Afganistán: una derrota táctica para Estados Unidos, pero una victoria estratégica para la OTAN

La llegada al poder de los talibanes les da impulso a movimientos islamistas en regiones en conflicto rivales de la OTAN. ¿Qué significa geopolíticamente?

Por: JOSE ALVAREZ
septiembre 02, 2021
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Afganistán: una derrota táctica para Estados Unidos, pero una victoria estratégica para la OTAN
Fotos: Pixabay

La victoria de los talibanes sorprendió a muchos. En solo 10 días en que pasaron de una guerra de movimientos a una guerra de posiciones terminaron por tomar la casi totalidad del país, incluida su capital Kabul. Solo la pequeña provincia de Panjshir en el valle montañoso al nortedela capital del país  permanece aún en manos de milicias anti-talibán comandadas por el vicepresidente Amrulla Saleh y del hijo del mítico líder Ahmad Shah Masoud. Ese sorpresivo avance nadie lo esperaba. Las tropas afganas fueron equipadas durante estos últimos años con tecnología y equipamiento militar de punta. Además, esa superioridad no era solo cualitativa, sino también cuantitativa, ya que los cálculos más optimistas señalaba que los talibanes eran menos de 60.000 guerrilleros en tanto, las tropas afganas tenían en sus filas a más de 300.000 hombres. Es decir, una ventaja de cinco a uno.

Esa derrota, que a muchos les recordó la toma de Saigón en 1975, cuando la guerrilla de Vietnam del Norte derrotó a las Fuerzas Militares de Vietnam del sur apoyadas por Estados Unidos, es, sin duda, una derrota táctica para Estados Unidos y la OTAN, pero a la vez es tal vez su mayor victoria estratégica de los últimos años. Los Estados Unidos no solo aceptaron esa derrota temporal, sino que a su vez precipitaron los acontecimientos. Eso explica por qué varias bases militares fueron prácticamente abandonadas para que los talibanes las tomaran antes de que hubiese un plan de entrega ordenado para su traspaso a las ropas afganas. Igualmente, explica por qué a pesar de la superioridad aérea estadunidense, no se hizo uso de esta para mantener a raya a los yihadistas cuando iniciaron su ofensiva estratégica. Bastaba usar algunos drones y los bombarderos B-52 para ahuyentar a los insurgentes de los centros poblados y bases militares asediadas. Para ese propósito, la geografía del país, mayoritariamente desértica ayudaba a compensar las desventajas que ese mismo terreno le da a la infantería atacada.

La razón de que ese apoyo nuca llegara ni las bases militares fueran entregadas de manera más ordenada a las tropas locales se explica más en términos de la geopolítica que de la táctica militar. Para entenderlo hay que saber que en la última década, el oponente de Estados Unidos y sus aliados ha dejado de ser “el terrorismo” como lo definió Bush tras los ataques del 11/09 y se ha vuelto a considerar dentro de la misionalidad de la política exterior de Estados Unidos que el rival es una vez más Estados concretos y no movimientos armados que recurren a la guerra asimétrica. Esos Estados son Rusia y China en el ámbito global, mientras que en el ámbito regional son Asia son Irán y la India.

Para esa misionalidad de la política exterior ya Afganistán no es prioritario. Al contrario, se había convertido en un barril sin fondo que implicaba un desgaste en dinero y recursos para el sector defensa de Estados Unidos y sus aliados. Un país donde era más lo que se gastaba que el provecho económico a obtener. Luego de dos décadas quedó claro que el país no tenía petróleo ni grandes recursos económicos que justificasen la presencia allí. Para tener bases aéreas cerca a la frontera rusa y china, ya se tiene colaboración de Pakistán, Azerbaiyán y los países del Golfo. Por lo tanto, la presencia militar allí no era primordial.

Por el contrario, lo ocurrido el 15 de agosto con el triunfo del movimiento ultraconservador Talibán les da impulso a movimientos islamistas en regiones conflictivas de los países rivales de la OTAN: a los uigures en China, a los yihadistas en Daguestán y Chechenia en Rusia, y a los islamistas de Cachemira en la India. Son justo los tres poderes que la OTAN necesita mantener a raya. Nada más oportuno que el triunfo de un movimiento islamista en las fronteras rusas chinas e indias en un momento como el actual. La Organización de Cooperación de Shanghái que agrupa a esos tres estados se ha planteado la posibilidad de avanzar en temas de cooperación militar. Esto le quita una carga a la OTAN y se la traspasa al Grupo de Shanghái cuyos países ahora tendrán que enfrentar una escalada islamista dentro de sus fronteras.

Sumado a lo anterior, nada mejor para la OTAN que generar tensiones entre sunitas pastunes de Afganistán, a los cuales pertenecen los talibanes con la población chiita y persa del país. Eso genera tensión directa entre el Gobierno talibán y el gobierno de Irán, o mejor aún, revive las tensiones que existieron antes de 2001. Ello llevará a que Irán centre gran parte de sus energías en su porosa frontera oriental, para lo cual requerirá mover tropas de Siria e Irak que actualmente se enfrentan a los intereses de Occidente en dichos países.

Esos movimientos no solo se darán por los lados de Irán, también Rusia deberá movilizar recursos militares para proteger a Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán, tres de sus aliados de la Comunidad de Estados Independientes que comparten frontera con Afganistán y que quedan a merced del extremismo surgido en tal país. Eso significará que Rusia tendrá menos posibilidades de seguir cooperando con el Gobierno Sirio y/o tendrá que debilitar su presencia militar en la frontera con los países de la OTAN en Europa. En cuanto a China, posiblemente resurja el movimiento islamista en Xīnjiāng, lo que llevará que este país por lo menos posponga la idea de recuperar Taiwán por la fuerza ante la necesidad de solucionar los problemas surgidos en su frontera occidental.

Finalmente, el "islamismo" radical nunca ha sido en el fondo una real preocupación para Occidente, como tampoco lo han sido los derechos humanos o la democracia. Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kwai en el Golfo pérsico han sido sus mejores aliados en los últimos 30 años. A pesar de eso, son países gobernados por monarquías absolutistas, donde los derechos humanos no han sido reconocidos y donde las mujeres son tratadas de manera muy similar a como lo hacen los talibanes en Afganistán. Aun así, sus gobiernos se mantienen en el poder gracias al apoyo político y militar que le da Estados Unidos y Europa a sus monarcas.

Posdata. La alianza de algunas iglesias cristianas protestantes con el uribismo en Colombia y con la extrema derecha en América Latina son un peligro real para la democracia. Afganistán debe servir de ejemplo para que no se use la religión de manera distorsionada a fin de alcanzar fines politiqueros.

 

 

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