Cierres y desidias: sobre tres garrapateos de Franz Kafka (en su centenario)

Cierres y desidias: sobre tres garrapateos de Franz Kafka (en su centenario)

El 3 de junio 1924 murió Franz Kafka. De su “garrapateo”, como él denominaba su escribir, me detengo en tres de sus más admirables obras literarias

Por: Silvio E. Avendaño C
junio 06, 2024
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Cierres y desidias: sobre tres garrapateos de Franz Kafka (en su centenario)

El 3 de junio 1924 murió Franz Kafka. De su “garrapateo”, como él denominaba su escribir, me detengo en La metamorfosis (Die Verwandlung) -1912, El proceso (Der Prozess) -1914- y El Castillo (Das Schloss), narración abandonada hacia finales de agosto de 1922.

I

 Gregorio Samsa despierta un día convertido en un insecto. No puede ir al trabajo. Él no vive solo, mucho más, es quien vela por la familia. El padre permanecía en la modorra, la madre en la casa y la hermana sin tener que salir a ganarse la vida. Ante la necesidad el señor consigue ser ordenanza, la madre se hace costurera y la hermana encuentra ocupación. Gregorio permanece oculto en la soledad, el aburrimiento trepando zigzagueante por las paredes y, camina por el techo.

Las relaciones de Gregorio con el padre no han ido bien. En una ocasión al pasar por la puerta de la alcoba el insecto se encuentra ante las botas del señor. Gregorio no sabe qué hacer, aturdido intenta refugiarse debajo de un sofá, mientras el padre arroja una manzana contra la humanidad del insecto. Éste corre, huye a esconderse atemorizado. Pero es inútil huir, tratar de ocultarse, para evitar el bombardeo de las manzanas que como proyectiles lanza el padre, mientras ríe, se burla. Una manzana tras otra sin dar en el blanco. Hasta que un tiro le acertó un golpe. Y el padre se mofa. Por más que buscó refugio no pudo escapar del proyectil que le produjo intolerable dolor, quedó despatarrado, perdiendo la noción de sí, mientras su padre reía.

La soledad, el aislamiento y la melancolía se apoderan del ánimo de Gregorio. Pero un día se quiebra esa situación cuando escucha la melodía del violín, en manos de la hermana. Al oír la melodía sale del cuarto del aislamiento, la soledad, la monotonía. La emoción, el sentimiento lo libera de su condición, de las circunstancias, lo exime de la coacción, pues la cadencia aviva su sensibilidad a la belleza, al olvido de las limitaciones: “Le parecía como si se abriese el camino que había de conducirle hasta un alimento desconocido ardientemente deseado.” No es la música entretenimiento, ni pasatiempo, tampoco diversión. La familia se aterroriza con el proceder al acercarse Gregorio a la hermana. Consideran que es un monstruo. Y, ante esa realidad es necesario deshacerse de él, mucho más cuando está perjudicando la vida de la familia. No pueden aceptar que al volver del trabajo a la casa tengan que soportar la presencia de ese bicho. Está bien que en el trabajo existan los inconvenientes, lo no deseado, pero que al volver a casa no se consiga la tranquilidad, porque el monstruo hace la vida imposible, es algo intolerable.

(En otro escrito, la Carta al padre, Franz Kafka, dice: “Querido padre: Hace mucho tiempo me preguntaba por qué te tengo tanto miedo. Como siempre no supe que contestar, en parte por ese miedo que me provocas, y en parte porque son demasiados los detalles que lo fundamentan, mucho de lo que podría expresar cuando hablo.”)

II

Tanto en el relato de La metamorfosis como en El proceso los personajes quedan atrapados. Gregorio Samsa y José K. se hallan en una situación sin salida. En el relato el protagonista se ha metamorfoseado en un insecto, mientras que en la novela, José K queda confuso al ser detenido sin que exista motivo para ello. Quienes llevan a cabo la detención cumplen órdenes. Ellos no saben de qué se le acusa. “Está detenido pero puede ir al Banco donde trabaja.”

Para no interrumpir el trabajo es citado al primer interrogatorio, un domingo. Camina hasta hallar el lugar donde menos podía estar el juzgado: un granero. Una multitud, la mayoría vestía de negro. K. en una situación sin pies ni cabeza. Es insólito el lugar del juzgado. Cuchicheos, confusión de voces, miradas. “Son ustedes una banda de bribones -gritó- Les regalo todos sus interrogatorios.” No entiende. Sólo que el comportamiento de José K.  lo perjudica. Como no sabe la razón ni por qué se le detiene, dice que le importa “un bledo”. Pero esa no es salida, dado que hay informes sobre su delito. Además el interrogatorio ha proporcionado la materia principal del expediente. ¡Que superioridad sentía K…! No le cabía en la cabeza que el juzgado estuviese en un granero. Algo absurdo para él que trabaja en un Banco. Quizá el proceso no conduciría a nada, una pérdida de tiempo, algo sin razón ni sentido, pues él no tiene ninguna culpa.

El tío Leni al enterarse de la situación de José K, pregunta: “¿Qué proceso es ese? ¿No se trata de un proceso criminal? Y K sin saber responde: “es un proceso criminal”. Pero a él le es indiferente el expediente y el acta de acusación que permanecen en secreto, sin que el acusado ni el abogado los conozca. “El acusado no poseía, en efecto, derecho alguno a examinar el expediente.” La jerarquía de la justicia comprendía grados infinitos, entre los cuales se perdían los propios iniciados. José es inocente. No sabe de qué se le acusa, pues ese derecho solo lo conoce el Tribunal Supremo, dice el abogado. Y el proceso avanza- “¿Sabes que tu proceso va mal? Y sin poder escaparse de esa situación.

“La antevíspera del trigésimo primer aniversario de su nacimiento -era hacia las nueve de la noche, la hora de calma en las calles- se presentaron dos hombres en el domicilio de K “lo llevan fuera de la ciudad…uno de los señores acababa de agarrarle la garganta, el otro le hundió el cuchillo en el corazón y se lo volvió a hundir y se lo volvió a hundir dos veces. Con los ojos moribundos, vio todavía los señores muy cerca de su rostro, que observaban el desenlace mejilla contra mejilla.

  • Como un perro-dijo; y era como si la vergüenza debía sobrevivirle.”

¿Qué pasa con el poder judicial?

III

El agrimensor, un profesional encargado de medir, identificar un terreno, ha sido llamado por las autoridades del castillo, para que realice obras determinadas por su saber: “Llegó K. entrada la noche. El pueblo estaba sumergido en la nieve. De la colina del castillo no se veía nada, estaba envuelta en niebla y oscuridad; ni el más mínimo resplandor indicaba que allí estuviese el gran castillo.” Al día siguiente de la llegada K. emprende el camino hacia el lugar para hablar con quién lo ha llamado. Pronto se pierde, en idas y venidas, sin poder llegar al sitio deseado, pues el lugar al que se dirige se localiza en un lugar indeterminado. Cansado por la jornada infructuosa, pues no alcanza el lugar deseado, vuelve al pueblo, un paraje hosco. La relación con los habitantes no es cordial.

 Y, en cuanto al trabajo por el que ha viajado es algo incierto. Poco a poco, se ira perdiendo en la vida confusa, oscura del lugar. Desorientado se relaciona con una mujer amante de un tal Klamm, quien es parte del cuadro administrativo del castillo. Mas, es difícil encontrar a tal personaje. Sin embargo, K. consigue hablar con el alcalde del lugar, quien lo recibe no en la alcaldía sino en la cama. Éste le informa: “Tal como usted dice, está empleado como agrimensor, pero por desgracia no necesitamos ningún agrimensor.” Espera hablar con  Klamm, el más significativo personaje de la burocracia. K. recibe una carta en la cual se le dice que en el castillo están muy contentos con su trabajo. En el ambiente del pueblo, la relación con las mujeres es incierta. Y, un día se le informa. “Estamos buscando un bedel para unirse a nuestro equipo.” 

 La dominación de las autoridades contiene el poder que se ejerce mediante una burocracia caótica, un estado de cosas que lleva al absurdo, algo irracional en la sociedad. Así, K. se halla supuestamente en la legalidad que se sustenta en órdenes que descienden de la autoridad. El objetivo de haber llegado al trabajo de agrimensor es incierto. Vueltas, enredos, desorganización. K. se topa con funcionarios, quienes comparten la creencia de la autoridad suprema, quienes se encuentran subordinados y al mismo tiempo en un quehacer descoordinado. Intentar aclarar la situación es perderse en un laberinto. Los subalternos están convencidos de la legitimidad, exhortados a cumplir su deber para el cual han sido nombrados. La administración no inspira legalidad en la sociedad, en lugar de ello se padece la incoherencia.

Al principio de la novela, K.  pregunta: ¿En qué castillo me he extraviado? No sabe nada de la autoridad, pues el estado permanece impenetrable y, el agrimensor, con su formación, conocimiento, saber, no lleva a la función a la que se le ha convocado. Hay quien conserva una fotografía del castillo como resto de su contacto con Klamm. En dicha foto K. no consigue, con mucho esfuerzo distinguir algo en ella.

Y, me pregunto: ¿En qué Estado me he extraviado?

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