Así no es, Santrich

"Hoy la invitación es mandar a callar al contradictor y al odio colectivo… qué atropello a la razón". A propósito de las presuntas amenazas a Dávila y Gurisatti

Por: CLODMIRO ORTEGA ORDOÑEZ
marzo 12, 2021
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Así no es, Santrich

No hay derecho que pasemos del diálogo a la amenaza y más en contra de personas que la única arma que tienen es la palabra. Así no es, Santrich, así no. Aunque respeto sus posiciones y sus decisiones —al final cada uno es dueño de sus miedos y de sus odios, de sus resentimientos y de sus frustraciones, de sus ideales libertarios y de sus acciones para realizarlos—, intentar someter a un pueblo con sus amenazas es inaceptable. Además, que en nombre de la revolución soñada por Jacobo, Marulanda y Alfonso se intimide a un país que no ha hecho otra cosa que soportar la infamia de los extremos no tiene presentación...

Somos libres de sentir afecto o rechazo, pero lo que me preocupa es el punto al que hemos llegado. Es la vida lo último que se entrega como tributo a defender ideas que, aunque sean de derecha o de izquierda (aquí no hay centro), merecen respeto. Qué intolerancia. Hoy la invitación es mandar a callar al contradictor y al odio colectivo… qué atropello a la razón.

Con todos los defectos que puedan tener, de pensamiento, palabra, obra u omisión, son seres humanos y mujeres profesionales, ante todo, personas con criterio propio y sin miedo; claro, como no bajan la cabeza ante nadie, la idea es desaparecerlas del medio porque les estorban. Pues el problema no son los medios de comunicación sino el miedo a la comunicación

Su capacidad no cuenta, su trabajo menos, como no se dejan enmarcar y su valentía no tiene fronteras, ni su capacidad tiene techo, las enjuician y las amenazan por defender una bandera que no les pertenece, no minimizasen que la vida no se entrega ni se endosa a nadie.

En Colombia somos de extremos, dando mayor importancia al chisme y al comentario que a la verdad y a la justicia, aquí meten en la misma bolsa al presidente, al fiscal, al senador, al periodista, al terrorista y al delincuente común; dando más credibilidad a este último que ya no tiene nada que perder.

Hemos llegado a un grado de polarización que solo existen dos bandos, el bien y el mal; sin dimensionar que los extremos han llenado de dolor al mundo y olvidamos que con los años, todo ser humano se acomoda y hasta el diablo se vuelve ermitaño.

Recuerden que los extremistas en su afán de poder no escatiman ni tienen escrúpulos para imponer criterios y poderes; estorba el que difiere y rinden culto a la hipocresía para dividirnos sin respetar a nadie y convirtiendo “la envidia en pandemia, y esta solo es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento”.

¡No más! Colombia necesita superar esta etapa de odio en la que hemos caído; no me canso de repetir que en Colombia no hemos terminado una guerra y queremos empezar otra, nosotros no merecemos este calvario al que nos quieren condenar; hasta llegar al fanatismo que lacera la mente y corroe toda relación.

Aquí llegamos a la estupidez de odiar en masa; es fácil arroparse de una mayoría, los seres humanos luchamos por reconocimiento y aceptación, es más fácil agruparse para odiar que para pensar; exijamos respeto, diálogo crítico, pero guardando distancias y aceptando la diferencia, no olviden que: “cuando hablas con el corazón hinchado, la verdad se vuelve babas”.

En Colombia pasamos del sectarismo y el fanatismo a la idiotez; el problema no es hacerlos cambiar de opinión es que tampoco nos dejan cambiar de tema, queremos meter la muerte al escudo y símbolo de guerra a la bandera. La diferencia entre el fanatismo y la idiotez es que el primero es una enfermedad incurable y la idiotez un defecto permanente; todo se vuelve mayúsculo cuando tenemos los dos al tiempo.

No podemos callarnos, pero si cuidarnos; sin atizar el fuego, pero sin dejar apagar la llama de la libertad, los ideales hay que defenderlos sin sacrificar la vida; pero el vivir con miedo le hace un mal la libertad porque sin duda el silencio nos hace cómplices de la injusticia y de los tiranos.

Aunemos esfuerzos no para ponernos de acuerdo en todo, pero si en lo fundamental que es la vida, Pero cuidado; el fanatismo es tan peligroso como dañino; como decía Diderot: “del fanatismo a la barbarie solo media un paso”.

Así no coincida con su pensamiento, las admiro y las respeto. Cuídense y no minimicen estas amenazas, tampoco se callen, que el silencio solo tiene validez en la música y en el amor; claro está, para el que sabe apreciarlo.

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