Audrey Hepburn: ¿Se hereda el hambre?

Seis embarazos, dos nacidos vivos, cuatro abortos espontáneos, la dura historia obstétrica de Audrey Hepburn

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junio 19, 2019
Audrey Hepburn: ¿Se hereda el hambre?

Dos mujeres icónicas del siglo XX nacieron el mismo año hace noventa en 1929.  Una, Ana Frank, quien nos dejó su impactante diario de joven judía perseguida por los nazis y murió de tifus en 1945 a sus quince años en el campo de concentración de Auschwitz.  En ese momento la otra, Audrey Hepburn, estaba viviendo el invierno del hambre, Hongerwinter, en Holanda.  Sus sufrimientos dejaron cicatrices.

Faltaba menos de una año para el fin de la Segunda Guerra Mundial cuando la operación del General Montgomery para liberar Holanda, llamada Market Garden, fracasó estrepitosamente.  En la ciudad que era el punto clave del ataque, Arnhem, vivía la adolescente Audrey Hepburn con su abuela.  El gobierno holandés en exilio pidió a los trabajadores ferroviarios en el territorio dominado por los alemanes  que comenzaran un paro completo de actividades. El gobierno nazi decretó como castigo la prohibición absoluta de entrada de alimentos a Holanda.  Era septiembre de 1944. Comenzaba el invierno del hambre en ese país produciendo una hambruna gravísima con muerte de unos 20,000 civiles. Terminó apenas en mayo de 1945 con la tardía liberación total de los Países Bajos.

Como todo eso ocurrió en un país relativamente rico, con buena educación y excelentes registros de natalidad y mortalidad el terrible episodio ha sido estudiado exhaustivamente por historiadores, economistas e investigadores de la salud.  De esa terrible desgracia social hemos aprendido cosas importantes. Quizás que la desnutrición masiva puede ocurrir en cualquier país, aún en algún vecino nuestro. Ninguna sociedad está completamente libre del hambre por más recursos que tenga.  Pero eso ha ocurrido y puede volver a ocurrir.

Audrey Hepburn era una adolescente que vivió esos terribles tiempos de la II Guerra Mundial: "Nos manteníamos con una rebanada de pan hecho con cualquier cereal y un plato de sopa aguada elaborada con una sola patata (...) Los que lo soportábamos seguíamos con vida y si seguíamos con vida es que no estábamos muertos". Al finalizar la contienda la joven tenía  baja estatura y peso, anemia, edema de piernas.  Todos signos conocidos de la desnutrición calórico-proteica extrema llamada Kwashiorkor.  Que en el lenguaje de Ghana significa “el que se va” o “el que se abandona” Pues fue frecuente años más tarde en los conflictos civiles africanos.  En Colombia no era raro ver niños así en los cuartos de urgencias pediátricas hace unos años. Ahora no tanto pues el problema nutricional de nuestros niños actualmente parece ser más bien la obesidad.  Como alguna nutricionista me explicaba hace unos días nuestro problema más serio no es ya la desnutrición sino la malnutrición.

Luego la Hepburn fue bailarina de ballet, admirada actriz de teatro, idolatrada diva de cine y musa del diseñador Givenchy.  Tenía una belleza incomparable ante nuestros ojos en los años cincuenta y sesenta, quince después de los años del hambre. A los más  jóvenes que no la vieron les recomiendo uno de sus últimas triunfos en la pantalla grande “Esperando la oscuridad” (1967) Pero siempre fue un elegantísimo “junco” que popularizó el “pequeño traje negro”, canon de la alta costura femenina, en “Desayuno en Tiffany´s”  Tuvo 3 matrimonios, dos hijos, seis abortos espontáneos. Siempre confesó querer más niños en su vida y terminó siendo embajadora de la UNESCO para la infancia en África y Latinoamérica.

¿Por qué Audrey Hepburn sufrió unos embarazos tan difíciles?  Probablemente por su extrema delgadez. Se sabe que una mujer de bajo peso, cuerpo magro y escaso tejido adiposo tiene frecuentemente problemas de ovulación.  Pensando teleológicamente se explicaría uno que en una situación de pobre alimentación y crisis social aguda la evolución humana nos ha preparado para responder con una baja fertilidad.  Eso se documentó en Irlanda durante el siglo XIX, en Ucrania en los años treinta del siglo pasado y hace unas décadas en hambrunas de Bangladesh.

Creo sin embargo que Audrey Hepburn pudo engordar un poquito después de la guerra si así lo hubiera deseado.  Ella cuenta que un soldado americano casi la mata de la diarrea al darle cinco tabletas de chocolate tras la liberación de Holanda.  Muchos sobrevivientes de campos de exterminio sufrieron la misma experiencia al exponerse a una súbita dieta abundante. Curiosamente otra cosa que se aprendió después del invierno del hambre es que los pacientes con enfermedad celíaca, más frecuente en poblaciones blancas del Norte de Europa sensibles al gluten, empeoran al recibir pan de trigo.  

Pero una jovencita convertida por su ambiente social en bailarina de ballet, actriz y modelo de alta costura va a cuidar exageradamente su peso hasta el borde de la anorexia.  Esto sigue siendo así para muchas mujeres jóvenes esclavizadas por el modelo publicitario de belleza femenina. Probablemente muchas no tendrán los hijos que desean.

Audrey Hepburn sufrió las cicatrices sicológicas del invierno del hambre.  No todo era felicidad tras su imagen estereotipada de musa y diva extremadamente delgada.  Eso explica su compromiso activo y empático contra la desnutrición infantil hasta el final de su vida.  

 El hambre deja cicatrices y además se hereda.  Pues otra cosa inesperada que nos enseñó el invierno del hambre en Holanda, y otras hambrunas lo han confirmado, es su herencia epigenética.  Los niños concebidos durante ese tiempo de carencia (contrario al caso de Hepburn quien era entonces adolescente) al llegar a adultos sufren de más obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular y renal.  El ambiente modula la expresión de los genes y esa impronta genética pasa a otras generaciones futuras.

El niño en el útero no es un ser pasivo que es alimentado por la madre y crece de manera automática.  A veces el niño combate con la madre por sus nutrientes. Por ejemplo el hijo de una mujer diabética lucha por la glucosa con su madre que no tiene insulina ni puede almacenar glucosa en sus células y gana la pelea: nace grande con peso excesivo.  Pero al desconectarse de su mamá queda en peligro inminente de hipoglicemia porque ya no tiene a quien robar glucosa.

Esto es una simplificación pedagógica de una situación metabólica compleja pero quiero dar a entender que lo que se vive en el útero queda impreso de alguna manera en el adulto.  En el caso de hambrunas, sí, el hambre se hereda. El individuo crece sigue luchando, de manera a veces patológica, contra el hambre. De ahí el aumento de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular en esas cohortes generacionales que vivieron el invierno del hambre en el útero de sus madres.  Audrey Hepburn lo vivió como adolescente y lo recordó toda su vida como actriz extremadamente delgada. Distintas maneras de heredar el hambre

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