Así ocurren los milagros en la Navidad

Una historia de compasión y generosidad en esta época del año

Por: Fabio Arévalo Rosero MD
diciembre 15, 2014
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Así ocurren los milagros en la Navidad
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La Navidad marca el inicio de un periodo de celebraciones en las que son habituales los excesos. Con ella llega la poderosa competencia de los medios por los clientes. La publicidad intenta convencer a la gente para que gaste el dinero que no tiene en cosas que no necesita. Y la época de fin de año, por tradición y costumbre, es la más propicia para el consumo. Si bien la mayoría de personas esperan con expectativa y cierta emoción la Navidad, es el fuerte mercadeo el que influye en los hábitos de las personas, especialmente cuando hay una mayor debilidad de criterio y falta de carácter.

Es esencial tomar con cautela e inteligencia las celebraciones de fin de año. Los hombres olvidamos muchas veces que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Más que preocuparnos por la fiesta es importante tomar medidas para exponernos al mínimo de riesgos. Tradicionalmente esta es la época del año donde hay más accidentes y muertes violentas. El grado de exposición es muy alto y por lo tanto el riesgo mucho mayor.

Y todo ello se explica porque el número de viajes motorizados se incrementan, se moviliza mucha más gente en las calles, la necesidad del dinero se vuelve perentoria para todo el mundo, se ingiere mucho más licor, se come más (en algunos casos), y se emplea pólvora en las celebraciones (en muchos casos). Pero está en nuestras manos que en Navidad haya milagros y verdaderos “Niño Dios” que lleguen con profundas alegrías. Una historia clásica nos demuestra que las cosas buenas, si decidimos hacerlas con algo de generosidad, también pueden ocurrir con más frecuencia.

Dicen que el día de Navidad Dios escuchó la oración elevada por un padre. Miró hacia abajo y vio a un hombre rezando por su hija de quien no sabía hace mucho tiempo y que no estaría en casa para la Navidad. Dios envió a un ángel a la tierra. Este encontró a la niña parada en la esquina de una gran ciudad, en grave peligro. Al frente había un viejo bar atendido por un hombre que no creía en nada excepto en sus ganancias y en sus borrachitos. De repente, la puerta se abrió y entró un pequeño niño. El barman no podía recordar la última vez que vio a un niño en aquel lugar. El niño le dijo que había una niña afuera que no podía regresar a casa en la noche de Navidad.

Dando un vistazo por la ventana, vio a la chica sollozando. El niño replicó: "Hoy es Navidad, si ella pudiese estar en casa con los suyos, sería grandioso". El barman miró de nuevo a la niña, luego de algunos segundos, fue a la caja y tomó parte del dinero de las jugosas ganancias del día. Salió del bar, cruzó la calle y siguió a la niña que había avanzado unos metros. Todos los que estaban en el bar pudieron ver cuando él hablaba con la niña. Luego, llamó a un taxi, la hizo subir y le dijo al chofer: "Al aeropuerto".

Mientras que el taxi se perdía, volteó para buscar al niño, pero ya se había ido. Regresó al bar y preguntó a todos si alguien había visto al chico, pero como él, todos estaban viendo como se perdía el taxi en las calles. Luego alguien comentó que el milagro más increíble del mundo había sucedido con el duro y tacaño barman, quien por fin había vivido una Navidad inolvidable y con satisfacción. Durante el resto de la noche, nadie pagó por un trago. Mientras tanto el ángel subió al cielo y puso en las manos de Dios lo que finalmente había encontrado para Él: un reencuentro y la generosidad de un hombre. Y Dios Padre sonrió.

La Navidad no es un momento ni una época, sino un estado de la mente, un compromiso espiritual. Demostrar generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de la Navidad y celebrarla como es debido.

Apostilla: Una historia de Navidad: la celebración de dos hermanas huérfanas y un regalo sorprendente: ‘El collar de turquesa azul’.

https://www.youtube.com/watch?v=-dP1qgibWas

 

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