Toda estación de Transmilenio, por terrible, atestada y peligrosa que sea, ¡es susceptible de empeorar!
Cuando los estoicos usuarios del pintoresco metro bogotano, léase Transmilenio, estábamos ya resignados a soportar el desorden, el desaseo, la peste de asesinos, cuchilleros, cosquilleadores y ladrones; el enjambre infinito…
