Así fue el primer año de gobierno de Iván Duque Márquez

Un balance sombrío de lo que fueron los primeros 365 días del actual presidente al mando del país

Por: Edgar Velásquez Rivera
agosto 09, 2019
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Así fue el primer año de gobierno de Iván Duque Márquez
Foto: Twitter @IvanDuque

El 7 de agosto de 2019 se cumplió el primer año de gobierno del presidente de Colombia, Iván Duque Márquez (IDM). Sus aliados, equipo de gobierno y adláteres de todas las calañas se aprestan, con fanfarria, a celebrar lo actuado hasta entonces, con una masiva, aturdidora e insoportable propaganda. El balance no podría ser más sombrío. Difícil ser y posar de indiferente e imparcial. Quienes se amparan en una u otra posición, en el fondo son sujetos que cohonestan con el orden existente.

En el contexto internacional el gobierno de IDM se ha caracterizado por su vergonzosa sumisión a los intereses de Estados Unidos siguiendo, de ese modo, la tradición de los anteriores gobiernos nacionales, también liderados por el lumpen de la burguesía colombiana. La sumisión, que se expresa en todos los órdenes (económico, social, cultural, militar y político) es una fehaciente muestra de que la independencia de Colombia (a propósito del bicentenario) es una ficción en la que convergen tartufos y enanos de trenzas largas a solazarse por algo que no existe.

El gobierno de IDM de manera irresponsable ha puesto a Colombia como cabeza de playa de las agresiones de Estados Unidos hacia Venezuela y de paso contra esa farsa y estafa histórica que resultó ser la fementida revolución bolivariana. El Ministro de Relaciones Exteriores quedó convertido en un vulgar ventrílocuo del imperialismo estadounidense. Solo existe una fluida interlocución con países en los que también gobierna la extrema derecha. A propósito, causa hilaridad el hecho de que siendo IDM un presidente de trapo o de papel que representa lo más criminal de esa ideología, alabe al gobierno de China y sus logros.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia ha sido convertido en un basurero donde son designados en el servicio diplomático gente de la extrema derecha de probada tradición clientelista, corrupta y delincuencial. Desde allí se envía a una especie de “exilio dorado” a la escoria colombiana como pago de favores por sus “servicios prestados” legales o ilegales. Ese ministerio siempre ha sido un basurero. En otras ocasiones eran nombrados como cónsules o embajadores a oficiales comprometidos en violaciones de derechos humanos, paramilitares y funcionarios corruptos.

En el ámbito nacional el balance no podía ser más desalentador. La mediocridad, la improvisación y la razón cínica son los elementos por los cuales sobresalen los ministros y, en general, la fronda burocrática encargada de poner en marcha las acciones de gobierno de IDM. Se trata de ministros que llegaron a tal condición por el forcejeo y la correlación de fuerzas dentro de la misma derecha. Ignoran la geografía e igual que IDM, la historia del país. No hacen presencia en la Colombia profunda (no la de los centros comerciales). En las regiones, localidades y el campo nadie los conoce ni perciben su gestión.

IDM se siente cómodo y seguro con un estamento castrense corrupto. Por acciones aisladas de algunos medios de comunicación se ha develado parte del entramado de corrupción en esas instituciones. El asesinato de civiles, el uso inapropiado de recursos del erario, los sobornos, las coacciones y el concierto para delinquir son, entre otras, las expresiones de esa corrupción que le ha impedido siempre al conjunto de las fuerzas armadas y de policía ser objeto de respeto por parte de la ciudadanía. Terminaron los organismos de seguridad del Estado dirigidos por un tendero, librando batallas sin brillo y sin decoro contra fantasmas y manteniendo vigente el paramilitarismo. IDM y por extensión las derechas, es el menos interesado en superar este tipo de fenómeno (el de la corrupción en general y en particular en el seno del estamento castrense), ya que se debe a él (al fenómeno de la corrupción). En este caso, la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría no son la solución sino parte del problema de la corrupción galopante que azota a Colombia.

Ha sido incapaz IDM de garantizar mínimas condiciones para la existencia de la oposición y, por el contrario, ha mantenido un silencio y una indiferencia cómplice frente a las actuaciones de su partido en el congreso, el Centro Democrático, cuando dicha colectividad ha recurrido a ruines mecanismos para obturar la expresión de la oposición y ha torcido procesos para tardar, intencionalmente, el desarrollo de trámites e iniciativas frente a las cuales tienen reparos. Tampoco ha brindado garantías IDM a los reincorporados de la otrora guerrilla de las Farc-Ep, centenares de ellos asesinados. En este año de gobierno de IDM cerca de un millar de líderes sociales han sido asesinados sin que haya voluntad del gobierno para frenar este desenfreno y satisfacción de ver sangre del oponente.

Mostrando su esencia, este gobierno mafioso liderado por IDM, en el marco de un Estado refundado por los “patriotas de la motosierra” y los “buenos muchachos mochacabezas) ha apelado a las iglesias supuestamente para que contribuyan al “mejoramiento de la convivencia”. Como digno representante de los ignorantes de la historia, IDM desconoce el pasado criminal de las iglesias, especialmente, de la Iglesia Católica, institución que en Colombia, en décadas pasadas, auspiciaba el asesinato de liberales y comunistas a manos de conservadores y de organizaciones paramilitares como la Chulativa. Untada de sangre, comprometida con las violencias y cómplice de las mafias, la Iglesia Católica está, éticamente impedida, para participar en iniciativas como la indicada atrás. Por el contrario, formal y oficialmente debe contribuir al esclarecimiento de sus responsabilidades en la tragedia por la que atraviesa Colombia en todos los ámbitos.

Herederos ideológicos, entre otros de Miguel Ángel Builes Gómez, Ismael Perdomo Borrero y Alfonso López Trujillo, sacerdotes que antes de serlo probaron suerte al lado de las mafias del narcotráfico, instan desde púlpitos, atrios y confesionarios a la eliminación de quienes no piensan igual que ellos y los tildan brusca y absurdamente, de izquierdistas, “petristas” y “castrochavistas”. Este sector de la Iglesia católica en actitud de posesos creen librar un batalla entre el “bien” y el “mal” apartándose de ese modo, de las orientaciones del papa Francisco, incluso en contravía de los planteamientos de respetables jerarcas de la misma Iglesia Católica a los que aquellos llaman de manera peyorativa “librepensadores”. Esa misma tendencia dentro de la Iglesia Católica es la que justifica el proceder del sacerdote criminal Luis Enrique Duque Valencia y lo defiende.

De otro lado, no tiene interés el gobierno de IDM en frenar la deforestación. No tiene voluntad para detener la minería. En su gobierno se ha envalentonado el paramilitarismo fenómeno que, nunca se terminó y, por el contrario, con renovados bríos ha mutado y se ha convertido en un poder de hecho en amplias zonas de la geografía nacional. El narcotráfico no solamente ha crecido sino que desafía a la misma fuerza pública. En este año, IDM ha demostrado que no le interesa un proceso de paz con el ELN ni cumplir los Acuerdos de La Habana. Su interés está centrado, en materia económica, en beneficiar a los grupos de presión; en lo político, en revertir las penas a que han sido condenados algunos de sus correligionarios; en lo social, en mantener cautiva a una masa electoral con pequeñas prebendas del erario y; en lo cultural, extender y profundizar ese estilo de vida mafioso que tanto gusta a casi todos los colombianos. Al fin y al cabo “…era el que decía Uribe y Uribe es un verraco” dice la caterva de cómplices que lo llevó al poder.

Como queda expuesto, las derechas colombianas y su escribano de marras (IDM) continúan haciendo inviable este país, más de lo que ya está. No hay oposición. Las izquierdas colombianas, caudillistas, fundamentalistas y de camándula se dedicaron, unas más que otras, a defender a ese bodrio y vulgar presidente de Venezuela (Nicolás Maduro Moros) y a apostarle a pequeñas, o mejor, diminutas victorias dentro del orden burgués. Así, en materia dialéctica no hay contradicciones antagónicas. Todos tienen su precio, incluso los sindicatos. Las ideologías de izquierda no están en crisis, quienes entraron en barrena fueron sus viejos y mediocres líderes (armados y desarmados) que, “disfrutando” de las “bondades del capitalismo” resultaron incapaces, más que en otros países, de constituirse en una real opción de poder; mientras los jóvenes de esa misma ideología cohonestan con el narcotráfico y sus deficiencias para leer, escribir, hablar y escuchar los muestra de cuerpo entero como cáfilas e indigentes intelectuale

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