Carta de no renuncia

¿Por qué enseñamos? ¿Para qué? ¿Realmente queremos ampliar la cobertura? ¿Realmente es conveniente ampliar la cobertura? ¿Qué sociedad queremos?

Por: Alberto Leongómez Herrera
febrero 22, 2022
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Carta de no renuncia
Foto: Pixabay

De ninguna manera intento promover una polarización entre educación remota o presencial, eso sería entrar en el terreno del desgaste.

Pero como maestro, como ciudadano y como persona comprometida en el proceso en curso de nuestra propia historia, no puedo dejar de ver la emergencia espontánea de una auténtica comunidad educativa creada sobre la marcha por maestros, alumnos y padres de familia con sus propios recursos, trabajo y voluntad, como un descubrimiento y un avance de la sociedad, al que ahora de ningún modo se puede renunciar.

Ha eclosionado una dinámica social y un modus agendi que interroga a la Universidad y a todo el sistema de Educación Pública, que ahora debería comprometerse en la lectura, la profundización y la ampliación de esa experiencia, en vez de sofocarla.

Esa comunidad educativa logró crear condiciones operativas de trabajo -si éste consiste en la transmisión del conocimiento- que el Sistema de Educación Pública nunca ha podido ofrecerle, por ejemplo, a la Facultad de Bellas Artes y a la Licenciatura en Música de la Universidad Pedagógica, como clases de Armonía con Finale en pantalla compartida, o acceso a Internet con la enorme biblioteca de la red a disposición en todo momento de la clase, como si estuviéramos en una universidad moderna.

Mientras no se ofrezcan las mismas condiciones operativas alcanzadas por esa comunidad educativa para la realización de las clases, No se debe regresar a la presencialidad en los espacios académicos en los que se alcanzaron, es elemental.

Y debe tomarse en cuenta también el tiempo perdido y el costo del transporte para los estudiantes, cuya opinión ni siquiera se ha consultado. Pero No se pueden desmejorar las condiciones creadas por esa colectividad, se ha puesto una vara, y el Sistema de Educación Pública tendrá que saltar sobre ella.

Como maestros, No podemos permitir que se diluya esa comunidad y que se les confisque ahora la administración de los recursos a quienes la crearon precisamente juntando de manera espontánea sus recursos.

Y esto, con miras a dispensarlos luego de manera oficial, es decir, altivamente y a cuentagotas. Tanto para los estudiantes como para los docentes, la opción remota en los espacios académicos que así lo permiten es un derecho adquirido que se hace necesario defender, porque al mismo tiempo es la experiencia introductoria en sistemas y campos de trabajo que de todas maneras no harán sino crecer a todo lo largo del siglo XXI.

Esa comunidad educativa de ningún modo debe desaparecer, y esto va más allá de los recursos. Es su emergencia espontánea lo que realmente merece estudio, profundización y apoyo.

A partir de este momento, la Educación Remota no puede considerarse como una forma menor o sustituta de Educación, por el contrario, estamos entrando en la era de la transmisión remota del conocimiento, lo que implica la emergencia de nuevas formas de construcción social que de hecho rebasan las fronteras.

De manera que -aún sin saberlo- los dilemas éticos, políticos y filosóficos que esa nueva era plantea se están debatiendo hoy mismo, por lo que es necesario asumir ahora de manera consciente y activa ese debate.

Estas son las razones por las que, aunque se me ha conminado a ello y muchos profesores de cátedra han renunciado cediendo a la presión, yo No Renuncio y hago saber a mis estudiantes que estaré disponible en la plataforma virtual para dar mis clases de manera remota en el horario previsto, seguramente solo, pues se les presionará para que no asistan.

Igualmente hago un llamado a las maestras y maestros que renunciaron bajo presión a replantearse los hechos, puesto que finalmente su desvinculación no se ha dado con justa, sino precisamente con una muy injusta causa, ya que se desmejoran objetivamente las condiciones operativas alcanzadas para la realización de las clases, por lo que al decretarse desde el gobierno la presencialidad obligatoria interrumpiendo procesos en curso, se ha vulnerado su derecho al trabajo.

Pero lo más importante es que este momento realmente nos obliga a pensar a fondo, a formularnos todas las preguntas sobre la Educación. A plantearnos honestamente: ¿Por qué enseñamos? ¿Para qué? ¿Realmente queremos ampliar la cobertura? ¿Realmente es conveniente ampliar la cobertura? Y esto nos lleva directamente a la pregunta: ¿Qué sociedad queremos?

Porque precisamente en este momento se nos revela claramente la relación que existe entre educación y sociedad. Y este es un debate que de todas maneras necesitamos abrir, por lo que mantengo mi posición esperando que de alguna manera pueda contribuir a ello.

*Profesor titular Universidad Pedagógica Nacional
Profesor asociado Escuela Colombiana de Ingeniería

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