Barranquilla, en medio de un mar de lágrimas

Como dijo Adam Smith: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”

Por: ROBERTO CARLOS PETRO
junio 18, 2020
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Barranquilla, en medio de un mar de lágrimas
Foto: Jdvillalobos CC BY-SA 3.0

En todo el país se ha vendido el eslogan de que la ciudad de Barranquilla es el mejor “vividero del mundo”. Sin embargo, los que afirman esto no viven en ella. Eso se nota cuando se acerca el carnaval. Llegan decenas de hijos ilustres, visitantes de otras ciudades y extranjeros para gozarse las festividades y en plena borrachera afirmar el buen vivir en la ciudad. No obstante, al terminar las festividades, llenos de melancolías retornan a las ciudades donde están trabajando y estudiando, ya que el mejor vividero del mundo no les dio a los hijos ilustres los suficientes medios para tal fin. Solo los que quedan en ella saben los problemas estructurales que aquejan la ciudad y que el carnaval posibilita el olvidar por el breve periodo que dura.

Tal vez la ciudad se ha convertido en el mejor vividero del mundo para los contratistas que han amasado sus grandes fortunas a costa de negocios con la administración pública. Dirán que "esto es la alianza entre lo público y lo privado” y no es malo, lo malo es que mientras se gasta el presupuesto público embelleciendo la cuidad con la cultura del cemento en obras que proyectan la especulación inmobiliaria, se caen a pedazos edificaciones que fueron diseñadas para el arte, la cultura y la educación. Este es el caso del Museo de Arte Moderno, el Teatro Amira de la Rosa y la sede de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico.

Según la proyección financiera que presenta el plan de desarrollo 2020-2023 (Soy Barranquilla), se espera recaudar un monto de 13,6 billones de pesos para alcanzar los planes y proyectos que ha fijado el gobierno local. Sin embargo, la situación actual pone a tambalear el presupuesto debido a la recesión que sufrirán las económicas globales y nacionales pospandemia, por lo que las cuentas que se hacen están diseñadas así: se espera recibir un 44% por transferencias de la nación, un 20% con recursos de cofinanciación y un 8% de recursos de capital. ¿Será que el concejo por quedar bien con el alcalde no vislumbró la realidad económica y social que está atravesando la ciudad en estos momentos, más cuando la ciudad (en materia de deuda pública) viene acumulando desde años intereses que obligan a destinar gran parte del PIB al pago de la misma?

Ahora bien, de acuerdo a los reportes que presenta la Secretaria de Hacienda del Distrito, en cabeza de la funcionaria Emelith Barraza Barrios, a corte del 31 de diciembre del año 2018 la deuda pública ascendía a los $1.174 billones y para el año 2019 creció a los $1.227 billones. En total, el distrito adquirió una deuda monumental en solo dos años por la suma de $2. 402.billones. El plan de desarrollo destina un monto anual de $292.178.865.867. Con estas cifras lo que se infiere es que el gobierno local tendrá que seguir destinando gran parte del PIB al pago de interés, lo que obliga al distrito a seguir endeudándose con la banca y a esperar que el gobierno nacional le cumpla con los 44% por transferencias de la nación, algo incierto debido a los cálculos económicos que establecen hoy los especialistas en la materia.

Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que la economía colombiana podría caer entre el 6% y 7.9%. De hecho, siendo optimistas, la recuperación será muy lenta, eso sí, siempre y cuando no exista un segundo brote del virus. Si esto es así, entonces se pronostica que los cálculos presupuestados en el plan de desarrollo no serán alcanzados debido a la crisis antes, durante y después de la pandemia, lo que implicaría que el distrito tenga que recurrir nuevamente a préstamos destinados al pago de deuda pública, como lo hiciera el antiguo mandatario el año pasado al emitir 650.000 millones en deuda pública para poder financiar los planes de desarrollo. Es decir, sustituir una deuda por otra: “gasten cuanto puedan, pero guarden los recibos, que después hay que pagarlos". Ahora, si se van a realizar este sistema de préstamos, estos tienen que ir directamente destinados a atender a la gente en medio de las dificultades socioeconómicas.

Para cerrar, mientras Barranquilla se venía perfilando como una de las ciudades con mayor crecimiento económico, en la región se profundizaba la crisis que venía escondida desde hace años, maquillada por el ideal de progreso (cimentado durante los últimos años). Estos doce años de júbilo empresarial arroparon tanto la realidad de la ciudad que solo pudo ser redescubierta por los coletazos que está dejando el paso del coronavirus por la ciudad. Estamos asistiendo tal vez a uno de los momentos más complejos en la historia de la humanidad y para esto se requiere un liderazgo político que brinde seguridad y tranquilidad a los ciudadanos para que después no ronde el caos y la anarquía. Por cierto, en estos días de luz y calor se comienzan a ver los brotes de desobediencia civil debido a la inseguridad social que viven las familias atlanticenses en medio del aislamiento social. Pues bien, la respuesta por parte del alcalde Jaime Pumarejo ha sido hacerle cerco policial a los barrios con altos índices de contagios, ¡por el amor de Dios!, ¿cómo se sentirán las familias que tienen que luchar con el hambre y ahora con la presencia de la fuerza pública?

No podemos seguir dándole la espalda a los problemas sociales que atraviesa la ciudad y el departamento. Es el momento de abrir el debate público y convocar a la ciudadanía en aras de planificar una propuesta que garantice el cumplimiento de los derechos humanos y de que la arquitectura de la urbe cumpla con el orden social relacionado con lo más preciado que tiene lo público: proteger la vida.

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