Carrie Lam, la autoritaria gobernante de Hong Kong que no cede

Además de su furioso carácter, esta mujer de 62 años es sumisa al poder de Pekín, con lo cual difícilmente abrirá los espacios de libertad que se piden a gritos

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agosto 25, 2019
Carrie Lam, la autoritaria gobernante de Hong Kong que no cede

Los carteles mostraban una caricatura de Carrie Lam, la jefa ejecutiva de Hong Kong, con los colores de la bandera china para mostrar su adhesión al gobierno de Pekín, y encerrada en una jaula de bambú. Los manifestantes, más de medio millón, los llevaban gritando al compás de “Carrie Lam, dimite”, “Libertad para Hong Kong”, bajo los sofocantes 30 grados del 1 de julio. Era la manifestación del 22 aniversario de la devolución de la excolonia británica a China que horas más tarde terminaría con el Parlamento destrozado. Las violentas protestas ya llevan dos meses, han congregado hasta dos millones de hongkoneses, han paralizado el aeropuerto 48 horas, y contra Lam se están estrellando los ataques una vez conseguida la suspensión de la polémica ley de extradición que apadrinaba. “Carrie Lam es una marioneta de Pekín”, se corea ahora cuando lo que se pide es libertad y democracia.

A sus 62 años, es la primera mujer líder de Hong Kong.  Fue elegida en el 2017 por 777 votos – un número que se ha vuelto un apodo- de los 1.194 del comité de notables que debe designar al jefe ejecutivo entre los tres candidatos mandados por el gobierno central. Pekín ya había hecho un guiño a su favor.  Hoy está en el ojo del huracán de las protestas. Pero no es la primera vez que las enfrenta. Hace cinco años, durante la Revolución de los Paraguas en el que los jóvenes demandaban un sistema electoral democrático y paralizaron el centro financiero durante 79 días, ella fue su interlocutora, como el “número dos” del jefe ejecutivo Leung Chung-yin. No cedió un ápice, y en un programa de debate televisado puso el punto final diciendo: “Me temo que solo podemos estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo”. Algunos, entonces, tomaron nota de que el calificativo de “buena luchadora” no era solo un apelativo. Las protestas terminaron por cansancio, la división de los manifestantes y la acción policial, dicen quienes siguieron los hechos.

 

Dos días duró paralizado el aeropuerto de Hong Kong que mueve 74,8 millones de vuelos anuales

Esa dama con puño de hierro que nunca da por perdida una batalla nació y creció en Lockhart Road, Wan Chai, el más poblado de los 18 distritos de Hong Kong, en el centro de la ciudad. Es la cuarta de cinco hermanos de una familia de escasos recursos, estudió en St. Francis, un colegio católico de su vecindario, y es desde entonces una católica ferviente que recién posesionada no tuvo ningún reparo en manifestar: “Desde el primer día dije que esta es una oportunidad que Dios me concede”.

En la Universidad de Hong Kong se le recuerda como una activista estudiantil que no faltaba a ninguna de las manifestaciones con su cabello corto y unas gafas enormes. Se graduó Bachelor of Social Sciences en 1980, y desde entonces se convirtió en funcionaria del gobierno chino. Este le financió estudios en Cambridge, donde conoció a su marido, el matemático Siu-por Lam, un PhD en topología algebraica. Con él tiene dos hijos, Jeremy y Joshua, que estudiaron en Inglaterra, el mayor de ellos trabaja en Pekín, en Xiaomi, una compañía de software y electrónica. Los tres son ciudadanos británicos, ella renunció a esa nacionalidad cuando accedió a uno de sus cargos en el gobierno en el 2007.

Algunas veces ha dicho que posiblemente termine en la campiña inglesa con su marido, donde él vive.  Al comentario le han llovido críticas y han reforzado la imagen de una señora poco comprometida con los destinos de Hong Kong. Entre lágrimas ella manifestó en una entrevista por televisión que reseña una nota de El País: "Mi amor por este sitio me ha llevado a muchos sacrificios personales”.

Esta trabajadicta que solo duerme cuatro horas, al decir del New York Times, ha estado a toda prueba desde junio. La chispa se encendió cuando un hongkonés fue acusado de matar a su novia durante un viaje a Taiwán y no pudo ser extraditado. Lam presentó un proyecto de ley de extradición, que hubiera permitido la entrega de sospechosos a cualquier país, incluso China, incluso opositores de Pekín. Un millón de personas salieron a la calle el 9 de junio. Las enormes manifestaciones continuaron y los manifestantes se contaron por millones. Lam suspendió el proyecto, pero no sirvió para nada. Las demandas han evolucionado dando paso a la reforma del sistema democrático de tal manera que sean los ciudadanos quienes elijan sus candidatos y no la terna enviada desde Pekín. Que puedan elegirlos por voto popular. Y que Lam dimita.

Joshua Wong, secretario general de Demosisto un partido creado al estilo de Podemos de España, y quien se convirtió en el rostro del movimiento en 2014, acaba de salir de prisión diciendo que Lam "ya no está cualificada para seguir siendo líder de Hong Kong", y que “el futuro de Hong Kong está siendo dirigido por el presidente chino Xi Jinping y no por los hongkoneses”. Otros pandemócratas sostienen lo mismo. El punto clave no es la independencia, que a muchos los tiene sin cuidado, es mantener las libertades con las que han crecido -gracias al principio “un país dos sistemas”- y que temen perder.

 

Los dictados de Xi Jinping desde Pekin son seguidos al pie de la letra por Carrie Lam

Lam resiste, con índices de popularidad de 23 % (menos que Duque de 29 % y Macri de 32 %).
La pregunta es cómo si sus tres antecesores encararon las mismas críticas por qué en su caso se han hecho tan irritables y si los kongkoneses protestan por todo por qué en su caso han llegado a niveles tan violentos. Los ciudadanos están enervados. En estos meses Lam ha descalificado a políticos disidentes, no le renovó la visa al corresponsal del Financial Times, y en septiembre abordó la polémica conexión de ferrocarril con el territorio continental, el “tren de Troya”, lo llamó un comentarista político, que va directo al corazón de la ciudad, donde los oficiales de inmigración de la parte continental pueden desplegar la ley china en suelo de Hong Kong, por primera vez.

Los manifestantes dan algunas señales de su particular encono contra Lam.  “Falta de sinceridad”, y “arrogancia”, señalan a los corresponsales en Hong Kong. Pero además que “no escucha a la gente”, un señalamiento más grave porque en el Parlamento uno de los pandemócratas, Fernando Cheung, manifestó que es tal la desesperación de los jóvenes ante sus reclamos no escuchados que tres se han quitado la vida expresándolo en las notas que han dejado.

 

Doce semanas después de duros enfrentamientos, la dura Carrie Lam, ha empezado, por fin, a decir que va a escuchar. Anunció la creación de una “plataforma” para que los hongkoneses puedan presentar sus quejas al gobierno y dijo que el proyecto de extradición “está muerto”. Aún así contra ella sigue pesando el doblegamiento ante Pekín mientras se corea su dimisión en las calles. Carrie Lam Cheng Yuet-ngor dice que “renunciar no es algo sencillo para un jefe de gobierno”. La expectativa es si esa “plataforma” será suficiente para aplacar las protestas, y para que Lam Ka Lo, “la chica del escudo” el ícono de las manifestaciones más grandes en 20 años, deje de meditar en medio de la furia de la muchedumbre.

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