Carlos Amaya, el boyacense que se creció al lado de dos buenos padrinos

Mockus y J. Londoño le abrieron el camino a la gobernación y hoy compite contra el exgobernador nariñense Romero por la candidatura y por el rumbo de los verdes

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septiembre 28, 2021
Carlos Amaya, el boyacense que se creció al lado de dos buenos padrinos

Los paros de estudiantes de 2006 y 2007 en la sede de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) de Sogamoso tuvieron en primera fila a un joven de ruana que, aunque no era de los tirapiedra, sí estaba listo para lanzar feroces arengas políticas. Carlos Amaya era estudiante de ingeniería electrónica y se había ganado a pulso un cupo en la universidad: el mejor ICFES de su provincia. Sin embargo, la política terminaría pesando más en su vida.

Quince años después, Carlos Amaya regresó a Sogamoso como un personaje de talla nacional. Todavía con su ruana, pero con el peso de haber sido representante a la Cámara, gobernador de Boyacá y una de las figuras queridas y consentidas en la Alianza Verde. Y así lo ha dejado claro en estas últimas semanas.

Cuando terminó el bachillerato en su natal Socha, al norte del departamento, Carlos Amaya tomó rumbo a Sogamoso con una beca de la Gobernación de Boyacá entre sus manos. Ya en la universidad, Amaya comenzó sus correrías políticas y mostró que tenía madera para ello, convirtiéndose el representante estudiantil a nivel nacional de la UPTC a pesar de no estudiar en la sede principal en Tunja, que visitaba con regularidad para asistir a las reuniones del Consejo Superior Universitario. Su presencia no pasó desapercibida y rápidamente el entonces gobernador boyacense, Jorge Londoño, le puso el ojo encima al joven Amaya.

La representación de los estudiantes le permitió a Amaya hacerse visible en la política boyacense y volver la UPTC en su fortín.

El 2007 sería el último año de Londoño en el cargo, que ya tenía la mente puesta en las elecciones al Congreso de 2010. Amaya estaba entre sus planes. Así, logró convencerlo para incluirlo en la lista del Partido Verde y lo volvió su fórmula en la Cámara de Representantes. Su respaldo fue crucial para conseguir los 15.000 votos que lo llevaron, con solo 25 años, como el representante más joven del país, mientras impulsaba la candidatura presidencial de Antanas Mockus en el departamento que se contagió con la ola verde del exalcalde de Bogotá.

En la Cámara se volvió una voz de protesta a favor de los estudiantes, y lideró la estrategia para derribar la reforma a la ley 30 que había motivado el multitudinario paro estudiantil de 2011. Dos años después se sumó al paro agrario, marchó con los campesinos que bloquearon la vía entre Tunja y Bogotá y terminó recibiendo bolillo del Esmad.

Pero Amaya tenía menos interés en el Congreso que en el departamento, a diferencia de su mentor Jorge Londoño. En 2014 se bajó del bus de las candidaturas al Congreso por los verdes, en cambio, le puso el ojo a la Gobernación de Boyacá. Jorge Londoño, que quiso repetir curul en el Senado pero se quemó, lo apoyó sin dudarlo e incluso lo ayudó a conseguir el respaldo del Partido Liberal. Aunque fue señalado de doble militancia y de su cercanía con el entonces presidente Juan Manuel Santos —quien entre otras nombró a Jorge Londoño como ministro de Justicia en 2016— sus preocupaciones siendo gobernador se centraron más en los señalamientos que involucraron a su esposa, Daniela Assis Fierro, con quien se casó en en la plaza de Villa de Leyva. Entre sus invitados estaban Angélica Lozano, Claudia López, Carlos Fernando Galán e incluso Nairo Quintana; los mismos aliados con los que hoy ha tomado vuelo y poder político a nivel nacional.

En 2017, un gran número de contratos del departamento y la UPTC empezaron a ser asignados a empresas y personas de Córdoba. Las primeras miradas se posaron en Assis, pero también sonaron en la lista Bernardo “Ñoño” Elías y Musa Besaile, cercanos a la familia de la primera dama departamental. La denuncia llegó hasta la Fiscalía General de la Nación, pero Néstor Humberto Martínez la desestimó.

Apenas unos meses después de haber entregado la Gobernación de Boyacá, Carlos Amaya aterrizó en el despacho de su amiga Claudia López, alcaldesa de Bogotá. En el Palacio de Liévano fue contratado como asesor de López para la relación de la capital con los municipios vecinos, un trabajó que solo duró seis meses.

Desde principios de este año Carlos Amaya comenzó a sonar dentro de la Alianza Verde para ser candidato presidencial. Aunque era un hecho, solo hasta hace un mes lanzó oficialmente su precandidatura y puso su nombre a disposición de la Coalición de la Esperanza. Su estrategia es sencilla: junto al senador Antonio Sanguino y su vieja amiga Sandra Ortiz conformaron una terna verde para comenzar las correrías políticas y darse a conocer más allá de las fronteras boyacenses.

Aunque no ha sido precisamente el candidato más fuerte, destapó una carta de peso dentro del mismo partido: la senadora Angélica Lozano anunció públicamente su respaldo, mientras la Alianza Verde intenta limar asperezas internas entre el grupo de la senadora más importante del partido y los demás congresistas que quieren moverse hacia el Pacto Histórico.

Amaya quiere medirse en las próximas elecciones y confía en que el espaldarazo de Angélica Lozano sea suficiente para sacudir el sonajero presidencial, aunque por el momento suene solo en su natal Boyacá.

 

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