Carta Abierta a Gina Parody

Desde Buenos Aires, un colombiano escribe a la Ministra de Educación

Por: Fernando Palacios Valencia
octubre 02, 2014
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Carta Abierta a Gina Parody
larepublica.co

Estimada Gina, te escribo porque en este momento tengo un cúmulo de emociones encontradas. Ya te habrás enterado del caso de Mario Ernesto Camargo Cortés. El periodista Daniel Coronell nos ha acercado a él a través de su columna en la Revista Semana1. Sentí tristeza de mí mismo; sí, porque luego de escuchar su historia lo primero que se me ocurrió decir (al igual que todos) no fue “- ¡Mario es un verraco!” sino “- ¡Justicia de mierda!”. Pues bien, superada esta primera emoción, llegó a mí la esperanza. Me convencí de que aún debía existir alguna abogada honesta que lo defendiera; hice una corta lista de mis amigas litigantes, pero pronto tuve que desechar esta idea, pues lo que necesitamos en este caso no es honestidad sino influencia, y tú la tienes, Gina.

Te resumo el asunto. La parte inverosímil de la trama: Mario enfrentó su discapacidad y logró sobrevivir a esta sociedad excluyente; a punta del esfuerzo propio y el de su madre y su padre (maestros de profesión) pasó por sobre un sistema educativo diseñado para gente “normal”, donde –afortunadamente– se encontró con algunos “anormales” que le acompañaron; superó la titánica tarea de conseguir un trabajo estable y, no contento con esto, continuó estudiando. Definitivamente, un héroe (como la mayoría de los que logramos hacer esto en Colombia). Sí, es inverosímil que Mario haya podido hacer lo que hizo en nuestro país. Ahora, la parte verosímil de esta trama: Simple, directa y sinvergüenza, la “justicia” del Estado decide negarle a Mario algo que él logró a punta de tenacidad: una vida digna. Mario reclama la pensión de su padre, lo que por derecho le pertenece dadas sus condiciones; el Estado le niega este derecho porque (palabras más palabras menos) pudo acceder de manera digna a la educación y al trabajo. La impotencia es grande.

¿Qué podríamos hacer por este héroe y mártir de la patria? Por favor Gina, si aún corre por tus venas la sensibilidad que nos fue arrebatada por la tecnocracia, ¡defiende a Mario! Créeme, éste sería el máximo logro de tu carrera profesional y política.

Y de una vez, ya que estoy sueltito te pediré otros favores; te rogaría que enfoques tu actual labor en defender la innumerable lista de derechos vulnerados a las maestras, especialmente el derecho a vivir. Te lo pongo en cifras para que lo entiendas: Según la Federación Nacional de Educadores (FECODE) en lo transcurrido de 2014 han sido asesinados siete maestros en el país, más de 473 en los últimos 14 años y, si a esto sumamos las tentativas e intentos de homicidio y las denuncias de amenaza de muerte desatendidas por las secretarías de educación y la fiscalía, tendrías trabajo hasta después de 2025. Los últimos maestros asesinados, Álvaro Jiménez Portilla, del municipio de Tarso en Antioquia y Manuel Ignacio Reyes, de Rivera en Huila, los mataron, al parecer, por denunciar el micro-tráfico de droga cerca de las instituciones educativas donde trabajaban; y valga la aclaración, a ellos y a muchos de los que conozco no los asesinó o amenazo ninguna de las fuerzas armadas del país, lo que no implica que puedan ser tratados, también, como crímenes de Estado.

Gina, es claro que esto no hace parte de las proyecciones técnicas educativas posneoliberales de tu equipo de trabajo, eso le compete a la justicia; tampoco la vida de las maestras y de Mario son de tu competencia, ellos no tienen cabida en las metas de “Colombia la más educada”. Y, sin embargo, te aseguro que resolver esto sería más sencillo para ti; podrías empezar por cambiar el orden de prioridades. En lo personal, lo que verdaderamente me avergüenza es que seamos, tal vez, el país en el que se asesinan más maestras en el mundo, uno de los países con el índice de inequidad más alto y uno en el que ni siquiera seamos capaces de crear nuestros propios modelos educativos; modelos en los que una educación para el respeto por el otro-otra y la equidad sería lo fundamental. Sólo así, podríamos comprender que vale más una vida que escalar algún puesto en un ranking educativo diseñado por los del norte para seguirnos jodiendo.
Un saludo,

Fernando Palacios Valencia

1 Ver columna en: http://www.semana.com/opinion/articulo/daniel-coronell-la-historia-de-mario/403434-3)

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