Opinión

¡Basta ya!

Una conspiración demencial, fraguada por la izquierda y la derecha recalcitrantes para tomar el poder absoluto, con el odio como enseña, está desangrando el país

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Diciembre 20, 2018
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¡Basta ya!
Tenemos que sacudirnos, no darle oportunidades al odio que nos rompe ni hacerle el juego al oportunismo politiquero y sus agendas perversas. Foto: Zona Cero

La extrema derecha cavernícola y la extrema izquierda incendiaria están sumando  esfuerzos para sumir a Colombia en un mar de agitación y sangre. A tales grupúsculos los mueve un interés despreciable: obtener el poder absoluto a como de lugar mientras se dejan  a un lado los verdaderos desafíos que afrontamos como sociedad.

Esos actores insisten en aplicar un antiguo método inventado por los regímenes totalitarios el cual  consiste en deshumanizar al contendor convirtiéndolo en cosa despreciable, amenaza, enemigo, ser indigno. Después cualquier violencia y hasta la eliminación física quedan justificadas. Así hicieron Nerón con los cristianos, la Inquisición con los judíos y musulmanes, Hitler con las etnias distintas a la aria. Recuerdo que alguna vez me atracaron y el hampón al ponerme una pistola en el estómago comenzó a insultarme y a decirme H.P. Solo días después comprendí que me trataba de esa manera para diferenciarme, privarme de dignidad y poder justificar cualquier vandalismo en caso de que no me sometiera a su voluntad.

Los líderes y activistas sociales siempre fueron vulnerables, pero ahora los usan como carnaza destinada a portar mensajes de terror. En la conspiración contra ellos participan sin querer queriendo, individuos de la política partidista y representantes de opinión pertenecientes a la izquierda y la derecha. Los de izquierda con su verbo alucinado estimulan las disidencias de la guerrilla para arrasar a quienes tratan de defender la legalidad y el orden establecido. Los de derecha con argumentos opuestos, azuzan a las bacrim y a los paramilitares para eliminar a quienes luchan por organizar las comunidades o proteger el medio ambiente. En ambos casos la fusilería moral en los medios precede al asesinato físico.

 

 

A Duque quieren impedirle gobernar; revolcar todo desde su jornada inaugural;
en la orilla opuesta, la extrema derecha toma como cabeza de turco
a Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad

 

 

El problema mayor es que ese impulso ha ido escalando. Las mentes de los colombianos cultos y de los ciudadanos del común se han metido también en la opción totalitaria contra el que piensa distinto.  Por eso el veredicto de la democracia ya no cuenta. Aunque el título de Iván Duque para ser presidente es inobjetable quieren impedirle gobernar; revolcar todo desde su jornada inaugural. Aún más, en un pase de magia los admiradores de Santos, los que nunca criticaron su mediocridad y su desgobierno;  quienes no quisieron exigirle acción frente a los asesinatos de los líderes sociales, han madrugado a responsabilizar de los desastres actuales y futuros a un sucesor cuyo mandato no ha empezado. En este caso el  veneno de la deshumanización está presente. Se quiere vender la idea de que Duque no existe, no tiene identidad. Sería apenas un títere sin voluntad en manos del expresidente Uribe y de la oligarquía. Según esa lógica desquiciada estamos frente a un impostor  fantoche y habría que empujarlo al fracaso, hacerlo objeto de todo mal.

En la orilla opuesta pero con una estrategia coincidente, la extrema derecha toma como cabeza de turco a Francisco de Roux, Presidente de la Comisión de la Verdad. Sin sustento alguno lo tildan de comunista y subversivo; de guerrillero vinculado a las Farc y al Eln; de cómplice en tropelías y violencias; de dilapidador irresponsable; de sesgado simulador de principios. No les importa su pasado impoluto, ni que la comisión carezca de empoderamiento  judicial. Tampoco cuenta el hecho de que  como sociedad necesitemos entender lo acontecido en los años de la guerra para evitar reincidir en las atrocidades.

Esta conspiración demencial contra Colombia, fraguada por la izquierda y la derecha recalcitrantes, cuya enseña es el odio y la determinación de eliminar a quien no comparte las ideas propias, está comandada por oscuros activistas de los dos extremos políticos. Pero el asunto se vuelve trágico al constatar que a ellos se vienen sumando opinadores, caricaturistas, académicos, periodistas, artistas, empresarios, youtubers, congresistas y muchos más. Como se mencionó antes al impulso de tales personajes infinidad de compatriotas muestran ahora el odio a flor de piel y la arenga insidiosa en los labios. No se dan cuenta que nuestro principal infortunio es la espiral de polarización en la que vamos adentrándonos.

Mientras tanto los ciudadanos de bien callan y otorgan. Se dejan convertir en cómplices silenciosos del resentimiento y de la inquina, del rencor y la hiel. Ni siquiera se toman el trabajo de  indagar quién esta ganado en este rio revuelto que amenaza  arrastrar nuestros valores democráticos, nuestras instituciones y nuestra civilidad.

Pero los ciudadanos tenemos el deber de sacudirnos, de decir basta ya, no vamos a darle oportunidades al odio que nos rompe y deshumaniza; no vamos a hacerle el juego al oportunismo politiquero y sus agendas perversas; no vamos a dar atención a esos oficiantes de redes y medios dedicados a instilar desencuentros. En resumen, no permitiremos que nuestro destino caiga en manos de quienes desean hacernos daño.

Ese basta ya tiene que ser claro, contundente y debe gritarse a viva voz. Que oportuna sería la unión de gremios, universidades, sindicatos, medios de comunicación, lideres de opinión, empresarios  y colombianos en general para comprometerse ante el mundo con unos mínimos indispensables en materia de convivencia y reconciliación.

El desafío es inmenso. Pero de no estar a la altura, de no ser capaces de contener la dinámica actual, acaso no tengamos una segunda oportunidad como nación en paz.

 

Publicada originalmente el 19 de julio de 2018

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