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Arley Betancourt: el crack que rechazaron los equipos por darle una golpiza a un árbitro

Ídolo del Cali, cometió el error de su vida en un preolímpico cuando arremetió contra un juez costarricense. Se retiró a los 29 y ahora vive en Brasil

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Octubre 08, 2017
Arley Betancourt: el crack que rechazaron los equipos por darle una golpiza a un árbitro
Foto: archivo Elpais.com.co

-Andáte a las duchas gamín- le dijo el árbitro costarricense Ronald Elías después de expulsar a Arley Betancourt, uno de los mejores jugadores del torneo Panamericano de 1995 que se jugaba en Mar del Plata. En el partido de cuartos de final contra México Betancourt volvía a ser figura pero esta vez el árbitro se ensañó contra él. Todo el tiempo le advertía “Te voy a expulsar” “Te voy a expulsar”. Arley no lo entendía. Él era el que recibía las patadas de los mexicanos y aguantaba estoicamente. A mediados del segundo tiempo, cuando Colombia perdía, Arley no aguantó más y le dio un codazo a un defensa mexicano. Elás le sacó la roja y Betancourt, después de la burla del costarricense, le respondió pegándole un puño en la cara y una patada. El hecho fue tan grave que pasó esa noche en una penitenciaría del balneario argentino. Al regresar a Colombia la prensa se ensañó contra él y, además, se enfrentaba a una dura sanción de no poder jugar 40 partidos en el torneo local y dos años con la selección.

Arley tenía veinte años y, antes de la agresión, era considerado, por encima del Burrito Ortega y Marcelo Gallardo, como uno de los volantes juveniles más apetecidos del continente. Venia haciendo un torneo maravilloso pero su mal carácter lo traicionó. Se hizo hincha del Cali a los 10 años cuando su hermano Germán, en su casa de Cerrito Valle, el pueblo donde nació, puso un afiche del Depor de 1986 dirigido por Julio Comesaña y comandado por Carlos “El pibe” Valderrama y Bernardo Redín. Su ídolo era otro centrocampista de disparo poderoso: Orlando “El mortero” Aravena. Siempre que jugaba en las agrestes canchas de Cerrito decía que era el jugador chileno. Era calidoso y a los 12 años ya formaba parte de la escuela Sarmiento Lora, que por esa época era la mejor cantera de futbolistas del país. Llegó a los 16 años a la primera del Cali y a los 18 jugaría su partido más importante: un clásico contra el América de Freddy Rincón, Leonel Alvarez y Marco Antonio “El Diablo” Echeverry. Fue la figura e iba a ser el jugador colombiano más joven en llegar en Europa. Los golpes que le propinó a Ronald Elías se lo impidieron y otro hecho más grave.

A finales de 1996 ya estaba listo para volver. La sanción se había cumplido. Su técnico, El Pecoso Castro, lo metió para el segundo tiempo. Duró apenas 10 minutos cuando piso un hueco en la cancha y se rompió un menisco de su rodilla derecha. Decían que tenía que guardar reposo tres meses pero el aceleró su recuperación y volvió en la mitad del tiempo. Se acostumbró a jugar infiltrado y al dolor en su rodilla derecha, la misma que se operó cinco veces. Los médicos lo revisaron y le dijeron que tendría una vida útil como deportista hasta los 24 años. Arley, a punta de sacrificio, duró hasta los 29.

Contra todo pronóstico volvió a ser figura y a ser llamado a una Selección Colombia. En 1999 encabezó, junto a su parcero Mayer Candelo, el Cali del Cheché Hernández que perdió por penales la Copa Libertadores contra el Palmeiras de Luis Felipe Scolari, que era considerado el mejor equipo del mundo. Se fracturó el dedo gordo del pie derecho en el partido de semifinales contra Cerro Porteño. La final en el Morumbí de Brasil la jugó infiltrado. El dolor persistía, se adhería a la piel. Cada temporada terminaba fulminado de cansancio por el esfuerzo.

En el 2000 fue contratado por el Lanús argentino en donde tuvo problemas con el técnico Miguel Angel Russo. A partir de allí su carrera languideció en equipos de segunda categoría hasta que se retiró en el Quindío a los 29 años.

Desde hace cuatro años vive en Brasil con su esposa y su hija. Tiene 42 años y se dedica a comprar bienes para luego venderlos más largos. Acaba de empezar un curso de director técnico en la Federación Paulista de Fútbol y sueña con regresar a su tierra, dirigir al Deportivo Cali, su equipo amado, y sacarlo campeón de la Copa Libertadores de América.

 

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