Chile, el falso milagro al que Colombia aspira

El valiente pueblo del país austral deja en evidencia que lo que tanto soñabámos lograr no era como pensábamos

Por: Hans Christian Rangel Morneo
octubre 31, 2019
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Chile, el falso milagro al que Colombia aspira
Foto: SrArancibbia - CC BY-SA 4.0

Si hay algo que los colombianos le debemos prestar atención, por ser una situación en la que podríamos llegar a estar, es a lo que ocurre por estos días en Chile, país al que algunos gobernantes latinoamericanos tienen como modelo a seguir, por haber tenido un “milagro económico”.

El “milagro de chile” fue la frase que acuñó Milton Friedman, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, defensor del libre mercado y fundador de la Escuela de Chicago, academia en la que se formaron los jóvenes que dirigieron la economía chilena durante la dictadura de Augusto Pinochet, conocidos como los “Chicago Boys”.

Con la llegada al poder a través de un golpe de estado del General Augusto Pinochet en 1973, y todas la violaciones a los derechos humanos que se dieron en la dictadura, se implantó el modelo económico neoliberal y se empezó aplicar las tesis de Friedman en cuanto a que el mercado funciona, por lo que se privatizaron la educación, la salud, los servicios públicos, el sector financiero y muchas otras ramas de la economía que en muchos casos se le entregó a inversionistas extranjeros.

Es decir, Chile fue una especie de laboratorio de las ideas neoliberales en el mundo, las cuales fueron llevadas a cabo posteriormente por Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos. Por lo que el país sudamericano lleva 50 años en aplicación de dicho modelo.

Una vez implementadas las medidas neoliberales, las cifras macroeconómicas empezaron a cambiar y el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita del país creció por encima del promedio de América Latina, de tal manera que en 1985 mientras el PIB per cápita promedio de América Latina era de US $1.815, el de Chile era de US $1.444, y en 2015, 30 años después, el de América Latina fue de US $8.856 y el de Chile de US $13.574, según cifras del banco mundial a precios actuales.

Por esta razón se habla del “milagro chileno” y los gobiernos catalogados de derecha de la región aspiran a dicho milagro. Pero teniendo en cuenta el descontento de la población manifestado en las actuales movilizaciones, es pertinente reflexionar sobre ¿qué tan cierto es el “milagro”?

Aquí el debate no radica en si son ciertas o no las cifras, sino en si esta medición de progreso corresponde a la realidad. Porque parece contradictorio que mientras macroeconómicamente al país le está yendo bien, la población está descontenta y pide un cambio en el modelo. Y la respuesta es que el crecimiento del PIB, como indicador, solo mide la producción de bienes y servicios, pero no mide la calidad de vida de la población en cuanto a acceso a empleo digno, vivienda, salud, educación, servicios públicos domiciliarios entre otros.

Sobre el tema, se escribió un interesante informe titulado Cómo medir nuestras vidas: las limitaciones del PIB como indicador de progreso, donde Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi, reconocidos economistas y ganadores del nobel de economía, describen cómo el PIB es un indicador profundamente defectuoso del desempeño económico y el progreso social, en la medida que pasa por alto la desigualdad económica, debido que la mayoría de las personas puede estar peor aunque el ingreso promedio esté aumentando.

Y es precisamente lo que está pasando en Chile, mientras la economía en cifras crece, este crecimiento se queda en pocas manos que controlan el mercado, mientras que las condiciones de vida de la población en general son cada vez más precarias.

La salud es privada y es costoso acceder a este servicio en condiciones de calidad, las pensiones las tienen fondos privados y a los trabajadores les toca cotizar el 100% de su seguridad social.

Si bien el 60% de la educación superior es gratuita, para llegar a entrar a ese porcentaje tiene que tener una educación básica de calidad y esta es la privada, por lo que los jóvenes de colegios públicos muy difícilmente llegan, por tanto hay poca movilidad social. Y es por estas razones que debajo del éxito de las cifras macroeconómicas se escondía un descontento acumulado que no solo es por el alza del pasaje del metro.

Quedando al descubierto las grietas del modelo económico chileno que se pone como ejemplo en la región y particularmente en países como Colombia, donde desde el “bienvenidos al futuro” de César Gaviria, pasando por Pastrana, Samper, Uribe, Santos hasta llegar al gobierno de Iván Duque, se ha aplicado las recetas neoliberales a rajatabla, en distintos sectores de la economía.

Así, la salud a partir de la ley 100 de 1993, se privatizó y hoy el sistema ha matado más gente que la propia violencia; las pensiones se privatizaron pero se mantuvo el sistema público del régimen de prima media, que hoy el gobierno nacional pretende acabar para terminar de privatizarlo todo. Los servicios públicos domiciliarios con la ley 142 de 1994 se privatizaron hasta llegar a situaciones como la de Electricaribe en el norte de Colombia.

La educación superior que ha estado en la mira de los neoliberales, hubo un intento de meter el mercado con la reforma a la ley 30 de 1992, del gobierno de Juan Manuel Santos, que traía la figura de las universidades con ánimo de lucro, pero afortunadamente la comunidad universitaria se movilizó y la tumbó.

Y así en general, los gobiernos en Colombia han aspirado a llegar al “milagro chileno”, falso milagro que hoy el valiente pueblo deja en evidencia, y que debe ser de aprendizaje para toda la región.

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