Así fue trabajar en el 123 durante la cuarentena

En medio del aislamiento, Daniel comenzó a laborar en la línea de atención de emergencias. Esta es su experiencia. Crónica

Por: DANIEL TIBADUIZA
octubre 21, 2020
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Así fue trabajar en el 123 durante la cuarentena
Foto: Abmpublicidad - CC BY-SA 4.0

16 de marzo de 2020. Me levanté con un sinsabor. Era el día de mi cumpleaños, pero no se sentía como tal. Los establecimientos estaban cerrados o con aforo limitado, los bares ya no se encontraban en funcionamiento, las noticias solo hablaban del COVID-19 y nos preparábamos para la cuarentena que iniciaría unos 4 días después.

Comenzó el primer periodo de aislamiento obligatorio. Por mi parte, me encontraba sin trabajo y de vacaciones, así que mis días pasaban uno igual que el siguiente. Me levantaba con el sol de las tres de la tarde directo a almorzar o a cocinar, ya que me turnaba con mi hermano, veía series y finalmente pasaba la noche jugando en el celular. Ah, y cuando había tiempo me bañaba.

Sin embargo, no pasaron más de dos semanas cuando me llamaron nuevamente a laborar. Era algo que ya estaba esperando, así que tocó cambiar un poco la rutina. Y aunque debía hacerlo, al menos en principio, desde casa, me entretenía bastante. El 31 de marzo tuve un gran cambio en mi vida (a diferencia de la mayoría de personas, a mí la pandemia sí me benefició y mucho, gracias a ella estoy trabajando), me mandaron como un apoyo por parte de la entidad donde laboraba, el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, a la Línea Única de Atención de Emergencias 123. Una experiencia bastante gratificante, pero que me transformó: me tocó aprender a trabajar de noche y, lo más terrible para mí, los fines de semana.

Todo iba muy bien, éramos un grupo de 15 personas prestando el apoyo, pero en el tercer día de capacitación en la entrada del trabajo no nos dejaron entrar y nos informaron que un compañero había dado positivo para COVID-19 así, que nos tuvimos que ir para la casa a encerrarnos 15 días y solicitar la prueba. Era un momento en el cual a todo el mundo mandaban a realizarse la prueba, así fuera por sospecha, entonces tuve que volver a mi rutina prelaboral: dormir, ver series y jugar en el celular, con el condicionante de que ya no tenía que hacer el almuerzo puesto que no podía salir de mi casa. Yo estaba tranquilo, ya que me sentía bien de salud. Finalmente, pasaron 15 días y el 13 de abril volví al trabajo, aclaro que nunca me realizaron la prueba ya que no presentaba síntomas.

13 de abril, 11:40 de la mañana. Me senté en mi puesto y me puse la diadema. Recuerdo mi primera llamada, una persona bastante alterada que solicitaba una ambulancia por problemas respiratorios. Me temblaban un poco las manos por los nervios de prestar un buen servicio. Terminé la llamada y me relajé. Se sintió como pegar la primera corrida en un partido de fútbol, se suelta toda la adrenalina en los primeros cinco minutos. Así empezaron a pasar los turnos, las llamadas y los días. De hecho, llega un punto donde uno se vuelve un poco insensible, ya que prima la atención del llamante a la preocupación de lo que está sucediendo. Ahí empecé a vivir lo que es realmente el COVID-19, llamadas de personas que se encuentran realmente mal por el virus y todos los casos que se puedan imaginar. De esta manera, sin más planes por hacer, me dediqué a estudiar, trabajar y dormir. Ir a la oficina se volvió una situación bastante tensionante, ya que los casos empezaron a aumentar y en el edificio se encontraban muchas personas las 24 horas del día.

El 11 de mayo, durante un turno en horas de la tarde, la supervisora nos llamó a una compañera y a mí, nos informó que uno de los compañeros con los que trabajábamos y teníamos bastante cercanía tenía COVID-19, así que debíamos retirarnos inmediatamente. Con mi compañera no tuvimos más remedio que salir a tomarnos una cerveza y hablar (teniendo el distanciamiento social) por unos minutos antes de volver a casa durante 15 días más. Esta vez sí me preocupé debido a que sí tuve bastante cercanía con dicha persona. Los primeros días fueron un poco más tediosos. No sé si fue más mental o realmente el virus, pero empecé a tener una tos seca realmente fuerte durante un tiempo. Pasaron los días, me realizaron la prueba, los síntomas se fueron y me dieron el resultado: negativo, como era de esperarse. Volví a trabajar.

Pasó el tiempo, finalicé el apoyo al 123 por terminación de contratación. Decidí descansar, dedicarme a estar con mi familia y volver a ayudar en la casa. No tenía claro cuándo volvería a tener trabajo, así que busqué empezar a realizar cosas más productivas, eso sí, sin salir de casa. Quiero aclarar que en mi familia sí fuimos muy juiciosos con la cuarentena, solo dejábamos la casa para lo estrictamente necesario, no tanto por cuidarnos, sino por cuidar a los demás, teniendo en cuenta que en el trabajo de mi mamá y en el mío el flujo de personas era alto.

El 15 de julio recibí una llamada, era del 123 ofreciéndome empleo por la buena tarea realizada durante el periodo de apoyo, pero ya contratado directamente por la línea. No lo pensé dos veces para decir que sí, pero tuve la gran sorpresa de que cinco días después me llamaron de Bomberos para pedirme que siguiera también. En ese momento no supe qué hacer, ya que tenía que definir en cuál de los dos lugares me quedaría. Mi jefe del 123 me brindó la oportunidad de ajustar mis horarios y trabajar en los dos lugares. Yo no podía de la emoción al tener esa gran oportunidad, así que decidí aceptar sin pensarlo dos veces.

15 de octubre, es el momento donde llevo dos meses trabajando en los dos lugares, con horarios quizás inimaginables para muchos, pero con la mente y los objetivos claros. Agradezco mucho a la pandemia por la oportunidad que me brindó, ya que, además de lo mencionado anteriormente, tengo que adicionar que continúo estudiando virtualmente, aspecto que me facilita mucho las cosas. Además, tengo un gran grupo de trabajo con el cual veo casi todas las clases y en los cuales me puedo apoyar cuando lo necesito. Y sí, me encuentro cansado, pero también feliz... es un cansancio que pronto va a pasar, pero que es el inicio para el futuro que estoy planeando.

De esta manera han pasado siete meses de pandemia, siete meses que realmente cambiaron mi vida: he conocido personas y he tenido experiencias de las cuales no me arrepiento y que no se acaban, porque a final de cuentas seguimos viviendo la pandemia.

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