Opinión

Bienvenidos al futuro

Entre su primera alcaldía y esta han pasado más de diez años, varios alcaldes desastrosos, y cuando vemos hoy el transporte público bogotano solo dan ganas de llorar

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enero 19, 2018
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Bienvenidos al futuro
Cuando se plantea la palabra “metro”, la respuesta del alcalde no es otra que ese sistema no pasa de ser un hueco donde la gente entra como si fueran ratas

A finales del siglo pasado Bogotá tuvo como alcalde a un personaje que supo venderse bien como el gran renovador de la ciudad y por cosas de la vida y la dinámica de la política, otra vez repitió cargo y hoy es, desde enero de 2.012, alcalde de la capital.

Su gran revolución fue el Transmilenio, un sistema de transporte que en su momento tuvo sus aplausos y que consistió en adoptar una de las principales avenidas que conecta de sur a norte para que ahí transiten nuevos buses articulados con paraderos en donde cuando se abre la puerta del bus, simultáneamente se abre la puerta en la estación.

Con este medio de transporte se le dio un buen golpe al transporte público de siempre consistente en unas viejas y destartaladas busetas y se llegó a pensar que por fin la cosa cambiaba para bien y que pasaría a la historia lo que se conoce como la guerra del centavo, un arcaico sistema en donde la buseta va a máxima velocidad y sólo se detiene cuando alguien estira la mano o se aparece en la ventanilla del chofer un sujeto que, a cambio de una propina, le informa qué busetas van adelante y cuánto le llevan de tiempo. Pero no, a pesar del Transmilenio, las busetas y sus poderosos propietarios de siempre siguen ahí.

Entre su primera alcaldía y la actual han transcurrido más de diez años, varios alcaldes desastrosos y cuando vemos hoy el transporte público bogotano solo dan ganas de llorar.

 

Los buses son hoy unas largas tartanas que sueltan humo
como un cohete y con el paso de los años
la gran avenida es una calle llena de huecos

 

Como usuario habitual del Transmilenio llego a la estación y la mitad de las puertas corredizas están abiertas con los riesgos en seguridad que ello conlleva, y cuando llega el bus y abre sus puerta, no se abren las de la estación y a buscar cómo salir. Los buses son hoy unas largas tartanas que sueltan humo como un cohete y con el paso de los años la gran avenida es una calle llena de huecos y en donde ningún bus tiene un sistema de amortiguación decente.

Y cuando se plantea la palabra “metro”, la respuesta del alcalde no es otra diferente a que ese sistema no pasa de ser un hueco en donde la gente entra como si fueran ratas y su única propuesta es hacer un nuevo Transmilenio por otra importante vía que va de sur a norte ante lo cual parece que no hay solución diferente a pasar saliva, tal como pasamos saliva cuando conocemos de los títulos universitarios de los cuales él se jacta.

 

Y hablando de…

Y hablando de elecciones y de firmas para postularse al cargo de presidente, no resulta nada curioso que Vargas Lleras y Ordóñez lideren el listado de firmas falsas.

 

 

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