Carta de un filósofo colombiano a la humanidad

"Cuando volvamos a salir a las calles sabremos qué es la libertad, y no nos volverán a encerrar, porque ya no aceptaremos todo aquello que atente contra la vida"

Por: Luis Enrique Monroy Pamplona
septiembre 10, 2020
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Carta de un filósofo colombiano a la humanidad
Foto: Pixabay

Respetada mujer y respetado hombre.

Hoy observo con inmensa tristeza la falta que hacemos en las calles, en los parques, en los centros comerciales, en las montañas, en los ríos. Todo parece muy triste. Todo parece que está quieto. Aun así, es hora de que reconozcamos algo. Debemos replantear el modo en que nos comportamos con el entorno. Si los animales han salido a las calles y vemos especies que nunca habíamos visto tan cerca de nosotros, ello indica que todo este tiempo hemos estado quitándole espacio a otros que estaban mucho antes que nosotros.

Ya las calles y el cielo están limpios. Ya ha desaparecido esa lucha infernal a la que nos enfrenta el sistema económico todos los días. Ya no se ven esas carreras a muerte por llegar temprano o por vender algo. Ya no se ve en los autobuses el amontonamiento de las personas cargadas como ganado. Ya parece que las ciudades son realmente ciudades. Pero todavía les falta algo. Faltamos nosotros, los humanos. No para el caos, no para correr, no para amontonarnos. Sino para que las ciudades y los campos sean más naturales, más bellas y un poco más humanos.

Todo esto que hoy nos sucede significa que algo estábamos haciendo mal. Todo lo que hicimos antes de que iniciara la pandemia del COVID-19, lo estábamos haciendo mal. Y lo que hemos hecho mal no es otra cosa que atentar contra la vida. He aquí algunos ejemplos de ello.

Hoy se evidencia que nuestros médicos están muriendo. Pero no es porque no sepan de enfermedades, sino porque las condiciones laborales en las que los tienen estas políticas capitalistas desalmadas son una canallada: a quienes cuidan la vida, no les cuidan su propia vida. Además, hoy se evidencia toda la pobreza que estaba tapada y escondida por las estadísticas, la propaganda y las políticas inhumanas. Una prueba de esto es el infinito número de mercados que deben ser repartidos entre las personas más pobres.

Si nuestra sociedad hubiese sido más justa, los mercados por repartir serían muy pocos: pero las políticas económicas han provocado que cada día seamos más pobres. Hoy también se evidencia la pauperización del trabajo y la esclavitud en la que nos encontramos la gran mayoría de la humanidad. De igual modo, hoy se evidencia el sin número de personas que viven en las calles. No las habíamos visto porque estábamos ocupados en nuestros afanes. Pero yacen en los andenes y en las calles —y han estado allí durante muchas generaciones—. Algo similar sucede con los desplazados por la guerra, que siguen arrojados en campos de refugiados donde también llevan décadas…

¿Dónde está la repartición de las riquezas de multinacionales como Mcdonalds, Enel-Codensa, Johnson y Johnson, Visa, ExxonMobile, Microsoft, Morgan Chase, Bayer, Monsanto, etc.? No existe. Porque estas multinacionales solo están atentas a hacer préstamos y a endeudar a los pobres. Y cuando comparten, solo comparten una miseria de las inmensas riquezas sobre las cuales han creado sus emporios durante muchos años. En resumen, hoy estamos destruyéndonos a nosotros mismos por la forma en que la humanidad ha atentado contra la naturaleza. Pero si esto ha pasado no es por decisión de la mayoría, sino por decisión de unos pocos.

Es hora de replantearnos el modo en que nos comportamos con el otro y junto al otro.

Cuando volvamos a salir a las calles, reconozcamos que el otro no es nuestro enemigo, sino que es otro ser, que comparte nuestro afán y nuestra pobreza; ese afán y esa pobreza en los cuales el sistema económico y político nos ha puesto a todos. Cuando volvamos a salir a las calles, reconozcamos en el rostro del otro a un igual y no nos golpeemos unos a otros. Cuando volvamos a salir a las calles cuestionemos este sistema que nos enfrenta a unos contra otros, y que nos pone a producir riquezas a quienes no viven el trajín diario. Cuando volvamos a salir a las calles exijamos.

Sí, exijamos un transporte digno. Exijamos un trabajo digno (que no se confunda con el rebusque o con un mísero espacio en la calle). Exijamos jardines, calles, lugares de recreación y parques. Exijamos vida digna y justicia. Y exijámosela a todos los multimillonarios y a los políticos que se han robado nuestros impuestos. No aceptemos que ellos vuelvan a jugar con nosotros. No aceptemos que sus intereses vuelvan a poner en riesgo nuestras vidas. No aceptemos de ellos ninguna condición infrahumana; ha quedado en evidencia cuán frágiles somos y todo lo que valoramos la vida, y por la vida salgamos a las calles a exigir la vida.

Cuando volvamos a salir a las calles no aceptemos estar hacinados en el transporte público, en el colegio, en la universidad, en el hospital. No aceptemos una ciudad sin árboles. No aceptemos montañas y valles sin fauna y flora. No aceptemos hombres y mujeres mendigando en las calles, porque ello indica que alguien no tiene lo que otro posee en abundancia. No aceptemos que la comida se siga perdiendo en el campo, porque no existen las vías de transporte adecuadas.

Cuando volvamos a salir a las calles no aceptemos que a los campesinos se les siga desplazando de sus tierras y que se les siga negando una reforma agraria. No aceptemos que pocas personas tengan inmensidades de tierras mientras otros duermen en los andenes. No aceptemos que llamen “héroes” a quienes mueren por culpa de aquellos que los alaban tanto. No aceptemos que falte una carretera, un colegio, una universidad, un hospital. Cuando volvamos a salir a las calles replanteémonos el valor de la vida, y gritemos con todas las fuerzas que: la economía, la política, la sociedad y la cultura deben estar al servicio de la vida, y que todo lo que vaya en contra de ella, ¡no lo aceptaremos!

Cuando volvamos a salir a las calles sabremos qué es la libertad, y no nos volverán a encerrar, porque ya no aceptaremos todo aquello que atente contra la vida.

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