¡Calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda!

"El caso Uribe vs Samper Ospina debería quedar empatado en los estrados judiciales"

Por: David Fernández
julio 24, 2017
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¡Calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda!

A mi nunca me ha pasado, en términos políticos, el expresidente Ernesto Samper, pero eso no me impidió alzar mi voz cuando, sin que mediara ninguna prueba, Claudia Lopez lo acusó de haber matado a la famosa "monita retrechera". En ese entonces, cuestioné el fallo de la juez 23 del conocimiento, el cual terminó absolviendo a la hoy senadora con el pobre argumento  "de que una condena atentaría contra la libertad de opinión, pilar fundamental del debate democrático". Recuerdo que lo primero que dijo la señora Claudia López cuando conoció el fallo fue : "Le gané a Samper". Estoy seguro que para el juez fue "políticamente correcto", o mucho mas fácil, dejar mal parado al desprestigiado Samper y disculpar a la mediática Claudia López. Ahora que es senadora, volvió por sus fueros, y como buena depredadora de la moral de otros, le dijo a Luis Felipe Henao que era un corrupto, sin que aportara nada diferente a su mala jeta. Sin embargo,  en este caso, un juez la obligó a que se retractara. Lo hizo a regañadientes y dejando constancias que nadie le pidió. Ambos fallos, a mi juicio, reflejaron dos cosas: i) que cada juez tiene su propia interpretación de la Libertad de Expresión y,  ii) ofrece un panorama desolador y ambivalente para la defensa de la honra y el buen nombre. El estilo Claudia López ha hecho carrera y lo hemos premiado porque creemos que la altaneria y el insulto moral es bienvenido.

Créanme que nunca he entendido cómo una falsa imputación puede justificarse bajo el supremo principio de la libertad de expresión. Si mi memoria no me falla, y los libros de filosofía política no mienten, jamás leí o aprendí que el espíritu de la libertad de expresión era para atacar la honra y el buen nombre de alguien. La libertad de expresión no nació para amparar o proteger a los matones morales. La propia ONU, en una cartilla interesante, trae un ejemplo válido de cómo la libertad de expresión no da para todo. Pone el caso hipotético de un teatro repleto de espectadores, donde alguien se le ocurre gritar "fuego", y no advierte que esa expresión lanzada al aire puede ocasionar daños. Esta persona no puede alegar mas tarde que lo hizo en virtud a la libertad de expresión. Lamentablemente, con el paso de los años se ha venido desvirtuando, con supuestos pensamientos progresistas. Y esto nos ha llevado a los terrenos farragosos a donde hemos llegado. Pero no solo es la libertad de expresión. Un fletero reincide muchas veces con anotaciones judiciales y permanece mas en casa que en la cárcel. Un corrupto pide una coima de 6000 millones, se gasta 500 millones en abogados, devuelve 2000 millones, confiesa el crimen con pelos y señales, paga 4 años de cárcel, y queda con 3500 millones para vivir una nueva vida. La implementación de los acuerdos de paz se firman mediante el fast track pero los beneficios laborales se cocinan a fuego lento. Por eso el crimen sí paga, y si va acompañada de calumnia e injuria hacemos fiesta.

A raíz del trino de Álvaro Uribe contra Samper Ospina, en el cual el primero le dijo al segundo que era un violador de niños,  casi todo el mundo se ha puesto del lado del humorista-escritor, porque la imputación deshonrosa, obviamente, es grave y censurable. Pero así como la reflexión contemporánea no se caza con ninguna corriente, yo también quiero darme esa licencia y expresar mi opinión en los siguientes términos:

Cuando la pastora María Luisa Piraquive de la iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, dijo, burdamente, que los discapacitados no podían predicar desde el púlpito, le dieron una paliza de padre y señor mío. " Discriminadora", " abusiva", "violadora de los derechos humanos", fueron algunos de los calificativos que se llevó la pastora. Fue un comentario nada afortunado, pero a nadie se le ocurrió decir que había que respetarle su derecho a la libertad de expresión. Cuando Samper Ospina se burla de la quijada o el cuerpo de Angelino Garzón, y se mete con la hija de la senadora Paloma Valencia, eso sí merece el aplauso y la risotada. Alguien dirá: es que la pastora sí estaba discriminando, y el periodista de marras solo busca divertir. Pues bien, la discriminación es tan pueril como la diversión a costa de los defectos físicos de las personas. Hágalo quien lo haga. Si exigimos respeto en los colegios y en nuestros puestos de trabajo, ¿eso no aplica para el que trabaja en un medio de comunicación? Nadie cuestiona la sátira y el humor como una manera de expresar opiniones, pero cuando la sátira y el humor se usan para envilecer es carroña y basura.

El caso Uribe vs Samper Ospina debería quedar empatado en los estrados judiciales, debido a ese otro paliativo de la norma que expresa que si las injurias o las calumnias fueren recíprocas, se podrán declarar exentos de responsabilidad a los injuriantes o calumniantes o a cualquiera de ellos.

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