Algunas reflexiones sobre la pandemia y el aislamiento

¿Era esto lo necesitaba el mundo para hacer un alto en el camino?, ¿para que las sociedades al fin se humanizaran?

Por: Mariela Salgado A
mayo 26, 2020
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Algunas reflexiones sobre la pandemia y el aislamiento
Foto: Leonel Cordero

Estoy escribiendo algunas reflexiones sobre el sentimiento que me ha generado la pandemia del COVID-19. Más que un escrito de corte académico, es una forma de expresar mi sentir ante esta crisis… de los sentimientos generados a causa de la propagación del virus.

Esta pandemia del COVID-19, con todo lo que implica, nos ha mostrado lo frágil que es la vida. Y lo rápido que puede cambiar. Cuando esta pandemia inició en China a finales del año pasado, todos oíamos en la noticia lo que estaba pasando en aquel país, potencia mundial, y aunque la noticia nos asombró y nos impactó, la vimos y sentimos lejana y ajena a nuestras vidas.

Pero dos meses después, o menos, en un corto tiempo, veíamos a través de noticieros cómo la propagación del virus se extendía… Ya no era solo en algunos países del Oriente, ya llegaba a Occidente, afectando países como Italia, España, Francia, Reino Unido, entre otros, y en un lapso muy corto y muy rápido se había propagado por todos los continentes llegando en este momento, mediados de abril, a más de 200 países. Y ya en ese momento se empezaba a hablar de su propagación en América del Sur. En pocos días ya había llegado a Colombia, y aun así la sentíamos lejana y fuera de nuestro entorno.

Hacia mediados de marzo se anunciaron las medidas de contención y se decretó inicialmente un simulacro de aislamiento, y entonces, se fue tomando conciencia de la gravedad que esta pandemia tenía y que nos involucraba e implicaba a todos…

En ese momento, al tomar conciencia de lo que estaba pasando, recordé aquel poema de Bertold Brech que dice:

Primero se llevaron los judíos, pero como yo no era judío,

no me importo;

Luego se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista,

no me importó;

Luego se llevaron los obreros, pero como yo no era obrero,

tampoco me importó;

Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual,

tampoco me importó;

Después se llevaron a los curas, pero como yo no era cura;

tampoco me importó;

Ahora vienen por mí… pero ya es demasiado tarde…

Duro mensaje, pero bastante diciente. Refleja lo que a veces cada uno de nosotros ve en la lejanía, sin pensar que pueda llegar a sucedernos…Y esto ya empieza a confrontarte… Te sacude y muy fuerte…

Vino entonces, 19 o 20 de marzo el aislamiento obligado a través de normas y decretos, definidos por una política pública, que hizo evidente la magnitud de la pandemia y que no dio tiempo a nada. Fue una medida tomada rápidamente enseguida del simulacro de aislamiento…

En ese momento, la medida nos sacó de nuestra zona de confort, nos mostraba un cambio drástico en nuestras vidas. Me confronté conmigo misma. Vi, sentí, comprendí el valor del momento presente, del aquí y el ahora, de cada segundo de la vida…

Comprendí que los planes a corto y mediano plazo pueden derrumbarse en un momento, ante una realidad de la vida, ante una amenaza desconocida que te está mostrando lo frágil y lo incierto de todo lo que nos rodea. La crisis se presentaba con un panorama desolador: innumerables pérdidas humanas, miles de contagios que mostraban hospitales y clínicas en diversos lugares del mundo totalmente desbordados en su capacidad. Medidas de aislamiento y cuarentena para su contención… Medidas que nos alejaban en un instante de las personas que amamos, de nuestros círculos más cercanos… Un aislamiento social que nos obliga a no expresar nuestro sentir desde el abrazo cálido, desde el estrechar las manos, desde ese estar muy cerca física y afectivamente a quienes amamos. Y a cambio surgía el miedo, el temor… lo cual no es nada bueno porque el miedo paraliza…

Una situación sin precedentes. Y no porque antes no se hubieran dado otras catástrofes en la humanidad, con pestes, epidemias, guerras, hambrunas, cataclismos naturales, y todas con devastadores efectos. No es algo que no hubiera sucedido. Quizá hemos leído de la peste negra, el cólera, la fiebre amarilla, la inlfuence o gripe, H1N1, el ébola, el VIH… todas con graves consecuencias para la humanidad, y esto sin mencionar las catástrofes naturales y las guerras... Solo que no habíamos sido partícipes directos en estas crisis. Todo lo conocíamos a través de la historia, a través de libros, documentos, películas… Pero vivirlo, como protagonistas de esa historia, no estaba en nuestro chip. De allí que sea algo sin precedentes en los últimos tiempos.

Y aquí vale la pena citar a Marc Bloch, un gran historiador que decía:

“La historia es en esencia, ciencia del cambio. Ella sabe y enseña que dos acontecimientos no se reproducen nunca exactamente del mismo modo, porque las condiciones nunca coinciden con exactitud. Sin duda, ella reconoce en la evolución humana, elementos que si bien no son permanentes, por lo menos si son durables” [1].

Es otro contexto, un mundo con una incremento demográfico desbordado, un momento histórico totalmente diferente al de hace 100 años, en el que convergen no solo grandes avances científicos y tecnológicos, sino una gran brecha de desigualdad, exclusión e inequidad; pero es también la sociedad del conocimiento en pleno siglo XXI, con un mundo digitalizado, la era de la información y la comunicación; y es justamente esta revolución en el campo de la información y las comunicaciones lo que nos permite ver en vivo y en directo, en tiempo real, lo que está pasando en el mundo.

Diariamente los noticieros nacionales e internacionales emiten comunicados con mapas interactivos, datos estadísticos, que están proyectando cambios de desplazamiento en la curva de propagación del virus, con relación al número de contagios, al número de fallecidos, los pacientes infectados, su rápida propagación por los diversos países con una curva de contención que no disminuye… es el mundo globalizado en toda su complejidad, entendido en toda su dimensión desde su interconexión e interdependencia.

Y esa avalancha de información, por todos los medios de comunicación, quizá nos hizo sentir a muchos la cercanía de la muerte. No solo por lo que aluden en relación al cuidado de adultos mayores, grupo en el cual nos incluimos, en ese grupo de los viejos donde hay una mayor vulnerabilidad y donde los ciclos de vida se han ido cumpliendo, sino porque era ver la muerte ahí en las calles, en los hospitales, era la magnitud de la pandemia…

Es una pandemia mundial, con efectos catastróficos que ya se empiezan a vivir en todos los campos: social, económico, político. Es el virus del COVID-19 que afecta por igual países en desarrollo que países desarrollados, personas ricas y personas pobres, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, blancos y negros, estratos altos y estratos bajos, comunidades urbanas y comunidades rurales… No importa si eres judío o irlandés, italiano o japonés, colombiano o español, chino o canadiense; no importan nacionalidades, ni culturas, ni razas ni etnias….en todos se manifiesta un sentir universal. Aflora el amor, aflora el dolor, aflora la vida… todos empezamos a vivir con la sombra de la pandemia, con la incertidumbre o la certeza de que nos puede afectar en cualquier momento, o a nosotros o a cualquier miembro de nuestra familia, de nuestros amigos, de nuestros grupos y comunidades, de nuestros entornos más cercanos…

Es más que percibir la magnitud de la pandemia, es ver en la sociedad, la crisis de un sistema en el que confluyen: un capitalismo desaforado, el exceso de población, el acelerado deterioro y la vertiginosa degradación del medio ambiente, juegos de corrupción en el poder, focos que se incrementan de xenofobia y exclusión, a lo que se suman actos de terrorismo en diversos lugares del planeta.

Y yo me pregunto, ante esta imprevista e impensada situación que desestabiliza vidas, desestructura sociedades y modifica las dinámicas del mundo, si esto lo necesitaba el mundo para hacer un alto en el camino y que las sociedades se humanicen… si quizá sea una crisis que presagia cambios… Recordaba que Karl Jaspers afirmaba que nuestro futuro está dado por nuestra historia y que en ese futuro, hoy presente, cada cual tiene su parte de responsabilidad por lo que hace y por cómo vive… Qué gran verdad cuando vemos el resurgir de la naturaleza, como si el planeta hoy reclamara lo que le hemos hecho…

Lo que estamos viviendo en el mundo entero es una realidad que trasciende fronteras generando un desafío a todas las naciones. Hemos visto entonces como los gobiernos han venido generando una serie de normas, de restricciones, de políticas de aislamiento y todo esto ha traído cambios. No son solo los cambios que se espera que deje la pandemia con múltiples efectos, sino lo que ya está mostrando en el día a día: cambios en las personas, en las familias, en los entornos laborales, en las instituciones educativas, en el sector empresarial, en el comercio, en fin, todos los sectores están cambiando dinámicas y formas de vida.

Hemos visto como esas primeras medidas hablaban del permanecer en casa, con un aislamiento social. Era el retorno obligado de todos: a sus casas, al núcleo familiar, a nuestro hábitat, en un aislamiento total, sin salir para nada a la calle por el propio y el bien colectivo de la salud…

Cuantas reflexiones frente a esa permanencia en casa que para unos ha sido un goce , pero a muchos les ha creado ansiedad, angustia, y sacrificio…porque mujeres y hombres, niños y jóvenes habían perdido el sentido del goce de su hábitat, a pesar de que el hogar debiera ser por libre elección, el sitio ideal para retirarnos y disfrutarlo; ya que es la morada, el lugar donde se vive la intimidad, el lugar de los encuentros familiares, el espacio donde se entretejen los afectos, pero el ritmo frenético de vida ha llevado a perder la dimensión de su significado y las casas, grandes casas llenas de lujo y de cosas inútiles que muchas veces no se necesitan, pero que la sociedad de consumo nos presenta como indispensables, se han ido convirtiendo en el sitio para ir a dormir, pero que poco se disfrutan… porque las personas viven más hacía fuera, hacía lo externo… Y vemos cómo esta crisis está generando un cambio para que las familias se reencuentren, para que se reconozcan padres e hijos, hermanos, abuelos… este tiempo posibilita acompañamientos, y apertura para quienes viven en familia… Y también es un espacio especial para quienes viven solos este aislamiento… es el momento para repensar nuestras vidas, para la reflexión y el encuentro con uno mismo…

Cuántas reflexiones alrededor de las vivencias y experiencias que se manifiestan en ese microcosmos familiar en este aislamiento obligado por la pandemia y que visibiliza muchos problemas... A través de las noticias se ha visto también como se ha incrementado la violencia y el maltrato familiar, lo cual visibiliza un problema grave que persiste en nuestra sociedad... que exige que las familias valoren el sentido del reconocimiento y el respeto. Que resignifiquen el vínculo que las une, el compartir sentido del compartir desde el amor entretejiendo redes afectivas sólidas.

El aislamiento social, el estar lejos de nuestros seres queridos nos muestra qué difícil es vivir sin esa interacción humana sin expresar los sentimientos, sin expresiones afectivas a través de los abrazos, de los besos, de tomarse de las manos… Es difícil pensar cuando volveremos a abrazar a nuestros seres queridos cada uno en aislamiento... Quedaron lejos los encuentros presenciales en familia, donde abrazos, besos, risas, canciones los caracterizaban.

Ahora cada familia está dispersa… Cada uno en su hogar… Algunos están viviendo esta cuarentena en compañía de padres, hermanos, hijos o amigos, y otros en soledad. Lo que significa también replantear la soledad, el silencio, el encuentro con uno mismo, el tener tiempo para pensar, para comprender lo que sucede en nuestro interior.

Ahora estamos en entornos en silencio, sin ruido, entrando a nuestra profundidad interior y eso proporciona serenidad y paz… En los últimos años nuestra sociedad ha llevado una vida tan frenética y acelerada que perdimos la capacidad de silenciarnos, de retirarnos a la soledad, de confrontarnos… de vivir más en paz… y esta crisis nos muestra que es necesario vivir más despacio, con menos prisa, aquietarse, disfrutando más el recorrido por la vida… Las tecnologías invadieron nuestro diario vivir y han saturado y sobresaturado nuestras vidas. Pocas veces nos desconectamos del internet, de la tablet, del WhatsApp, de la radio… o…Y quizá lo que está trayendo este aislamiento es también un retorno a lo simple y lo sencillo, a valorar más la soledad, el espacio interior…

Es una nueva experiencia la que estamos viviendo. A veces me parece que es ciencia ficción, otras me siento en el mundo macondiano de García Márquez, por lo insólito e imprevisible…es venir recorriendo un camino que de pronto abruptamente se cierra….y entras a un mundo desconocido e impredecible… que trae muchos cambios, cambios que nos llevan a aprender y desaprender en el proceso interior al que nos ha conducido este aislamiento. Quizá eso es parte de lo positivo de lo que vivimos; que aprendemos a reinventarnos desde otros espacios, a reconocernos distinto, a resignificar nuestros espacios, a ordenar nuestras vidas desde otros principios…

Cuántos hechos que impactan y hacen sentir profunda tristeza. Imágenes de padres, hijos, hermanos o amigos que viajaron por diversas circunstancias a otro país por un tiempo corto: vacaciones, negocios, cursos cortos, visitas a familia, duelos, u otras circunstancias y se vieron obligados a quedarse allí, distantes de sus casas y familias por medidas de cierre y políticas de gobiernos que frenaron vuelos y cerraron fronteras…

Cuántos dramas humanos… En muchas familias, ha habido alguno de sus miembros contagiados y ello ha obligado a recluirlos en clínicas, hospitales o centros de salud, y aunque unos se recuperan otros mueren y son llevados a fosas comunes… sin que su familia les pueda hacerle ritual de despedida a su última morada… Y si es duro y difícil asumir la pérdida de los seres queridos, en condiciones normales, más difícil -aún asumirla de esta forma… Despedir a un ser querido es un ritual en todas las culturas, permite expresar un sentimiento de dolor y resignificar esa relación entretejida del que fallece y el que despide. Pero aquí la ausencia se da en forma abrupta e inesperada y en unas condiciones difíciles de superar para quien queda…

¿Cómo no estremecerse el corazón ante tantos dramas humanos? Madres dando a luz en medio de la pandemia, la vida en medio de la muerte, adres que fallecen a causa del contagio y bebés que logran superarlo, o por el contrario bebés que se contagian y mueren en corto tiempo… Como estos cientos de casos en diversos lugares del mundo... casos vinculados a historias de vida, historias ligadas a contextos culturales que nos muestran que no importa de dónde eres, el dolor los sentimientos son similares; es un sentir universal vinculado a un acontecer histórico inimaginable, con duras y dolorosas experiencias…

Otro hecho relevante y que quizá, también nos ha impactado a todos, es el de los profesionales de la salud. Médicos, enfermeras, terapeutas, nutricionistas, psicólogos, en fin, diversos profesionales de la salud que diariamente exponen sus vidas para salvar a otros… se arriesgan y arriesgan sus familias… algunos, en un número considerable ya han fallecido en distintos lugares…y aunque muchos reconocemos su valor, su compromiso, su abnegación y dedicación, observamos con tristeza, como muchos ciudadanos los rechazan, los excluyen, los insultan, les vulneran sus derechos… por temor al contagio… Y lo más triste es esa doble moral que vive parte de la sociedad… en la noche aplaudo a estos profesionales de la salud y en otro momento no permito la entrada de algunos a su lugar de residencia, se les insulta, se les agrede, se les humilla… se les niega enfermeras el derecho a subir a un transporte público, se les amenaza… duele el corazón de ver estos situaciones. ¿Qué nos dejan hechos como estos donde se manifiestan actitudes tan deplorables?

Son muchas las situaciones, los hechos, las vivencias, el accionar humano que se presenta en esta pandemia y en este aislamiento. Nos permite ver como convergen muchos saberes y disciplinas para responder a la crisis. Todas las profesiones: No solo son las ciencias de la salud, es la economía, la ingeniería, la tecnología, la sociología, la sicología, y muchas otras profesiones, buscando dar respuesta desde diversos frentes al impacto generado con esta grave crisis, a algo tan inesperado como complejo

Crisis que nos permite ver la dinámica de la historia social y su complejidad. Un hecho relevante a destacar es ese entretejido social, donde diversos oficios y quehaceres se complementan con las de otros profesionales y técnicos para responder a. la sociedad. Una masa social anónima, comprometida y responsable que a pesar de los riesgos que asume, está en el diario vivir, apoyando comunidades locales, familias, en otro ámbitos y por lo general no se le da el debido y merecido reconocimiento: policía, vigilantes, aseadoras, domicilios, asistentes, recolectores de basura…en fin, una masa social anónima, consciente de su oficio y de la importancia que tiene para otros… lo que muestra que todos son necesarios para que una sociedad funcione… Como dijera Bucay: “Unos realizan funciones primordiales, y otros complementaria, unos son la estrella del equipo, y otros son los que llevan el agua al estadio, pero todos somos parte de lo que sucede…”. Importante esa revalorización de los oficios en un momento como este…

Los gobiernos se enfrentan a algo desconocido que no figuraba en sus programas de gobierno, ni en sus agendas o en planes de desarrollo. En una situación como ésta no se piensa cuando se asume el poder… Y deben superar el desconcierto para enfrentar y asumir esta inesperada realidad. Una realidad compleja y de tanta envergadura, y en la que se entrecruzan múltiples variables modificando las formas de vida de todos.

Yo me pregunto qué nos espera. Son muchas preguntas y cuestionamientos sin respuesta... solo conjeturas… No sabemos los cambios que esto está generando para el mundo, para la sociedad, para las instituciones, para las empresas, para las familias, para cada uno de nosotros. Somos hoy protagonistas de una historia que golpea al mundo fuerte e implacablemente. Quienes somos mayores somos conscientes de que nuestro tiempo es corto y que ya hemos recorrido un camino, y quizá el ser conscientes del recorrido, nos permite asumirlo con cierta serenidad, sabiendo que es una realidad que nos tocó vivir. Pero ello no nos hace invulnerables al temor por la incertidumbre que rodea el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos y de las generaciones que vienen detrás.

Solo podemos confiar en que Dios, o ese superior, el creador, al que se adjudican diversos nombres desde diversas culturas, nos permita superar esta pandemia y nos posibilite vislumbrar un horizonte más humano para las nuevas generaciones, una tierra renovada, una sociedad más humanizada, más solidaria, más empática, más equitativa y justa. Una sociedad que retorne a lo esencial, a lo natural, a lo simple y lo sencillo, con el goce de vivir. Una sociedad que le apueste a la vida, a la paz, al amor, a la gratitud.

Por hoy les dejo con estas reflexiones. Seguiré escribiendo sobre muchos otros aspectos de esta pandemia, que me inquietan y que afloran en este duro, doloroso e inesperado acontecimiento.

[1] Bloch, Marc, Introducción a la historia. FCE

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