Opinión

Aviones contra Venezuela

Duque sobrecargará el presupuesto nacional con la friolera de $14 billones con la compra de unos aviones que no tienen finalidad distinta que intimidar a Maduro

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marzo 30, 2021
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Aviones contra Venezuela
Colombia tiene una de las fuerzas aérea más importantes de América Latina, y la  va a incrementar  con la compra de los 24 cazabombarderos ordenada por Duque

La decisión del presidente Iván Duque de comprar 24 aviones F-16 confirma su irrevocable voluntad de secundar la política de cerco y aniquilamiento del gobierno de Venezuela diseñada por Obama, agudizada por Trump y ratificada por Joe Biden. Una política que a su vez debe enmarcarse en la nueva Guerra Fría cuyos lineamientos fueron expuestos en el documento “Estrategia de Seguridad Nacional” aprobado en 2017 por Trump y corroborada por el borrador de la “Guía Estratégica de Seguridad Nacional”, publicada por la administración norteamericana el 3 de este mismo mes de marzo.

El calificativo de “fría” aplicado a esta nueva guerra de escala planetaria no es simple recurso retorico. Apunta por el contrario al núcleo de su estrategia que - adaptándose a la imposibilidad de emplear las armas nucleares debido a su capacidad de destruir la vida en la Tierra- combina el cerco económico, político y diplomático de las naciones consideradas enemigas, con un incremento desaforado del gasto militar que las obliga a incrementar el propio. Como bien se sabe, la economía de la Unión Soviética no pudo soportar el doble impacto del prolongado cerco económico y del crecimiento interminable de su presupuesto militar y se desplomó. Washington confía en que esta vez suceda lo mismo y que gracias a la reedición de esta estrategia va a frenar en seco el vertiginoso crecimiento económico de China al que tanto teme y producir de nuevo el desplome de la economía rusa, que considera más vulnerable. China empantanada y sin Rusia se vería obligada a capitular y aceptar así fuera a regañadientes la orden de plegarse al “orden basado en reglas que mantiene la estabilidad global” que les dio el secretario de Estado Antony Blinken en la frustrada cumbre de Anchorage del pasado 18 de marzo. Las reglas marcadas por Washington obviamente.

Su política con Venezuela sigue el mismo esquema, que parte en primer lugar de considerar que hoy es muy arriesgada la intervención militar directa en el país hermano. La suma de los efectivos y la disposición de combate de las fuerzas armadas bolivarianas y de las milicias populares hacen temer que dicha intervención no sería el breve y triunfal paseo militar que fue la invasión de Panamá bajo el gobierno de Noriega. Si la guerra se prolongara más allá de un par de semanas es muy probable el rechazo de una opinión pública como la norteamericana harta de las “guerras interminables” en las que se ha embarcado su país desde la invasión de Afganistán de 2001.

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Al cerco económico, político y diplomático se añade la presión militar, representada en este caso, en el fortalecimiento del poderío de las fuerzas armadas colombianas

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Descartada esta opción queda la de añadir al cerco económico, político y diplomático que tanto daño está causando al pueblo venezolano, la de la presión militar, representada en este caso en el fortalecimiento del poderío de las fuerzas armadas colombianas que, contando ya con una de las fuerzas aérea más importante de América Latina, va a incrementar aún más su capacidad de fuego con la compra de los 24 cazabombarderos ordenada por Duque. Este incremento de nuestro poderío militar obligará a los venezolanos a incrementar el suyo en detrimento de una economía ya muy deteriorada por el embargo y las sanciones y en beneficio de la franja extremista de la oposición política encabezada por Juan Guaidó, que no ceja en su empeño de capitalizar el descontento social generado por dicho deterioro. Los estrategas de Washington confían en que tarde o temprano esta estrategia producirá o el desplome del gobierno bolivariano o un debilitamiento tan grave del mismo que permita una intervención militar “quirúrgica” y de corta duración que no le dé tiempo a reaccionar a su propia opinión pública. A cargo de sus tropas o de las nuestras.

Lo que no sé ahora mismo es si estos estrategas han pensado en el impacto político y social en Colombia de la decisión de Duque de sobrecargar el presupuesto nacional con la friolera de 14 billones de pesos con la compra de unos aviones que no tienen finalidad distinta de la de intimidar a Venezuela. Con la economía del país en caída libre y una reforma tributaria regresiva en marcha. Podría salirles el tiro por la culata.

 

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