Opinión

Adultos en guerra contra la niñez

La sociedad calla su indiferencia ante los niños y niñas que caen víctimas a diario en una batalla cruel y desigual. Los políticos, impasibles, porque la niñez no da votos

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agosto 19, 2019
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Adultos en guerra contra la niñez
La semana pasada, en Valledupar, un hombre, el padrastro, quemó con un cigarrillo a un bebé de cinco meses en retaliación hacia la madre del niño. Fotos/captura de video y El Pilón

Parecen los datos de batallas que se libran a diario. Las víctimas, niñas y niños colombianos, que sucumben frente a perpetradores y la indiferencia de la sociedad.

La noticia, infortunadamente, es una más en lo que pareciera una conjura del mundo de los adultos contra la niñez. La semana pasada, en Valledupar, un hombre, el padrastro, quemó con un cigarrillo a un bebé de cinco meses, causándole quemaduras de tercer grado en una mano, los párpados, el ombligo, la lengua. Se dijo que el acto de barbarie fue una retaliación hacia la madre del niño, que había dado por terminada la relación.

Sobra decirlo, es apenas un registro más acerca de los que a diario informan los medios y que no generan en la  ciudadanía mas allá del repudio pasivo momentáneo. Nada más frecuente, en temas de violencia, que las agresiones hacia niñas y niños, al punto que su regularidad pareciera ni asombrar.

A veces permanecen en la memoria de una opinión pública difusa crímenes como el perpetrado contra la niña Yuliana Samboní, más por las características de “persona de bien” del sicópata asesino que por el drama de la niña y su familia. Estamos atrapados en la banalidad de creer que son hechos que pueden verse desde la barrera, sin que nos comprometamos en transformar comportamientos.

Los 53 procesos que el ICBF abre a diario, en promedio, para el restablecimiento de derechos a los niños por actos de violencia cometidos por adultos, pesan menos que las noticias sobre la devaluación del peso o que las habituales broncas de la política local.

Los hechos evidentes de violencia física, incluyendo el abuso sexual, esconden formas menos tangibles de maltrato, de consecuencias desastrosas para niñas y niños y, por ende, para la sociedad. Maltrato prenatal, las más variadas del emocional, incluyendo distintos tipos de hostilidad hacia los niños, el institucional, configuran ámbitos de agresión a los seres que más requieren de la protección y el amor de parte de los adultos.

Treinta años cumple en el 2019 la Convención sobre los derechos del niño y Colombia sigue anclada en una cultura de violencia contra niñas y niños. Sus entornos, es decir, la familia, la escuela, la comunidad, distan de ser los centros protectores que la convención considera imprescindibles para el desarrollo adecuado de niñas y niños.

 

En ocasiones, los políticos despliegan
el demagógico populismo punitivo, o sea, “ahora sí”,
castigos ejemplares a perpetradores

 

El maltrato a la niñez, es cierto, ocurre a escala planetaria. Los menores de 15 años representan el 25 % de la población mundial, vulnerables, en mayor o menor medida, a la negligencia, el desamor o la violencia de parte de los adultos.  En algunos países de alto ingreso el bullying y el suicidio infantil son síntomas alarmantes de la incapacidad de los adultos de proteger a sus niños.

Hay, sin embargo, una característica particular en Colombia, paradójica. Sin duda, el silencio de los fusiles de parte de la guerrilla más vieja del mundo, ha salvado miles de vidas, razón poderosa para apoyar el proceso de paz. No obstante, al centrar la atención en los actos de violencia asociados al conflicto, se ha dejado intacto el mundo de las formas de violencia doméstica, privada, las más sutiles y las más evidentes, precisamente las que ocurren en el entorno primordial, la familia y la comunidad inmediata.

La niñez no interesa a los políticos quizás porque no genera votos, aunque en ocasiones, despliegan el demagógico populismo punitivo, o sea, “ahora sí”, castigos ejemplares a perpetradores, sin molestarse en examinar la complejidad del problema y de las soluciones.

Se suele dividir las acciones hacia niños y niñas en los ámbitos de prevención y atención. Dadas las distintas formas de violencia en contra de los niños, acometidas por adultos, así como su indiferencia, quienes requerimos, atención prioritaria, somos, justamente, los adultos.   Acciones contundentes para transformar el comportamiento hacia la protección de niñas y niños, responsabilidad prioritaria en una sociedad en la que pareciera que los adultos estuvieran en guerra contra los niños.

 

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