Ahora que las noticias falsas cruzaron el límite, ¿qué hacer?

Por una cadena engañosa un hombre habría muerto linchado en Ciudad Bolívar. La información es poder y una vez más vemos cómo este necesita ser bien utilizado

Por: Esteban Rubiano
octubre 30, 2018
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Ahora que las noticias falsas cruzaron el límite, ¿qué hacer?
Foto: Captura de pantalla El Tiempo/ City TV

Cada vez son más comunes y están más presentes en diferentes espectros de la sociedad las popularmente conocidas fake news. Lo más preocupante es que su “veracidad” también va en aumento, a tal punto que convencen a grandes cantidades de personas de hechos o sucesos que terminan fomentando conductas reprochables e insostenibles, como por ejemplo quitarle la vida a una persona.

La razón por la cual algunos comparten información sin estar totalmente seguros de su fiabilidad o sin haber leído completamente el contenido de una noticia no es totalmente clara. Sin embargo, pereza, ignorancia, títulos sensacionalistas, formas de expresión, afinidad con el tema expuesto, entre muchos otros motivos pueden o no estar detrás del fenómeno. En todo caso, no me concentraré en ese tema aquí, en cambio me enfocaré en los efectos de compartir noticias de dudoso contenido y en formas de evitar que esto suceda.

El enfoque de esta nota tiene que ver principalmente con un hecho sucedido la semana pasada en Ciudad Bolívar, localidad de Bogotá y reportado por el diario El Espectador el 27 de octubre del presente año. ¿Qué sucedió? Las fake news cruzaron el límite, ocasionaron el linchamiento de seis sujetos “por más de 150 personas”, donde uno de esos seis terminó muriendo. Los hombres eran acusados de pertenecer a un “grupo que robaba niños en Bogotá” y el rumor fue esparcido a través de las redes sociales, donde se incluían fotografías de los "supuestos" criminales. Como se estará imaginando, todo era falso, los hombres no pertenecían a un grupo de raptores de niños, eran inocentes. La Policía ya había desvirtuado esta acusación según cita El Espectador debido a que la “noticia” o en este caso la publicación llevaba varias semanas en línea.

Este reprochable y vergonzoso suceso además de reflejar la fuerte influencia de las noticias o publicaciones que circulan en redes sociales y que nosotros a diario consumimos, deja varias preguntas. En primer lugar: ¿quién hizo la publicación?, ¿con qué motivo?, ¿cómo se determinó que existía un grupo de raptores de niños y que esos sujetos pertenecían a dicha agrupación?, ¿quién obtuvo las imágenes?, ¿cómo las obtuvo? y ¿por qué no fue a la policía si tenía alguna sospecha? En segundo lugar cabe cuestionar a los consumidores de la publicación sobre los siguientes puntos: ¿qué relación tienen con la persona que realizó la publicación para creer fielmente lo que publicó?, ¿por qué no cercioraron?, ¿por qué no dudaron?, ¿por qué creyeron todo lo que leyeron?, ¿por qué pasaron por alto las instituciones encargadas de resolver estas situaciones?, ¿por qué actuaron por cuenta propia?

Todas estos interrogantes y otros más que pueden surgir tienen que despertar en nosotros la capacidad de reconocer un problema al que estamos expuestos: la cantidad de información que circula en internet y redes sociales, más la facilidad de acceso y creación de este tipo de contenido sin ninguna restricción, posibilitan la existencia de las fake news. Es por esto que diferentes medios como Whatsapp y Facebook ya han venido tomando acciones para frenar la circulación de todas estas falsas consignas. Sin embargo, pareciera que nunca será suficiente. Usted mismo puede crear cualquier tipo de historia, noticia o señalamiento, añadirle palabras fuertes, introducir un relato que genere emociones e indignación y publicarlo.. el resto es historia. Las personas por medio de las redes se encargan de compartirlo, incluso sin que usted lo pida. Por esta razón, es momento de generar consciencia y posturas críticas frente a cualquier cadena, noticia, o post que le llegue o vea en redes, pues a lo mejor ese puede ser el causante de su muerte.

Imagínese ser el sujeto que perdió la vida por los golpes recibidos por decenas de personas. Está usted tranquilo, donde quiera imaginarse —en su casa, en un parque, restaurante, etcétera—, de repente ve a lo lejos a muchas personas furiosas, indignadas, con ganas de hacerle sentir a un ladrón de niños una mínima dosis del dolor que puede sentir una víctima y su familia. Decididos a ejercer justicia por mano propia, sin limitantes, están sumergidos en un atmósfera de odio que nubla toda capacidad de razonamiento. Usted se sorprende, se pregunta hacia dónde se dirigen, a quién buscan. Observa cómo se acercan más a usted, como si lo estuvieran buscando. Se da cuenta que por alguna razón van detrás de usted, lo empiezan a perseguir, a insultar a injuriar. No tiene más opción que correr, esconderse y tratar de buscar una explicación. Mientras recibe los primeros golpes trata de explicar que están equivocados, que usted no rapta niños, ni es un criminal. El terror, la impotencia y el dolor lo invaden mientras empieza a perder el conocimiento y la noción de lo sucedido por todos los golpes que recibe de extraños. Al final llega ayuda médica, pero es muy tarde, el odio expresado en golpes y producido por una mentira, quién sabe con qué fin, acabó con su vida.

Parece increíble, pero eso fue lo que ocasionó que miles compartieran información sin consultar o al menos cuestionar su veracidad. De la misma manera, los efectos de las fake news se pueden observar en diversos espectros de nuestra vida. En la política también son muy frecuentes, se usan con el fin de engañar a los votantes sobre algún candidato o propuesta. En el mundo del entretenimiento, en el arte e incluso en la ciencia están presentes las mentiras. Las medias verdades, exageraciones, juicios y la descontextualización son elementos que amplían el margen de las noticias falsas, lo que dificulta aún más el panorama.

¿Qué hacer entonces? Algunos medios han tratado de difundir ciertos procedimientos para verificar si lo que está leyendo es real. En un artículo publicado en BBC Mundo y replicado en la revista Semana se aconsejan nueve pasos: "(1) leer la noticia entera, (2) averiguar la fuente, (3) buscar el titular en Google, (4) buscar los datos que se citan, (5) verificar el contexto, (6) preguntar al emisor quien le envió la información inicialmente, (7) ayudarse de imágenes de la noticia, (8) si es un audio buscar palabras claves y (9) pensar si la noticia cita cifras u otro tipo de pruebas”. Tal vez pensar que todos van a realizar este procedimiento cada vez que le llegue un mensaje es algo ingenuo, pero al menos debemos intentar que lo hagan.

Cada vez que vea una imagen indicando una dieta, atribuyendo una frase a alguien, dando algún tipo de juicio o consejo, acusando a una persona o explicando algún fenómeno, pregúntese lo básico: ¿qué estoy leyendo?, ¿quién lo dice?, ¿con qué argumentos?, ¿bajo cuál fin?, ¿en qué momento lo estoy leyendo?, ¿me sirve?, ¿es importante? Sea crítico. Compartir mentiras también lo hace a usted un mentiroso, así esté pecando por ignorancia. Piense que los efectos de las noticias falsas, como leyó más atrás, cruzaron el límite. O peor, tal vez no tengan límite y puedan ocasionar cosas más graves. Una vez usted logre ser crítico y consciente de esta situación haga una buena obra por el mundo, probablemente conoce a alguien experto en fake news, ilústrelo, demuéstrele lo equivocado que está y lo que puede ocasionar la emoción de compartir algún tipo de información sensacionalista y altamente falsa.

Por último, esta problemática en la que nos vemos sumergidos también alienta a pensar en otros aspectos de nuestra vida, como la falta de tolerancia, la desconfianza y decepción con las instituciones públicas, como el compromiso, casi obligatorio, por parte de los dueños de grandes empresas de comunicación que aún es insuficiente. Las noticias falsas no se detendrán pero nosotros sí podemos detener su circulación y mitigar sus efectos, pues como vimos, pueden llegar a ser mortales. La información es poder y una vez más vemos cómo el poder necesita ser controlado y bien utilizado.

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