, los ministros de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, y de Venezuela, Vladimir Padrino, firmaron en Moscú un acuerdo de visitas de buques de guerra a los puertos de ambos países.

Por último, el lunes 19 de agosto, el jefe del Comando Sur, Craig Faller, aseguró que la Marina de EE. UU está lista para "hacer lo que sea preciso” en Venezuela. Las declaraciones las hizo desde Brasil, durante el ejercicio militar marítimo Unitas, en el que participan nueve países de la región, además de EE. UU y Reino Unido, Portugal y Japón y agregó que espera la decisión política de la Casa Blanca para desplegar la Marina de EE. UU en Venezuela.

Este agitado escenario está inmerso en un contexto geopolítico más amplio: EE.UU intenta asegurar o recuperar el control sobre las principales reservas energéticas del planeta, aunque dicho propósito choca con la imposibilidad de imponer su voluntad a Rusia y a ‎China.

EE. UU que fuera el principal promotor de la globalización económica, perdió frente a sus adversarios y con el ascenso de Trump al poder, China le notificó que si pretendía recluir la economía y con ello limitar el desarrollo del mundo, ella lideraría la globalización.

La Casa Blanca, viene respondiendo con una guerra económica alrededor del planeta, transgrediendo protocolos y normas de comercio internacionales, todo acompañado de una creciente agresividad militar, que hoy tiene al mundo en grave riesgo de confrontación con uso de armas nucleares.

EE.UU ha hecho volar por los aires importantes acuerdos militares internacionales, como los logrados con Corea del Norte e Irán. Se viene retirando de Naciones Unidas, y de tratados que mantenían relativamente controlado el peligro de confrontación nuclear, como el tratado de eliminación de misiles de corto y medio alcance (INF).

Rusia en respuesta ha anunciado, que también desarrollará e instalará misiles de corto y mediano alcance por cada misil colocado por los EE. UU en Europa, apuntando a las áreas en los que estos se encuentren. Este juego de presión, podría salirle caro a los EE. UU, ya que como se lo acaba de recordar Vladímir Putin a Trump, es Rusia quien viene venciendo en la actual carrera armamentista, desatada por las ambiciones geopolíticas estadounidenses. Un indicador de ello fue la presentación pública en 2018 de la nueva tecnología misilística hipersónica rusa, que vuelve inocuos los actuales escudos y defensas antimisiles de los EE. UU.

 

Las pruebas de misiles de EE.UU ponen al mundo
al borde de una carrera armamentista “descontrolada” y no “regulada”,
que coloca en peligro “la existencia de la humanidad”

 

El jueves 22 de agosto, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de manera urgente, y el representante permanente de Rusia advirtió que las pruebas de misiles de EE.UU ponen al mundo al borde de una carrera armamentista “descontrolada” y no “regulada”, y que coloca en peligro “la existencia de la humanidad”, al tiempo que llamó a los países miembros del Consejo de Seguridad a unirse “para resolver estos problemas”

China por su parte, ha denunciado la presencia militar de EE. UU en el Estrecho de Taiwán, aseguró que China está lista para la guerra si tratan de independizar a Taiwán y advirtió a EE. UU de “consecuencias” si vende armamento militar a Hong Kong, y si concreta la venta de 66 F-16 a Taiwán.

EE. UU busca controlar el Mar de China Meridional, cuya soberanía históricamente recae en China, y que está repleto de recursos, pero que para infortunio de los EE.UU, también está atiborrado de islas artificiales de las fuerzas navales chinas que vienen cerrándole el paso y que controlan la región.

En medio de la tensión por recientes ejercicios militares entre los EE. UU y Seúl; China y Corea del Norte se comprometieron a fortalecer sus lazos militares y proveer seguridad en Asia-Pacífico ante las amenazas de EE. UU.

En Oriente Medio, el derribo de un dron norteamericano que violó el espacio aéreo de Irán, y la detención de un buque petrolero británico, que no cumplió las normas internacionales de navegación, en medio de un operativo marítimo con helicópteros y lanchas rápidas, dotadas de misiles, han demostrado a los EE.UU, la capacidad de Irán de controlar el Estrecho de Ormuz, por donde fluye más del 30 % de la producción de petróleo mundial cada día. Esta situación mantiene a los EE.UU a raya, a pesar de su retórica y su propósito por dominar el Golfo Pérsico: “No juegues con la cola del león” le advirtió Rohani a Trump hace una semanas.

En Oriente Próximo, las fuerzas armadas de Siria con el apoyo aéreo ruso ganaron la guerra contra el Estado Islámico, a pesar de la probada colaboración entre los grupos terroristas y los EE. UU. Actualmente el ejército sirio y la fuerza aérea rusa expulsan el último reducto de Daesh en Idlib. Esta derrota sufrida por los EE. UU en Siria, complica sus deseos de controlar reservas de gas, dominar la privilegiada posición de Siria que comunica tres continentes y de avanzar en el cerco contra Rusia.

 

 

La élite colombiana se la ha jugado como alfil
de las agresivas políticas de los EE. UU.  contra Venezuela

 

Es en dicho escenario de tensión en todo el planeta, en el que se desarrollan las actuales maniobras de EE. UU en Latinoamérica, fundamentalmente en la región del Caribe y particularmente contra Venezuela, donde una de sus más disciplinadas aliadas; la clase gobernante colombiana; cumple su papel.

El gobierno Duque lidera hoy una guerra diplomática y propagandística contra Venezuela, que ha elevado incluso al nivel de agenda de gobierno. Las siete bases militares de los EE. UU en Colombia, adecuadas durante el gobierno de Uribe Vélez, han apuntado siempre hacia Venezuela. Ligado a lo anterior, el ingreso de Colombia a la Otán, durante el gobierno Santos, demarcó la disposición del territorio colombiano y sus fuerzas armadas a los intereses geopolíticos de EE.UU y Europa en la región.

Uribe, Santos y Duque han ejecutado por encargo fases de un proyecto de guerra, que para EE. UU, implica el control político y militar del continente, fundamentalmente de la Cuenca del Caribe y sus recursos.

La configuración de este escenario se torna aún más turbio, si le sumamos el alarmante fortalecimiento de estructuras paramilitares desde el lado colombiano de la frontera, que desarrollan control territorial en Colombia, y ejecutan acciones irregulares en territorio venezolano.

No existe ningún interés nacional en el actual escalamiento del conflicto; la élite colombiana se la ha jugado como alfil de las agresivas políticas de los EE.UU contra Venezuela; el histórico militarismo de Colombia, la inocultable lumpenización de las instituciones del Estado y de la clase económica y política gobernante, hacen de estos gobiernos; dóciles cautivos de los intereses de EE. UU, quien con una mano les señala sus preceptos, mientras con la otra sostiene sus prontuarios, con el fin de facilitar sus planes de dominio y control de recursos, en esta parte del planeta, que hoy alcanza peligrosísimos grados de tensión.

 

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