Colombia, el país de las grandes exageraciones

"Pareciera que nos importara más que todo quedara patas arriba y volver al escenario de 12 mil alzados en armas dándose bala con otros tantos colombianos"

Por: Nelson Germán Sánchez Pérez -Gersan-
mayo 23, 2019
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Colombia, el país de las grandes exageraciones

En unos petisos (también se puede escribir con z) “hiperbolizadores” nos hemos convertido los colombianos por cuenta del juego de las mentiras institucionales o las verdades a medias que desde las estructuras del poder social se han creado para todo y difuminado por las redes sociales. Somos “hiperbolizantes” por obra y gracia de la destreza, pobreza y pobreza (incluida la material, intelectual y argumentativa por su puesto).

La hipérbole es un recurso literario que permite exagerar las cualidades, características y costumbres de las personas, animales, situaciones, objetos o lugares. Es habitualmente útil por su exageración en la propaganda y los textos humorísticos. De hecho, hiperbolizar es un verbo intransitivo que etimológicamente proviene de la palabra hipérbole y el sufijo izar, o sea, aumentar o disminuir mucho el tema u objeto del que se habla.

Y en todo su esplendor quedó esa características metastásica con el novelón de la falsa libertad y la vuelta a capturar del señor Jesús Santrich. Toda una extensa gama de conjeturas alrededor de lo sucedido se cocieron y masificaron en cuestión de segundos.

Teorías conspirativas de todas las gamas y extremos del espectro ideológico venían e iban: que se decretó el estado de conmoción o alteración para no dejar salir a esa criaturita y restaurar el orden legal roto, hasta un acuerdo secreto Fiscalía y gringos para exponerlo mediáticamente, humillarlo y raudamente trasladarlo al aeropuerto militar de Catam para extraditarlo a Estados Unidos y así dar un mensaje de sumisión el pueblo colombiano.

Además, muchos decían que por ese hecho el proceso firmado con las Farc murió y todos ellos correrían a la selva de nuevo; que fue un golpe mortal a los acuerdos y el momento de la derecha para impulsar una constituyente que rompa el orden constitucional existente; que Uribe y Néstor Humberto tomaban champaña en la embajada de EE. UU., etc.

Todo esto sin ni siquiera preguntarse de fondo cuál es el meollo del asunto. Si esto pasa de nuevo es porque no se conoce en definitiva la estructura, márgenes  y límites de la JEP frente a los otros poderes del Estado colombiano, que por supuesto ha sido entorpecida con la mecánica leguleya y los procedimientos engorrosos establecidos en nuestra nación.

Obviamos por esa “hiperbolización” cosas tan simples como cuántos de los líderes o de los propios integrantes de esa guerrilla están capturados y pedidos en extradición, lo cual nos llevarían a responder que ni el 2 por ciento de los 12 mil o algo que se acogieron al acuerdo; si el señor Santrich traquetió o no después del plazo establecido es algo que aún no sabemos y, por tanto, se debería dar espacio a que se sepa la verdad verdadera del asunto; si es cierto que “aparecieron” nuevas pruebas o que a los gringos ahora sí se les dio la regalada gana de aportarlas, luego de generar un desgaste público y ejercer presión sobre la JEP y otras altas cortes del país; al igual que esperar que ese asunto vuelva a donde se acordó, que es la JEP, para que determine si fue después de la fecha acordada y lo remita a la justicia ordinaria para que pague condena aquí o allá; o si efectivamente esas “nuevas” pruebas no establecen veracidad de hechos. Por último, si es verdad o no que la JEP se extralimitó como expusieron las magistradas quienes se aportaron del voto mayoritario para ordenar la libertad de Santrich o se decide incluso por una corte como la Constitucional que sí era parte de su órbita de acción. Sin cuidar que esa “hiperbolización” podría producir una catástrofe.

Mire, pareciera que nos importara más que todo quedara patas arriba y volver al escenario de 12 mil alzados en armas dándose bala con otros tantos colombianos, policías y militares. Y en el medio, poniendo su vida, bienes, tierras y esperanza, las poblaciones que son las paganinis del asunto siempre.

Como si lo importante fuera exagerar, agrandar, encender las cenizas del resentimiento y el odio para que quedemos peor que como estábamos. Porque lo cierto es que no volveríamos al mismo conflicto, porque este sería peor, más sanguinario y enconado. Más por un Estado al que le sigue quedando grande hacer presencia y patria en esas zonas dejadas por la guerrilla Farc. Así que deje de estar “hiperbolizando” sobre todo. Infórmese bien, estudie, sopese y analice.

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