En los Llanos Orientales, entre sabanas infinitas y ríos abiertos, el safari llanero revela capibaras, jaguares y atardeceres únicos en Colombia.

En el oriente de Colombia se extiende un territorio que parece no tener límites. Allí, donde el horizonte es una línea recta y el cielo ocupa más espacio que la tierra, están los Llanos Orientales. Comprenden los departamentos de Meta, Casanare, Vichada y Guaviare, y son escenario de algunos de los atardeceres más intensos del país. En esa geografía abierta, lejos del ruido de las grandes ciudades, toma forma una experiencia que muchos viajeros todavía desconocen: el safari llanero.

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No se trata de una réplica exótica de África ni de un espectáculo montado para turistas. Es una manera de recorrer la sabana colombiana y observar cómo se mueve la vida silvestre en su entorno natural. En esta región, los animales no están detrás de rejas ni confinados a reservas pequeñas: ocupan grandes extensiones de pastizales, morichales, caños y ríos que cambian según la temporada.

Uno de los puntos más buscados para iniciar esta aventura es Yopal, capital de Casanare. Desde allí se organizan recorridos hacia hatos ganaderos y reservas privadas donde la fauna convive con la actividad tradicional del llano. Casanare se ha consolidado como una de las mejores zonas del país para el turismo de naturaleza por una razón concreta: la facilidad con la que es posible avistar animales en libertad.

En los recorridos, que suelen hacerse en vehículos 4x4 adaptados para atravesar caminos destapados, aparecen con frecuencia manadas de capibaras —conocidas en Colombia como chigüiros— descansando cerca del agua. También es posible encontrar anacondas desplazándose entre humedales, especialmente en áreas de baja profundidad donde la vegetación les ofrece cobertura. Más esquivos son los jaguares, presentes en corredores biológicos y zonas protegidas; su observación depende de la suerte y del conocimiento del guía. En los ríos limpios, las nutrias gigantes se dejan ver en pequeños grupos, una señal de que el ecosistema se mantiene en equilibrio.

Otro de los planes para disfrutarse este safari llanero es a caballo, una actividad que lo deja disfrutar de las extensas planicies.

La experiencia cambia según la época del año. Durante la temporada de lluvias, amplias zonas se inundan y se transforman en espejos de agua que atraen aves y otras especies. En verano, el terreno se seca y concentra a los animales alrededor de caños y lagunas permanentes, lo que facilita su observación. Para fotógrafos y viajeros interesados en la biodiversidad, cada estación ofrece oportunidades distintas.

El safari no se limita a recorrer en camioneta la sabana. Muchos operadores incluyen caminatas guiadas, avistamiento de aves al amanecer y salidas nocturnas para identificar sonidos y movimientos que durante el día pasan desapercibidos. También es común que la experiencia se complemente con la vida en el hato: ordeño temprano, recorridos por potreros y aprendizaje básico sobre el manejo de ganado.

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Otra forma de explorar el territorio es a caballo. Las cabalgatas por la sabana permiten cruzar ríos de poca profundidad y acercarse a la fauna desde un ritmo diferente. Montar durante varias horas bajo el sol llanero exige preparación física, pero ofrece una perspectiva más cercana del paisaje y de la cultura local.

Llegar desde Bogotá es más sencillo de lo que muchos creen. Por vía terrestre, el trayecto inicia hacia Villavicencio y continúa hacia el norte hasta Yopal u otros municipios del Casanare; el viaje completo puede tomar entre ocho y diez horas, dependiendo del destino final. También existen vuelos directos desde la capital hasta Yopal, con trayectos cortos que reducen considerablemente el tiempo de desplazamiento. Desde allí, los operadores turísticos coordinan el transporte hacia las fincas y reservas.

El safari llanero se ha convertido en una alternativa para quienes buscan experiencias de naturaleza sin salir del país. No exige cruzar océanos ni invertir en itinerarios complejos. En los Llanos Orientales, la combinación de sabanas abiertas, ríos extensos y fauna emblemática ofrece una aventura distinta dentro del mapa turístico colombiano. Es un destino que aún conserva cierto anonimato frente a las playas y ciudades coloniales, pero que empieza a ganar espacio entre viajeros interesados en biodiversidad, fotografía y turismo sostenible.

En esa franja oriental, donde el día termina con cielos encendidos y el silencio solo se interrumpe por el canto de aves o el movimiento del agua, el safari llanero propone mirar a Colombia desde otra escala: la de un territorio amplio, vivo y todavía poco explorado.

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