Opinión

Brasil en Barranquijazz

Noticias de la otra orilla

Por:
septiembre 16, 2017
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Brasil en Barranquijazz
Rosa Passos, con la dulzura de su sonrisa morena y la maravilla de una voz tersa y bien llevada estuvo en el Barranquijazz de 2001 y repitió en el 2003

Hay que decir que a pesar de que en la historia musical de Barranquilla, más o menos reciente, la música brasilera se ha prodigado en los repertorios de muchos de nuestros grupos estables y episódicos en los que casi siempre aparecen los grandes estándares de la samba y la bossa nova, es muy cierto que han sido los 21 años de Barranquijazz los que han creado una nueva tradición presencial de importantes figuras de la música brasilera contemporánea. Sin olvidar, desde luego, presencias fundacionales anteriores al festival como la inolvidable presentación de Zimbo Trío, una de las agrupaciones emblemáticas de la bossa nova, a comienzos de los años 80, recién inaugurado el teatro Amira de la Rosa, las audiciones discográficas en el agradable bar aquel llamado Cascatinha y, por supuesto, las programaciones radiofónicas de programas como Clave de son y Tiempo de Jazz a instancias de Tony Caballero en las que desde tiempo hice de invitado hasta hace algunos años. Para mencionar sólo algunos antecedentes.

Pero ha sido con el Festival Internacional de Jazz de Barranquilla, Barranquijazz, que hemos empezado a acostumbrarnos en la ciudad a tener prácticamente cada año, desde 2001, una presencia brasilera que aporta una cuota de gran interés musical proveniente de una de las músicas populares que más han experimentado un sentido progresivo en el mundo en términos melódicos, armónicos y poéticos.

Así, en Barranquijazz 2001, la presencia de quien a partir de su presentación en Barranquilla, deviene uno de los “secretos mejor guardados de la música brasilera”; y no obstante no era una figura desconocida en su país, es a partir de su éxito en Barranquilla cuando comenzamos a verla en las nóminas de otros importantes eventos internacionales de jazz así como en importantes producciones discográficas. Su complicada figura corporal y su estatura contrastan con la dulzura de su sonrisa morena y la maravilla de una voz tersa y bien llevada que suele acompañar con su propia guitarra. Fue en verdad una gran noche y un encuentro muy afortunado entre artista y público en el marco de un festival en el que también estaban Hilario Duran, Jeff Gardner, Orlando “Maraca” Valle, Kirk Lightsey…

En 2003, el éxito anterior de la Passos llevó a los organizadores a repetir con ella la experiencia, y aunque en esta ocasión su presentación no tuvo la misma intensidad en sus destellos que la primera vez, sin duda puede recordarse también como una noche afortunada en la que de nuevo ese “balanceado” especial de sus arreglos, su voz y su guitarra volvieron a demostrar que aquella podía ser una cuota exitosa en el marco de nuestro festival, y fue un filón que ha seguido explorándose con un balance sin duda positivo a lo largo de todos estos años.

Pero fue en 2005 que asistimos a uno de los rituales más emocionantes que hayamos podido vivir en Barranquijazz: la presencia escénica, la voz redonda y madura, perfecta, con el respaldo de un ensamble musical de finísima factura y profesionalismo, todo ello junto en el extraordinario concierto de la gran diva Gal Costa, la “flor más salvaje de todo Brasil”, como la llamó alguna vez el propio Tom Jobim. Aquella fue una noche sin una sola mancha.

 

Elza Soares, en el 2008, estremeció los cimientos del Jumbo del Country

 

ELa versión de Barranquijazz 2008 le apostó con gran riesgo artístico a una presencia brasilera que envolvía, en su gran leyenda musical y en su impacto mediático, los últimos aleteos de una resurrección que había vuelto a llenar escenarios internacionales en el mundo latino: Elza Soares, una gran voz y una gran intérprete, famosa por haber sido la tormentosa mujer del astro del fútbol Garrincha en los años 50, estremeció los cimientos del Jumbo del Country y de sus asistentes con una presentación que sorprendió por su fuerza y calidad. Aquel eros desatado en su voz, en su cantar y en su histrionismo parecían imposibles de habitar en una mujer de sus años. Sus ojos rasgados y su espíritu malandro estaban en posesión de la noche.

 

Joao Bosco ofreció en el 2009 el que puede ser uno de los más grandes conciertos jamás visto en Barranquijazz

 

En 2009, un nuevo estremecimiento brasilero marcó el festival de manera indeleble: Joao Bosco, prestigiado compositor, gran intérprete vocal y de la guitarra, músico integral, al frente de una banda monstruosa en calidad y poder nos dejó exhaustos a todos los que pudimos disfrutar del que puede ser considerado uno de los más grandes conciertos jamás visto en Barranquijazz. La gran sala del Amira se sentía tan colmada plenamente no sólo de público sino de un enorme sonido con un denso significado que allí sólo existía la música.

 

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