¡Algo anda mal!

"Ojalá este superhombre se pueda despertar y descubrir que su sobrevivencia se ha construido sobre un infinito cementerio"

Por:  LUIS ENRIQUE MONROY
febrero 11, 2021
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¡Algo anda mal!
Foto: Leonel Cordero

A veces cuando los decretos del gobierno permiten que salgamos un poco a la calle, y aunque todos o la mayoría vamos con tapabocas en nuestros rostros, parece que ahora nos saludamos mirándonos a los ojos.

Ahora pareciera que leer los ojos nos permite reconocer qué persona es, pero aún nos falta mirar su rostro, su sonrisa y sus gestos faciales para completar aquella mirada, que nos intenta saludar o simplemente nos observa desde el otro lado de la calle.

Pero “algo anda mal”, aún sigue habiendo en las calles de la ciudad en la que vivo miles de personas, vendiendo todo tipo de objetos, desde dulces, hasta tapabocas; miles de personas interpretando música en un puente, en un andén con algún tipo de instrumento; miles de personas dispersas en la ciudad pidiendo limosnas; miles de personas contando en los buses o autobuses historias desgarradoras de un hambre extrema.

Saben, los que de pronto lean este artículo: miles de personas salen a diario o se están levantando de los andenes o los parques, pidiendo algo en como “dinero”; porque con este extraño material se puede intercambiar todo, entre ello… buscar lo que todos buscamos a diario comida.

“Algo” anda mal, con el pasar del tiempo y con la edad en la que me encuentro hoy, observo que nada ha cambiado, los pobres seguimos siendo muchos, los problemas desde mi niñez que he escuchado y que he experimentado, siguen pidiendo lo mismo: comida, trabajo, educación, salud, vivienda. Pareciera que quienes dirigen este país y el mundo, se hubieran puesto de acuerdo para arrebatarle a sus ciudadanos, lo que de algún modo da dignidad; por eso es que en las calles de mi ciudad y de mi país, la dignidad se ve en el piso:arrastrada, mendiga, ella es como una prostituta¹, dada al mejor postor, que en cierto modo quite el hambre.

Por eso, todo discurso de político mezquino, es mejor a no tener nada; estamos tan sometidos a la miseria, tan al borde de la desesperación, que cualquier reforma laboral, pensional, educativa o de vivienda, la aceptamos por tener “algo” antes que no llegar a tener nada. Aceptamos sueldos de miseria, con trabajos por horas, en nombre de aquel que nos quita la dignidad y nos ponga a trabajar; aceptamos viviendas muy pequeñas, casi al estilo de cabinas telefónicas, con tal de sobreprotegernos del frío, sabiendo que allí en ese “nicho” tan… reducido nos esclavizaran por treinta años para pagar; aceptamos educación antes de la pandemia en el hacinamiento, en el que a los maestros y a los estudiantes se les ubica por número y rentabilidad, “como ubicando ganado” de modo tal, que se gane espacio, por eso hoy nos indican que lo mejor es quedarnos en casa, ya no para hacinarnos, sino para quitarnos el “pedazo” de escuela, en el cual escasamente nos podíamos encontrar, sin embargo aceptamos eso… que llaman escuela, a nombre de no tener nada; aceptamos reformas pensionales con todas las condiciones y restricciones, a sabiendas de que jamás lo lograremos, mientras uno de tantos ricos se llevaran (robaran) nuestros escasos ahorros: la pensión, es como una “carnada”, que apenas se vislumbra; el patrón (ladrón) la hala de un hilo invisible haciéndonos buscarla más… se trata es de que yo… crea, que la carnada (pensión) será mía, pero él, halándola me esgrime… hasta las últimas fuerzas, con tal de que le trabaje más.

No basta con quitar lo material, aquello; que en cierto modo daría un poco de dignidad a la vida que se sobrelleva; sino que el patrón (ladrón) gasta inmensas fortunas disfrazando su lenguaje, para que de un modo voluntario me entregue a él, y desde mi entrega voluntaria y mi dignidad prostituida, él se vea ante mis verdugos y mis semejantes como: “lo mejor que me ha podido pasar”, pues yo de modo sin- vergüenza lo busco, solo por sobrevivir y otros de un modo placentero e inconsciente se convierten en cómplices y verdugos de quienes padecen la indignidad.

A los ojos de las víctimas, caminamos como zombis, ante el verdugo; algunas veces anestesiados por el dolor, a veces resignados, y veces sin saberlo engañados; pero sobre-todo… porque no queda otra opción.

Si, algo anda mal; esto no es natural, que hombres y mujeres, al igual que niños y niñas en mi ciudad y en los campos en mi país, vivan o sobrevivan en la indignidad; y le pareciera al patrón(ladrón), que lo que él hace, lo convierte en benefactor; por eso este pueblo es capaz de aceptar seguir viendo programas o novelas de hace 20 años, sin la voluntad de apagar el televisor, es capaz de ver un partido de futbol muchas veces, solo por la sensación, es capaz de seguir escuchando de las masacres reiteradas en el Valle y en el Chocó.

Estamos aturdidos, se nos dificulta ver el dolor, y el dolor lo miramos como un acto normal y cotidiano; por eso la propaganda dice: “vamos con toda”, “los colombianos somos unos verracos”, “vamos a ganarnos la vida”, como si salir de la casa, ya es y debe ser una lucha a muerte.

Sí, eso… es lo que se respira, se escucha, se huele, se ve, se siente en la ciudad y en el campo, que alguien nos dice que el “otro” el necesitado igual a mí, el que le robaron la dignidad, también es mi enemigo, por eso al salir a “trabajar” o intentar hacerlo es catalogado como un “rebusque”.

Esta es, una lucha permanente y esta lucha, nos volvió inconscientes de dolor tanto personal, como colectivo, lo normalizamos, y aquel que no tenga estas mismas actitudes en la ciudad es sospechoso o tiene problemas, todos tenemos que estar en afanes perpetuos (pellizcarnos), y en esta lucha infernal, eliminamos aquellos que están a nuestro lado.

Llega… la noche y nuevamente parece que la tierra se consumiera o tragara la pobreza: los vendedores de dulces, los cantantes, los poetas, los malabaristas, los vendedores, parecieran que desaparecieran; mientras que aquellos que encontraron trabajo en una fábrica viajan en los autobuses demacrados, con rostros lacerados por el día, y con la promesa de que… si madrugan todos los días “dios los ayuda”, sin saber que en el acto cotidiano, las leyes, las normas, la cultura la sociedad tienen de modo escondido el mito de Sísifo o la sentencia Nietzscheana del eterno retorno, pues; el superhombre del que escribió Nitzsche en el Zarathustra aún está dormido.

Ojalá este superhombre pueda ser despertado y cuando lo haga descubra las condiciones en la que vive; para levantar su voz, y no aceptar que la riqueza que siempre ha producido solo pertenezca a unos, menos a quien la produjo.

Ojalá este superhombre se pueda despertar y descubrir que su sobrevivencia se ha construido sobre un infinito cementerio; y donde descubra que él, es solo un muerto más en la lista que vendrá.

¡Hombre despierte, “algo anda mal”!

¹ Quiero precisar mi afirmación, pues el concepto empleado es para resaltar: la condición del ser humano en el que está sometido(a), humillado(a). Y en ningún momento quiero faltar al respeto de las personas que por decisión u obligación ejercen este trabajo pues sus condiciones laborales son indignas y estigmatizados(as), por la misma sociedad que sufre la misma discriminación en otras formas.

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