Opinión

Arturo Char: ¿presidente del Senado?

Sin esperar a que Merlano lo exculpe, sería un suicidio para la democracia colombiana ver a la cabeza de su Congreso alguien involucrado en uno de los mayores escándalos políticos

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febrero 04, 2020
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Arturo Char: ¿presidente del Senado?
Arturo Char es el escogido por Cambio Radical, partido al que le corresponde ahora esta designación, para ocupar la presidencia del Senado. Foto: Lengua Caribe

Muchos afirman con una mirada simplista o más bien realista, que si Macías pudo ser presidente del Senado cualquiera puede llegar a ocupar esa altísima posición. Eso es cierto, pero partir de esa premisa precisamente en estos momentos es supremamente grave. Es mejor mirar objetivamente este tema para no arrepentirnos de no haber medido las consecuencias cuando los hechos nos atropellen. El escándalo de corrupción política más grave que está sobre la mesa es el de la Casa Blanca de Aída Merlano no solo por la dimensión que alcanzó en compra de votos sino por las casas políticas involucradas. Se trata nada menos de la más clara prueba de cómo se maneja la política, de cómo se eligen a mandatarios y cómo las más importantes agrupaciones políticas han llegado a adquirir el inmenso poder que ostentan en toda la Región Caribe compuesta por siete departamentos.

Resulta que el nombre escogido por Cambio Radical, a quien le corresponde ahora esta designación para ocupar la presidencia del Senado, es nada menos que el senador Arturo Char. Sin desconocer la presunción de inocencia a la que todo mundo tiene derecho, el senador forma parte del grupo de importantes políticos, junto a Julio Gerlein, que se han señalado como parte de quienes ayudaron a construir este escenario de compra de votos en Barranquilla. Es verdad que no ha sido juzgado aún, pero la pregunta de fondo es si al país o mejor a esta adolorida democracia colombiana, le conviene que el seno de la misma, porque así se define el Congreso de la República, pueda tener como su principal figura a alguien que aparece posiblemente muy comprometido con la Casa Blanca de Aída Merlano.

Si algo le está pasando al Congreso de la República de Colombia es que tiene que convivir con la pésima imagen con la que lo identifican los ciudadanos de este país. Se debe reconocer que existen congresistas que se juegan por los ideales de esta sociedad y es muy duro que tengan que trabajar con aquellos que se merecen el desprestigio que cubre a la entidad. Por fortuna, algunos han logrado con éxito separarse de esa mancha y demuestran todos los días sus esfuerzos por construir una mejor imagen del Congreso de la República. Pero también debe aceptarse que por ser una minoría, todavía el país ve con sospecha a la mayoría de los miembros de esta institución indispensable para el funcionamiento de la democracia.

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Como la casa Char tiene un poder económico inmenso y es dueña del Junior en un país donde el fútbol enloquece a masas enteras, nadie se atreve a pronunciar palabra sobre este hecho

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Precisamente por la lucha de quienes entienden el compromiso adquirido cuando fueron elegidos, es necesario que se midan las consecuencias de poner en la cabeza del Senado a una persona que sigue figurando como uno de los que armaron este intrincado de corrupción política. Si Arturo Char, después de que Aida Merlano hable —si es que la dejan— sale libre de toda culpa, perfecto que sea elegido presidente del Senado. Pero mientras eso no ocurra, sería un suicidio para la democracia colombiana ver a la cabeza de su Congreso involucrado en uno de los mayores escándalos políticos actuales del país. Ya suficiente problema enfrenta con el comportamiento de algunos de sus miembros como para enredarse aún más.

Como la casa Char además tiene un poder económico inmenso y es dueña del Junior en un país donde el fútbol enloquece a masas enteras especialmente en la región Caribe, nadie se atreve a pronunciar palabra sobre este hecho. Pero no se puede tapar el sol con las manos de manera que todos saben en la región y en Colombia, que las declaraciones de Aída Merlano pueden traer graves consecuencias sobre la forma como estos dos grupos políticos —los Gerlein y los Char— han manejado las elecciones. Prudencia es la palabra para no echarle más problemas al seno de la democracia, el Congreso de la República.

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