Colombia, despierta y pon las manos a la obra

Es tiempo de iniciar un proceso de reflexión colectiva para lograr la transformación que el país requiere

Por: Alberto Jose Lizcano Cotes
abril 02, 2020
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Colombia, despierta y pon las manos a la obra
Foto: Pixabay

Hay tres problemas que invariablemente han azotado y azotan a la humanidad de forma histórica: la peste, la hambruna y la guerra. Todas las generaciones han vivido y sufrido su impacto. Lo más doloroso de este tipo de calamidades es que las autoridades gubernamentales siempre han sido inferiores a las exigencias de las tragedias. Las políticas de estado, a causa de la influencia del sistema económico, jamás han sido preventivas y mucho menos proactivas. Hoy por hoy lo vive y padece el mundo entero con la peste originada por el coronavirus.

Así pues, en un planeta como el que habitamos y en un mundo como el que vivimos es imposible garantizar que esta será la última peste, pues, con seguridad llegarán otras. ¿Por qué? En primera instancia, si la peste del coronavirus fuese natural, la madre naturaleza estaría pasando su cuenta de cobro. ¿Nos hemos detenido a observar la catástrofe que como humanos hemos originado y continuamos originando en ella por la violación de sus leyes? De forma continua la irrespetamos, la contaminamos, hemos acabado con su equilibrio en beneficio nuestro. Ahora está cobrando y si no paramos, seguirá cobrando con mayor intensidad y frecuencia. Recordemos siempre que el universo está planificado, que sus elementos constitutivos fundamentales son la materia y la energía y que él fue primero que nosotros. Por la estructura del universo primero fue la física, luego la química y por último la biología. Estas integran la disciplina del conocimiento denominada Ciencias Naturales.

En segunda instancia, la incursión humana en áreas como la ingeniería genética, la bioingeniería, la biotecnología, entre otras, quebranta las leyes de selección natural mediante la manipulación de microorganismos como hongos y bacterias o partículas como los virus. Todo esto hace parte del sistema económico de los países y de las políticas de mercado. Por eso, se prevé que las próximas guerras serán biológicas. Además, el desarrollo de algunas de estas instancias, nos lleva a darle validez y confiabilidad a la causalidad y no a la casualidad. Empero, cualquiera que se dé, el infectado y afectado, para el caso vigente, es el ser humano.

Entonces, la invitación es a preguntarnos ¿será que los países en vía de desarrollo, como eufemísticamente nos llama la ONU, son ajenos o desconocen las dos instancias arriba analizadas? Pueden afirmar que sus gobiernos la conocen y estoy convencido que algunos de sus asesores son competentes para su manejo y solución. Sin embargo, las políticas de Estado y de mercado gozan de mayor influencia y son determinantes. Esas políticas son las que influyen para que, en un país como Colombia, brillen por su ausencia políticas de desarrollo humano y social con fundamento en la prevención y en la proactividad. Vivimos en un estado en donde la modernización (desarrollo económico y de mercado) está por encima de la modernidad (desarrollo humano y social) esa es la ecuación que nos caracteriza y nos aliena. ¡Hay que despertar!

A mi entender, aunque parezca un contrasentido, hay que agradecer los embates del coronavirus. Su impacto emocional ha sido altamente negativo. El temor y el miedo han sido las emociones predominantes en la población. No obstante, su efecto social ha desnudado la ausencia de políticas de estado verdaderas y eficaces; hecho patentizado desde hace 30 años, cuando el presidente Gaviria implementó el neoliberalismo en Colombia.

Así las cosas, los exhorto a iniciar un proceso de reflexión colectiva en torno a propuestas argumentadas y prioritarias para hacer nosotros mismos la transformación que el país requiere. Ya sabemos que el “gobierno” por primera vez en muchos años se acordó de la tercera edad, por primera vez la convocó. Tristemente se sabe que una vez pase la pandemia, todo volverá a su normalidad, si nosotros seguimos alienados. Hay que despertar y actuar con propuestas y proyectos. Poseemos las capacidades y competencias para hacerlo y lograrlo.

Por consiguiente, fundamentado en la realidad histórica en la cual hemos sobrevivido y en la realidad que el coronavirus nos ha evidenciado, someto a consideración de mis lectores las siguientes alternativas de propuestas:

- Política de salud pública preventiva y curativa basada en el desarrollo humano y social. La de hoy es únicamente curativa, por su interés económico y de mercado.

- Política educativa que privilegie la formación integral, integrada e integradora con base en la neuroeducación. La actual tiene su interés en la cobertura, la infraestructura y la pésima alimentación PAE, la cual deja entrever su interés económico y de mercado.

- Política de investigación, tecnología e innovación que influya en el desarrollo humano y social. La investigación de hoy solo tiene influencia en lo tecnológico. Lo humano es secundario.

- Política laboral que apoye la generación del trabajo para la autosostenibilidad, la estabilidad laboral y la cultura del ahorro. La que hoy tenemos se caracteriza por los subsidios que mantienen el alienamiento y por los bajos niveles de remuneración salarial. Los subsidios fue lo primero que aprobó el presidente Duque en esta calamidad.

- Política de saneamiento ambiental con base en la calidad del agua y de los servicios públicos. La de hoy está llena de normas inaplicables, su objeto es el interés económico y de mercado.

- Política agropecuaria con base en una reforma que viabilice el regreso del campesino al sector rural y el desarrollo de la autosuficiencia. La de hoy los tiene en la miseria en el sector urbano.

Lo esencial es que nos preparemos para la pospeste del coronavirus, porque sospecho que el “gobierno” va a seguir construyendo casas en el aire, la política neoliberal lo inhibe. Los que creemos en Dios como universo, su significado nos invita a:

- Cumplir con nuestros deberes.

- Actuar con inteligencia.

- Crear oportunidades.

- Proceder con sabiduría.

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