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Así me robaron $8 millones dentro de un Café Tostao

Claudia Consuegra es una periodista. Todos los días visitaba el local, y no la ayudaron ni pasándole el video a la Policía. Este fue el periplo que vivió

Por: Claudia Consuegra Peña
Marzo 17, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Así me robaron $8 millones dentro de un Café Tostao
Fotos: Facebook de Tostao y la periodista

En Bogotá,
DENTRO DE TOSTAO, ¡ROBAN!

Un día de furia.
9:00 a.m.
Estoy en @Tostao Café & Pan de la Cra 13 A con calle 80, esquina, al frente de la parte posterior del Centro Comercial Atlantis, sentada. Tomo un americano acompañado de pan integral. Es mi rutina diaria desde que este lugar abrió sus puertas y, yo, soy su feliz vecina.

A mis pies, dejo el morral donde cargo mi oficina portátil y varios objetos personales. A la larga mesa donde me siento no le cabe un alma más. Hay hombres y mujeres al frente mío y a mis dos costados. Todos muy tiesos. Todos muy majos.

– “Qué pesado puede llegar a ser el “teletrabajo”- , cavilo.

Me entra una llamada al celular personal. Contesto con la mano izquierda, con la derecha sorbo mi tinto.

9:20 a.m.
Me levanto de la silla y me agacho para levantar el morral; debo irme directo al trabajo. ¡Oh, sopresa! El morral ha desaparecido. Tampoco está la pareja que hasta hace poco permanecía frente a mi. Me escucho decir: “me robaron mi morral con todo lo que tenía adentro: portátil, celular institucional, equipo de fotografía, billetera, papeles, las tarjetas, me dejaron sin nada, déjenme ver las cámaras de seguridad, ayúdenme a llamar a la policía”.

Lloro, me bronco aspiro, intento reponerme y llamo al 112, línea de la policia nacional.

9:30 a.m.
Dos patrulleros de la zona llegan rápidamente en mi auxilio, solicitan al personal de Tostao que nos permitan ver de inmediato el vídeo de las cámaras de seguridad y así, identificando a los ladrones, tal vez alertando a otros patrulleros de la zona, los podamos agarrar.

Dos administradores del lugar nos citan, a los policías y a mi, “políticas internas” que los eximen de mostrarnos el vídeo. Me invitan a que instaure el denuncio formal y lo suba-en PDF-a un correo electrónico de ellos para que, al cabo de muchos días, me envíen el material probatorio.

9:45 a.m.
Llamo a mi trabajo a contar lo sucedido, a solicitar que bloqueen la línea y le reporten, a Claro, el hurto del Huawei Mate 10 pro de 128 gigas, nuevo. Les cuento de la cantidad de costosos accesorios que también se perdieron: baterías, cargadores que-hace menos de una semana-me entregaron para adelantar grabaciones de vídeos y tomas de fotografías. Mi cerebro contabiliza 8 millones de pesos. Los pillos me han quitado equipos que suman ‘8 palos’.

Llamo a dos bancos a bloquear los plásticos. Bancolombia me anuncia que solo me entregará una nueva tarjeta, o mi plata en cualquier oficina, cuando cumpla tres requisitos: 1. Fotocopia de la denuncia ante la policía. 2. Fotocopia de la contraseña verde de la Registraduria que indique que solicité duplicado de la cédula. Y 3. Fotocopia de algún carné o documento con foto y número de cédula. Me expresan que sin esos tres pasos no veré un peso de mi plata. Le digo a la asesora que no tengo cómo cumplir el tercer paso pues he perdido todos los documentos que estaban en la billetera dentro del morral. Me contesta:”ese no es mi problema”.

– “Tan queridos’, pienso. En Bancolombia, “No le están poniendo el alma”.-

Uno de los agentes de policía me presta su pañuelo para secarme las lágrimas. Me indica cuál es la estación de policía a la que debo dirigirme, ya que gestionar las denuncias por internet es una tortura- asegura- porque la plataforma es lenta o se mantiene caída;y en mi caso no aplica porque a más de mi portátil, documentos y objetos personales, tenía elementos institucionales de alto valor. Eso hace indispensable denunciar, ante una autoridad, en forma presencial.

-“Linda manera de estrenarte en el nuevo trabajo, Claudia Consuegra. Dejándote robar un celular de 4 millones de pesos y accesorios por valor de otro millón más. Súmale tu portátil que vale otros millones, tus cosméticos, el libro. Joder, el libro. No has recibido aún el primer sueldo y ya estás debiendo todo y más”.

12:30 m
Acudo al colegaje de la Jefe de Prensa de la Registraduria Nacional para que me ayude a asignar, cuanto antes, una cita y sacar el duplicado de la cédula. Había intentado, por espacio de una hora, hacerlo a través de la página web y la plataforma estaba caída. Varios compañeros me advirtieron que si la plataforma me asignaba la cita, podía demorarse hasta 10 días calendario la atención.

Fui a dos estaciones de policía de Chapinero en donde no logré que me recibieran la denuncia. Dijeron:”no hay atención. El funcionario tiene 20 turnos por delante de usted. Hoy es imposible. Vaya a otro sitio”.
Finalmente llegué a la Estación de la Carrera 13 con calle 39. Allí el Patrullero González, con un genio de perros, me ordenó regresar a las 3:30 de la tarde.

-“No soy cuerpo glorioso, también tengo derecho a almorzar”, tronó la ‘autoridad’.

A esa hora comencé a aterrizar un poco de mi estado de conmoción. Llamé a mi amigo, Juan David Blanco . Le pedí prestado algo de dinero para poder pagar el duplicado de la cédula y tener cómo defenderme en esta jodida ciudad. Le conté que estoy sin un céntimo, hasta que Bancolombia le “ponga el alma” y permita que yo saque mi dinero de sus arcas.

3:30 p.m.
Llegué a la 13 con 39. Antes del mío había 7 casos. Ví desfilar hombres con caras tristes. Los escuché contar casos similares y peores. Los abordaron parejas de malandros con cuchillo en mano, o con pistolas y los obligaron a entregar los morrales donde llevaban tecnología con la que hacen su teletrabajo o su “freelance”; los despojaron de todo. También vi entrar mujeres solas o con sus hijos. Mismo modus operandis al que utilizaron conmigo adentro del Tostao. Parejas que se les acercaron mientras se probaban vestidos en almacenes de los centros comerciales; o en restaurantes donde les quitaron media vida laboral y personal al robarse sus bolsos voluminosos. En cada caso se llevaron billeteras y tecnología que vale muchos millones de pesos.

7:00 p.m.
Por fin mi turno.
Esta vez el Patrullero estuvo de buen genio, a pesar de lo larga de su jornada. Me comentó que mi caso es, ahora, el pan de cada día en Bogotá.
– “Vea madre: en todos los sectores de la ciudad, esas “ratas” trabajan en dúo. Atacan a hombres y mujeres portadores de morrales, cuyo tamaño les hace suponer que al menos se robarán un computador portátil. No respetan hora del día. Adentro de los negocios o afuera están viendo cómo joder a sus víctimas. Operan en especial en el “cuadrante 23″, el sector alrededor de los centros comerciales: Atlantis y Andino; eso está infestado de ladrones y bandas que prefieren ese punto de la ciudad; por el estrato social de las víctimas, por la tecnología que ustedes cargan. Nosotros, la policia, no damos abasto en esa zona”.

Ahora, sentada en el silencio de mi habitación, sé que pude haberle mentado la madre a los ladrones. Pude gritarle a los funcionarios indiferentes de Tostao Café & Pan por negarse a mostrarnos, a los agentes de policía y a mi, el vídeo que documenta el robo de que fui objeto; por comportarse casi como si fueran cómplices de los delincuentes. Ponerme histérica con la chica del call center del banco. Pude mandar a la mierda al Patrullero displicente que no me atendió a medio día, y que me obligó a volver por la tarde.

Pude tomar un bate de béisbol y descargar mi ira acabando con cuanto carro y transeúnte se me atravesara; emulando aquella famosa película de los años 90, que tuvo a Michael Douglas como protagonista.

Pude haber vivido, en Bogotá, este 15 de marzo de 2018, mi propio:”Falling Down”.

Mi ‘Día de Furia’.

Respiré. Escribí. Dejé ir.
Mañana será otro día.

*Nota:
Si, como yo, usted ha ido muchas veces al Café Tostao, porque allá el café le sabe rico, no se le ocurra volver.
Ahora sabe también que allá roban y el personal no está presto a colaborarle. Hay mejores cafés en Bogotá. Por ejemplo puede ir( podemos ir) al Café Quindío.

 

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