Alcaldesa, ¿por qué invertir en TransMilenio, un sistema que nos condena al contagio?

"Continuar con Transmilenio es inviable y peligroso. El coronavirus no será la única pandemia que viviremos y para la próxima, es un deber estar mejor preparados"

Por: Santiago F. Andrade Perez
mayo 26, 2020
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Alcaldesa, ¿por qué invertir en TransMilenio, un sistema que nos condena al contagio?

Esta pandemia trajo un mensaje que muchos gobernantes parecen no querer escuchar: hay que cambiar para subsistir. Con los pantalones abajo nos agarró el coronavirus a los bogotanos. No tenemos un sistema de salud fuerte, tenemos un sistema de transporte deplorable y peligroso ante los virus y, lo más importante de todo, nuestra cultura del respeto al entorno es casi nula.

Transmilenio fracasó hace muchos años, de eso no hay duda. Este sistema, que es uno de los más contaminantes e ineficientes en toda la región, y me arriesgaría a decir que en el mundo, no es capaz de suplir saludablemente el transporte en una capital tan grande e importante como es Bogotá. En una jugada de goleador, el señor Enrique Peñalosa nos quitó de la cabeza la necesidad de un metro, y luego, 16 años después, volvió para rematarla cuando su solución ya estaba más que anticuada. En su segunda alcaldía llegó a dañarlo todo. Llegó a volver a Bogotá una ciudad llena de avenidas Caracas. Insegura, incaminable, irrespirable, insoportable y absolutamente anti estética. ¿O es que uno cuando en la vida considera agradable caminar la avenida Caracas a cualquier hora del día?

Después llegó Claudia. Tras una campaña comprometida con la gente, montada en una cicla, hablando con todo el mundo, escupiendo afortunadas puyas a los mediocres proyectos de su exprofe como lo es el Transmilenio de la septima o el de la Av 68. Llegó prometiendo ser un cambio. Todos la aplaudimos. Yo, personalmente, le daba gracias a Dios el día en que era portada el beso de Nayibe con su encantadora esposa, la senadora Angelica Lozano. Ganaron y se lo merecían. Por fin decía yo. Por fin quedó en Colombia un líder político por el que yo había votado. Yo me la imaginaba deseoso a ella despotricando mediaticamente sobre tantas violaciones que han cometido con esta pobre Bogotá. Con nosotros. Alzando el descontento que ya no nos cabe.

Una vez en el poder, fue rápido el cambio de su tono de voz. Ya estaba más conciliadora, más relajada. Ya nadie le iba a ganar la carrera al poder, ya nadie podía quitarle lo que ella sabia que en el fondo era suyo. Así, esos ánimos casi revolucionarios que la acompañaron en campaña se dilucidaban con el pasar de los días.

Pero luego empiezan las alarmas que ensuciaban la imagen de mi heroina para ese entonces. Que la troncal del Transmilenio sobre la 68 se hace: primera alarma. Que la culpa era de Peñalosa y que eso no lo podía frenar: segunda alarma. Que el director de la empresa metro se queda: tercera alarma. Pero bueno. Para ese entonces, el Transmilenio solo era incomodo, inseguro, ineficaz, contaminante, antiestetico, costoso, pero no inminentemente peligroso. Parte sin novedad. Algo de lo de siempre tenia que tener.

Luego, como caído del cielo, llegó el coronavirus. Claudia no perdió un solo día escondiendo su verdadero porte. En nada le daba clases de liderazgo al presidente Duque. Hacia, decía, corría, firmaba, alegaba, todo. Le aplaudí sus medidas con transmilenio, sobre reducir su capacidad a 35%. Le aplaudí sus iniciativas de plantear la bici como una medida de transporte, su insistidera con el teletrabajo. Todo. Gobernaba con ejemplo sin ninguna duda. Hasta que llegó su Plan de Desarrollo. Mis ojos casi lloraban cuando leía los titulares: "Director del IDU de Claudia Lopez no descarta Transmilenio por la Séptima", "17 billones de pesos de inversión a Transmilenio", "Coalición con el Centro Democrático y Cambio Radical".

Hoy es inevitable sentirme engañado. Engañado por quien yo pensé representaba la verdad en una persona. Alguien que ha tenido que vivir a contracorriente y hacer prevalecer una verdad que se lleva por dentro sobre una sociedad que te dice que estas equivocada como persona, es algo que yo pensé sería determinante en la política. Pero claramente no es así. Porque si Claudia fuera consecuente con lo que dice, ¿por qué sigue invirtiendo tanto en lo que ya sabemos que tiene que cambiar?¿Por qué condenarnos a una cultura de miedo con un sistema que seguramente nos va a contagiar?

Continuar con Transmilenio es inviable y peligroso. El coronavirus no será la única endemia que viviremos y para la próxima, tendremos que estar mucho mejor preparados. Claudia, de todo corazón, invierta esos 17 billones en ciclovia y verá como de esta pandemia salimos 10 mil veces más fuertes.

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