Buscando la noticia, pero encontrando la muerte

Cuando la vocación por informar nos expone al peligro de convertirnos en nuestra propia crónica

Por: Víctor Cachay
Abril 16, 2018
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Buscando la noticia, pero encontrando la muerte

Repudio total generó en el mundo entero el reciente asesinato de los tres periodistas ecuatorianos en manos de disidentes de las Farc, grupo liderado por alias Guacho.

Nuestra única arma es una pluma y una cámara de fotos o de video; sin embargo, la profesión de periodista es una de las más peligrosas de ejercer sobre el planeta y más en países como el nuestro donde la palabra se calla con balas.

Señor, soy periodista y no me van a matar por eso. Amo esta profesión desde que tengo uso de razón y todos los días trato de dignificarla con vocación y veracidad; empero, qué respuesta puedo dar si la intolerancia, la ideología estúpida y una paz mal firmada que no solo continúa generando muertes sino además ya huele a impunidad.

Países como Colombia, Venezuela, México o como los del medio oriente son escenario de guerras y por ende ejercer o tratar de cumplir con la misión de informar con honestidad y objetividad no solo resulta una utopía sino también se convierte en excusa perfecta para los tiranos y gobiernos miedosos no le den un mínimo de garantía por uno de los oficios más hermosos que existen.

Cómo no recordar las masacres de Matanza en Uchuraccay, en la serranía de Perú ocurrida el pasado 26 de enero de 1983, donde los periodistas Willy Retto, Jorge Luis Mendívil Trelles, Eduardo de la Piniella, Octavio Infante, Amador García, Pedro Sánchez, Félix Gavilán y Jorge Sedano Falcón llegaron a la alejada comunidad ayacuchana para cubrir una denuncia senderista y jamás salieron con vida; el vil asesinato de Jaime Garzón, perpetrado el 13 de agosto de 1999 y cuyo hecho fue catalogado como crimen de Estado; el asesinato Rodrigo Cano, director del diario El Espectador en manos de sicarios de Pablo Escobar o los ajusticiamientos de colegas mexicanos que se atreven a denunciar a los narcotraficantes y lo que es peor a políticos vinculados con todo tipo de delitos en el país del Chavo.

Entonces ser periodista en Colombia nos ofrece la posibilidad de ir caminando con un cartel que diga “Apto para disparar”, o “No se preocupe tengo reemplazo”, sin imaginar que detrás de uno hay familia, hay hijos, padres, hermanos y por supuesto un sueño irreal pero delirio al fin…de que todo mejore y seamos más justos.

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